ARGENTINA
Doctrina
Título:Perón y la Asociación del Fútbol Argentino (1945-1956)
Autor:Abreu, Gustavo Albano
País:
Argentina
Publicación:Revista de Derecho del Deporte - Número 6 - Diciembre 2013
Fecha:18-12-2013 Cita:IJ-LXX-239
Indice Ultimos Artículos
I. Introducción
II. La presidencia del General Avalos
III. La presidencia de Canaveri
IV. La presidencia de Nicolini
V. La huelga de 1948 y el reconocimiento del Sindicato de futbolistas
VI. Presidencias de Giardulli, Valentín Suarez, Peluffo y Conditti
VII. Las intervenciones institucionales
VIII. A modo de conclusión

Perón y la Asociación del Fútbol Argentino (1945-1956)


Gustavo Albano Abreu


I. Introducción [arriba] - 


Con la intervención del Presidente Marcelo T. de Alvear en 1926, para unificar las dos federaciones nacionales de fútbol que estaban escindidas desde 1919[1], se inició en Argentina una ininterrumpida costumbre de las autoridades nacionales de intervenir en la vida de la Asociación del Fútbol Argentino (en adelante AFA) para solucionar los conflictos con los jugadores, para nombrar a las autoridades de la federación nacional, para financiar la construcción de los estadios o para perdonar cuantiosas deudas impositivas, previsionales, de servicios, etc.


Desde entonces, la relación entre los presidentes de la Nación y los presidentes de la AFA estuvo marcada por un estrecho vínculo informal que llegó a casos extremos como el de Agustín P Justo que siendo presidente de la Nación designó al frente de la AFA a su yerno Eduardo Sanchez Terrero (1937-1938), o el del Presidente Castillo que al asumir la presidencia de la Nación puso a dirigir los destinos de la AFA a su hijo Ramón (1941-1943).


Si bien el peronismo no llegó a tales extremos, la costumbre de que el presidente de la Nación elegía al presidente de la AFA, se mantuvo. Quizás la prueba más clara de la directa relación entre poder político nacional y la dirigencia de la AFA  es que en el episodio del 17 de octubre de 1945 fueron protagonistas centrales dos presidentes de la Asociación del Fútbol Argentino, por un lado el General Ávalos  que ejercía el cargo en ese momento  y por el otro, Oscar Nicolini, que luego sería designado para el período 1947-1949.


El hecho de que Nicolini, fuera desplazado de la presidencia de la AFA y se designara a Valentín Suarez en su lugar, en ambos casos por influencia de Evita, ponía en evidencia que la injerencia de la política nacional en la AFA, seguía intacta[2]. Ya en 1974, un Perón enfermo  y cansado, al designar al frente de la AFA a su escribano personal (Fernando Mitjans), no hacía más que confirmar la vigencia de una costumbre tan argentina como transgresora: al presidente del fútbol argentino lo designa el presidente de la Nación.


II. La presidencia del General Avalos [arriba] - 


En marzo de 1945 en reemplazo de Agustín N. Matienzo fue designado Presidente de la Asociación del Fútbol Argentino,  por única vez un militar, el General Eduardo Ávalos[3], miembro número 20 del Grupo Obra de Unificación (GOU) que protagonizó el golpe militar que derrocó al Presidente de la Nación, Ramón Castillo. Tras un muy breve e irrelevante interregno de poco más de un año, el presidente de la AFA volvía a ser un hombre del poder político nacional. Otro conspicuo miembro del GOU, el Coronel Tomás A. Ducó[4] fue designado Vicepresidente Primero del Consejo Directivo (el equivalente del actual Comité Ejecutivo).


La puja por el poder entre el General Avalos y el General Perón, que luego desembocó en la gesta peronista del 17 de octubre de 1945, tuvo como protagonistas a dos presidentes de AFA, al propio Avalos y a quien luego le sucedería en el cargo, Oscar Nicolini, compañero de la madre de Eva Perón. Todo comenzó cuando el gobierno nombró a este último al frente de Correos y Telecomunicaciones y la designación fue considerada por los militares de Campo de Mayo como una señal de que Perón estaba dominado por su amante y por sus propios intereses. 


Avalos ante lo que consideraba una conducta indigna de un oficial del Ejército Argentino, manifestó su descontento y le pidió la renuncia al flamante funcionario[5], generándose una serie de acontecimientos que derivaron en la renuncia de Perón, su posterior arresto y la enorme afluencia del pueblo a la Plaza de Mayo a pedir por la libertad del General. Sea por azar o por el sino fatal que liga al fútbol con la política argentina, uno de los principales acontecimientos de la historia contemporánea enlazó a dos protagonistas de la historia institucional de la AFA[6].


III. La presidencia de Canaveri [arriba] - 


Al desplazamiento de la presidencia de la AFA de Avalos, le siguió la elección  de Presidente de la Nación del General Perón, quien, ocupado con cuestiones más relevantes que el fútbol, no incidió directamente en la nominación de Pedro Canaveri[7]. Contradiciendo el aparente desinterés del gobierno nacional en la dirección del fútbol argentino, a mediados de 1946 se produjo la intervención, por parte de la Inspección General de Justicia, del Club Atlético Huracán, que era presidido por el coronel Ducó y, bueno es recordarlo, se había sublevado contra Farrell y Perón.


Antes de terminar su mandato, Canaveri, que era un dirigente deportivo de larga y prestigiosa trayectoria en Independiente de Avellaneda (pero era afiliado radical), merced a múltiples injerencias del poder político nacional renunció y luego de algunas vacilaciones volvió para terminar su mandato y ocupar formalmente un cargo de Presidente, que lentamente comenzaba a interesar a la política deportiva de Perón.  


IV. La presidencia de Nicolini [arriba] - 


A partir de Nicolini (1947/1949), todos los presidentes de AFA durante los años de gobierno del peronismo[8] fueron funcionarios públicos designados por Perón. Por primera y única vez el deporte en general era explícitamente un tema de atención directa del Estado nacional[9], si bien el fútbol profesional no fue objeto de un interés preferente, algunas medidas como los Torneos Evita[10] beneficiaron a muchos futbolistas que luego llegaron al profesionalismo y en lo concerniente a concurrencia a los estadios el período peronista (1946/1955) fue el de mayor desarrollo[11]. 


La política y el fútbol, a partir del peronismo, profundizaron un mecanismo distinto para afianzar la relación entre los dirigentes deportivos y los dirigentes políticos. La novedad, para los directivos de los clubes, ahora residirá en encontrar en el funcionariado de la administración pública nacional a conspicuos simpatizantes dispuestos a favorecer a su club con todo tipo de influencias políticas. Estos personajes de la política que ofrecían sus buenos oficios a los dirigentes del club del cual eran simpatizantes, denominados en la jerga del fútbol “padrinos”, fueron los encargados de gestionar todo tipo de ayudas y ventajas para sus “ahijados” políticos[12].


Oscar Nicolini además de ser  el Administrador General de Correos y Telecomunicaciones de la Nación, era un hombre cercano a Perón por ser el compañero de la madre de Eva Perón. Luego de más de dos años de gestión, debió renunciar a raíz del conflicto gremial entre jugadores y clubes de fútbol que llevó a la huelga de 1948, por haber tomado partido a favor de los clubes enfrentando a Evita que defendía la postura de los futbolistas.


V. La huelga de 1948 y el reconocimiento del Sindicato de futbolistas [arriba] - 


Como los futbolistas no lograban que la AFA en representación de los clubes diera una respuesta satisfactoria a sus reclamos, a principios de abril de 1948, cuando recién se iniciaba el campeonato, anunciaron que no saldrían a las canchas. Después de diecisiete años los jugadores se declararon en huelga. No obstante, el presidente de la AFA, con la promesa del reconocimiento formal de la personería de Futbolistas Argentinos Agremiados, logró dilatar la medida unos meses. En el mes de julio, debido al incumplimiento de AFA, otra asamblea de futbolistas determinó el paro de la actividad[13].


Otra vez tal como había sucedido en numerosas ocasiones, la intervención de un funcionario del Poder Ejecutivo Nacional logró destrabar la huelga[14], haciendo cumplir algunos de los requerimientos de los huelguistas, entre ellos, solucionar la situación de los jugadores en conflicto y ordenar la constitución de un Tribunal Arbitral. Pero en octubre el incumplimiento del resto de los reclamos profundizó la crisis y esta vez fue la definitiva[15]: cuando faltaban disputar cinco fechas del campeonato los jugadores profesionales se negaron a seguir jugando, y fueron los jugadores amateurs de las divisiones inferiores quienes salieron al campo de juego[16].


Los clubes rescindieron los contratos de los profesionales pensando en un retorno al amateurismo[17], pero las negociaciones siguieron, y en 1949, antes de comenzar el nuevo campeonato, la huelga se levantó. Futbolistas Argentinos Agremiados había conseguido el reconocimiento oficial de la AFA, la garantía de pago de los haberes de los futbolistas[18], y otros beneficios que se fueron agregando a medida que transcurría la medida de fuerza. Nicolini, como ya se dijo, tuvo que dejar el cargo por haberse puesto del lado de los clubes oponiéndose a Eva Perón que apoyó a los futbolistas.


VI. Presidencias de Giardulli, Valentín Suarez, Peluffo y Conditti [arriba] - 


Tras la renuncia de Nicolini, se hizo cargo de la conducción de la AFA su vicepresidente, el Dr. Cayetano Giardulli (h) de actuación en diferentes organismos del Estado, pero más conocido por su amistad con el Coronel Domingo Mercante, que duró muy poco tiempo en el cargo debido, fundamentalmente, a su decisión de confirmar el mismo Consejo Directivo que había dejado la anterior conducción, integrado por los “clubes chicos”. 


La segunda renuncia en el lapso de un año obligó a elegir cuidadosamente al próximo presidente, por ello con el apoyo de algunos “padrinos”, pero fundamentalmente con el del Ministro Cereijo, se designó a Valentín Suarez (1949-1953), por esos días dirigente del Club Atlético Independiente, que se desempeñaba como funcionario del Ministerio de Trabajo y Previsión y, lo que era más importante, colaborador cercano de Eva Perón.


En 1949, el Consejo directivo de la entidad propuso a la Asamblea la modificación del artículo que concedía a los denominados “cinco grandes” tres votos, pasando a disponer, que de allí en más cada uno de los clubes integrantes de la asamblea sólo contarían con un voto. Si bien la medida es claramente igualitaria y representativa, parte de la prensa y los directivos de los clubes grandes cuestionaron la decisión que terminaba con doce años de voto calificado[19].


Suarez siguió los lineamientos principales que la política imperante le fue marcando, y una prueba de ello es que, reelegido hasta 1953, se transformó en el presidente que más tiempo había estado al frente de la AFA. Ese año, es designado el Dr. Domingo Peluffo, con un perfil similar a los anteriores nombramientos, esto es, trayectoria como directivo de club (en San Lorenzo de Almagro), experiencia en la función pública y fiel ejecutor de las directivas propuestas por el gobierno nacional[20].


Su gestión, lamentablemente se vio interrumpida por una grave enfermedad[21] que obligó a uno de los vicepresidentes del Consejo Directivo, Fernando Vannelli, a reemplazarlo interinamente. Una vez cumplido el interinato, nuevamente el gobierno nacional seleccionó un nuevo presidente, que en esta oportunidad provenía de las filas del sindicalismo. 


Cecilio Conditti, directivo de Chacarita Juniors, contaba con una vasta experiencia gremial, había desempeñado diversos cargos en ATE (Asociación de Trabajadores del Estado) y la función de Delegado Interventor de la CGT (Confederación General del Trabajo) en los gremios textil y gráfico, además de desempeñarse como Rector en la Universidad Obrera Nacional (hoy conocida como Universidad Tecnológica Nacional). Su gestión en AFA fue similar a la de sus predecesores, es decir, representando los intereses del gobierno nacional[22], pero duraría muy poco en la función ya que el derrocamiento del gobierno nacional de 1955 terminó con su mandato en AFA y le impidió hacerse cargo de la Vicepresidencia de FIFA. 


VII. Las intervenciones institucionales [arriba] - 


A partir del golpe de estado de 1955 en que la “Revolución Libertadora derrocó a Perón comenzaron las intervenciones formales en la AFA[23], por primera vez en la historia, el Estado argentino asumía oficialmente que la actividad desarrollada por una federación deportiva  cumplía ciertas funciones estatales que, ante un cambio político e institucional, convenía fueran controladas directamente por un funcionario designado al efecto. Arturo Bullrich[24], por unos meses, ocupó ese lugar como Presidente de la Comisión Interventora que se encargó de dejar sin en efecto numerosas disposiciones de la etapa anterior[25],  hasta que en marzo de 1956 es elegido Raúl Colombo como parte de un plan que contemplaba la normalización de la AFA y la vuelta a su declamada autonomía[26].  


Era evidente que a la nueva clase gobernante le fastidiaba el modo promiscuo en que el peronismo intervenía desde el poder político las instituciones deportivas, y por ello cambia el estilo por un mecanismo formal (la intervención mediante decreto), pero, en definitiva, terminó haciendo lo mismo que cuestionaba de sus antecesores, es decir vulnerando la autonomía de la AFA y colocando en su lugar a dirigentes afines al nuevo régimen..


VIII. A modo de conclusión [arriba] - 


Durante el primer peronismo la Argentina tuvo por primera vez en su historia una política deportiva nacional, se enviaron delegaciones numerosas a los eventos deportivos internacionales y se obtuvieron gran cantidad de medallas tanto a nivel sudamericano y panamericano como a nivel olímpico. Se mejoró la infraestructura deportiva construyéndose el Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires, el Velódromo Municipal, los estadios de Racing, Velez y Huracán, además de instalaciones deportivas en todo el país y los promedios de asistencia de espectadores a los estadios de fútbol alcanzaron cifras (15.400 espectadores por partido en 1954) que nunca más volverían a repetirse.


La mayoría de los jugadores que tuvieron un papel protagónico en la huelga de 1948 tuvieron que emigrar a otros países, debido a que la relación con los dirigentes de los clubes se había desgastado irremediablemente[27]. Producto de dicho éxodo la Selección argentina se quedó sin jugadores para integrar su selección nacional y fue una de las razones determinantes para no participar de los campeonatos mundiales de 1950 y 1954.


Perón, si bien era un deportista completo que practicaba varios deportes e incluso en uno de ellos, la esgrima, debió haber representado a la Argentina en los Juegos Olímpicos de 1924[28], no parecía ser un ferviente hincha de fútbol y es innegable que su relación con este deporte surgió a partir de su búsqueda constante de un carril de entendimiento con las masas populares. Por ello su acercamiento a este deporte seguramente se debió a la percepción de que, para el pueblo argentino, como es sabido, “el fútbol no es cuestión de vida o muerte… es mucho más que eso…”[29]


 


 


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[1] En Argentina el lapso 1919-1926 coexistieron dos campeonatos de primera división, el de la Asociación Argentina y el de la Asociación Amateur, cada una de las asociaciones tenía su propia selección, e incluso disputaron varios encuentros amistosos entre sí. Después de varios intentos de unificación, que fracasaban porque la última federación creada se había fortalecido en cantidad de clubes y en estructura, y pretendía sacar importantes ventajas ante una eventual unificación, merced a la mediación del Presidente de la Nación, Marcelo T. de Alvear, se llegó a un acuerdo. Cfr. ABREU, G., El fútbol y su ordenamiento jurídico. Origen en Inglaterra y su implantación en Argentina. Marcial Pons, 2.012, p. XX
[2] Respecto del concepto de “injerencia política”, Thierry Regenass, Director de Asociaciones Miembros y Desarrollo de la FIFA, ha sostenido: “ Las asociaciones tienen la obligación de gestionar, regular y desarrollar el fútbol como deporte, además de la organización del juego en general por su cuenta, de forma autónoma, sin interferencias externas, ya sean por parte del gobierno o de cualquier otra parte. En general, la injerencia política se produce cuando un gobierno intenta hacerse con el control directo”.
[3] Avalos tenía una estrecha relación con Juan Domingo Perón por entonces Coronel y Vicepresidente de la Nación. Es probable que a ello obedezca que el futuro primer mandatario Argentino se hiciera presente –como nunca volvería ocurrir en circunstancias similares- en la ceremonia en que Avalos se hizo cargo de la conducción de AFA. Tras el derrocamiento de Castillo, Avalos acumuló los cargos de: Ministro del Interior, Ministro de Guerra, Comandante de Campo de Mayo y Presidente de AFA.
[4] Ducó, Miembro número 24 del GOU, fue un dirigente deportivo de larga trayectoria: presidente del Club Atlético Huracán (poner en qué años) y Presidente de la Liga Argentina de Basquetbol en 1943. Polémico y agresivo, se enfrentó y retó a duelo a distintos dirigentes deportivos e intentó sublevarse a Perón. Actualmente el estadio de Huracán lleva su nombre.
[5] “El mismo día en que Nicolini tomaba posesión de su cargo –sábado 6 de octubre-, Ávalos va al Ministerio de Guerra por la mañana y habla con Perón. Le transmite el desagrado de Campo de Mayo y le pide que deje sin efecto el cuestionado nombramiento: el ministro alega que ya no puede hacer nada. Insiste Ávalos y Perón se mantiene en su posición”, Cfr. LUNA, Félix, El 45, Hyspamérica, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1971, p. 229.
[6] Cfr. PALOMINO y SCHER, Fútbol: pasión de multitudes y de elites, Un estudio institucional de la Asociación del Fútbol Argentino (1934-1986), Documentos del CISEA/92, Buenos Aires, 1988., pp. 72/73.
[7] De todos modos, no debe creerse que el interés por mantener una relación política fluida con el nuevo gobierno nacional había quedado descartada. Según el periodista Juan Carlos Loterza (Diario Popular, 25-4-1986), el dirigente de Racing, Daniel Pisciscelli, tuvo una entrevista con Perón para proponerle la candidatura de Canaveri. Cfr. PALOMINO y SCHER, ob. Cit., p. 74.
[8] El peronismo de esta época es reconocido como el único gobierno argentino que llevó adelante una política deportiva definida y en el caso del fútbol, la impronta peronista se manifestó en el modo en que se designaron funcionarios políticos en la presidencia de AFA. Para un análisis con mayor detalle de las ideas de Perón sobre el deporte en general, véase por todos, SCHER, en especial el capítulo titulado “Juan Domingo Perón. ‘El primer deportista’” en La Patria deportista. Cien años de política y deporte, Ed. Planeta, Buenos Aires, 1996, pp.151-202.
[9] En la concepción peronista, los deportes, particularmente el fútbol y otros, servían como un medio de glorificar el concepto de movilidad social que era tan importante en la Argentina peronista. Destacados atletas de orígenes humildes, animados y respaldados por el régimen, demostraban a través de sus logros que en la “Nueva Argentina”, el talento, antes que la posición social determinaban el status de cada uno. Cfr. REIN, R., “. The Political Use and Abuse of Sport in Peronist Argentina”, en The International Journal of the History of Sport, Vol. 15, Nro. 2 (August 1998), published by Frank Cass, London, p. 56.
[10] En realidad, se realizaban dos clases de torneos, los Campeonatos Infantiles “Evita” destinados a niños y los Torneos Juveniles “Juan Perón” pensados para los adolescentes. Ambas competiciones se realizaban en todo el país y no sólo se practicaba fútbol sino otros deportes como el atletismo, la natación, el basquet, etc. “Aprovechando la masividad de esta práctica, los niños que participaban en los Torneos “Evita” eran rigurosamente sometidos a controles médicos (Galmarini, 1992). Por ejemplo, en 1951 se realizaron más de 200.000 radiografías sobre la población infantil y adolescente (Scher y Palomino, 1988). En 1953, en los torneos “Evita” contaron con 218.540 niños inscriptos (Senén Gonzalez, 1996)”. Cfr., RODRIGUEZ, M. G., “El deporte como política de Estado”, www.efdeportes.com, 17/11/2008. Según SEBRELI, “Los Campeonatos Infantiles Evita constituyeron un intento de captación de la infancia, a la manera de los Balilla de Mussolini. Estos torneos dieron réditos políticos, pero no deportivos, ya que pocos jugadores surgieron de ellos”. Cfr., ob. cit., p. 181, RAMIREZ, en igual sentido: “El gran aparato proselitista montado por Perón se profundizó con los Campeonatos infantiles Evita, que representaron gastos considerables por la enorme cantidad de futbolistas que se movilizaban desde y hacia el interior del país. El resultado de tanto derroche no pudo ser más pobre, pues muy pocos jugadores alcanzaron posteriormente alguna notoriedad”. Cfr., Los irritantes privilegios en el deporte, Ed. Corregidor, Buenos aires, 1998, p. 16. En contra, LUPO, quien sostiene que de esos campeonatos salieron grandes y recordados jugadores de fútbol que luego brillarían en nuestro país y en el mundo, como Enrique Omar Sívori, José Sanfilippo, José Yudica (integrante del equipo ‘Evita Morning Star’ campeón nacional en los Evita) y Alberto Rendo. Cfr., ob. cit., p. 248.
[11] “El tiempo del peronismo es, sin dudas, el de mayor expansión del fútbol profesional, expresada, entre otros indicadores, en el más alto promedio de venta de entradas de la historia del fútbol argentino. El quinquenio 1946-1950 arrojó un promedio de 12.755 entradas vendidas por partido, en tanto que el de 1951-1955 registró uno de 12.865. Si se toman valores anuales, 1954, con 15.056 espectadores por encuentro, estableció la marca tope de un decenio en el que el promedio de asistencia jamás se redujo a menos de 10.000 asistentes”. Cfr., PALOMINO y SCHER, ob. cit. p. 79. RAMIREZ, explica las causas de este fenómeno: “La temporada de 1954 produjo el hecho insospechado de que se superaran todos los récords de venta de entradas, lográndose cifras jamás alcanzadas en la historia del fútbol. A despecho de la pobreza de los espectáculos, el público aumentó extraordinariamente desde el comienzo del certamen y más aún, desde que Boca alcanzó el primer puesto, cosa que no ocurría desde 1946. Las razones de este fenómeno de fervor colectivo insinuado en 1953 y que en 1954 alcanzó su máxima expresión, ya fueron señaladas: la euforia provocada por los triunfos internacionales del año anterior (especialmente el logrado ante los ingleses), y el extraordinario auge que la televisión le dio al fútbol”. Cfr., Historia del profesionalismo, Ed. Perfil, Buenos Aires 1976, p. 953. El mismo autor en otra de sus obras: Los irritantes privilegios en el deporte, cuestiona seriamente el acercamiento de Perón al fútbol: “Cuando Juan Domingo Perón comenzó a advertir que el deporte, y de modo especial el fútbol por su enorme arraigo popular, nucleaba a una gran parte de la población, creó el slogan ‘Perón apoya el deporte’. Ese fue el comienzo de esta historia plena de irracionalidad e injusticia. En verdad a Perón no le interesaba el fútbol. En su juventud había practicado diversos deportes pero jamás había asistido a una cancha de fútbol (…) Perón esparció las raíces que en adelante y hasta la actualidad generarían una multiplicidad de episodios en los que gobernantes y funcionarios del país intervendrían en las cosas del deporte de un modo tan inapropiado como inconsulto. Dándoles una preferencia que debe siempre estar orientada hacia las necesidades imperiosas de una gran parte de la población, cuyas carencias son eternas. Si el deporte es utilizado por la política como instrumento proselitista, también el deporte puede servir a la política para crear conciencia proselitista de una verdadera justicia social que, por cierto, no impera en nuestro país ni tampoco en el mundo a través de lo que el deporte, con sus pésimos ejemplos, irradia al resto de las actividades humanas”. Cfr., ob. cit., p. 14/15.
[12] Durante la época peronista, Racing contó con el padrinazgo del Ministro de Hacienda, Ramón Cereijo y del Gobernador de Buenos Aires, Carlos Aloé. La construcción de su estadio en (inaugurado en 1950) con facilidades económicas absurdas (el decreto establecía que el dinero debía ser devuelto en “un plazo no mayor de 65 años”) le significó cargar con el mote de “Deportivo Cereijo”. River Plate recibió ayuda directamente de su Presidente, ya que Antonio Liberti había estado a cargo del Consulado de la República Argentina en Génova, Boca Juniors contó con la colaboración de Raúl Mendé, Secretario de Asuntos Técnicos de la Presidencia de la Nación. Velez, que también construyó su estadio en esta época (inaugurado en 1951)contó con la ayuda del Coronel Aníbal Imbert (ex miembro del GOU) y cuñado del Presidente Amalfitani. Huracán (inauguró su estadio en 1947), luego de ser intervenido en 1946, se benefició con el padrinazgo de Oscar Pelliza, Subsecretario de Política Económica, Vicepresidente del Banco Central y Subsecretario de Asuntos Económicos. El resto de los clubes, se beneficiaron en mayor o menor medida con la intervención de estos funcionarios, pero el que contó con el más importante padrinazgo de la época, fue sin duda Sarmiento de Junín, que a pesar de encontrarse situado a 300 kms de la ciudad de Buenos Aires, entre otras cosas, consiguió gracias a Eva Perón, que se lo admitiera dentro del selecto club de los directamente afiliados a la Asociación del Fútbol Argentino. Para un análisis más detallado del tema ver PALOMINO y SCHER, ob. Cit., pp. 80/81.
[13] Alfredo DI STÉFANO, uno de los más grandes jugadores de la historia del fútbol mundial, en el capítulo titulado “Una huelga para proteger a los débiles”, de su obra Gracias, vieja. Las memorias del mayor mito del fútbol ( con la colaboración de Ortego, E y Relaño, A., Ed. Aguilar, Madrid, 2000, pp. 88/89) cuenta los hechos en primera persona: “La huelga no venía por asunto de dinero, de cobrar más o menos. El problema era que en los equipos pequeños pagaban a sus jugadores los dos primeros meses, luego el equipo no funcionaba y dejaban de pagar. La gente aguantaba, pero a los seis meses decían: ‘Yo no juego más si no me pagan’. Te solventaban con la carta de libertad. Pero si no cobrabas, ¿adónde ibas? Y así estaba pasando año tras año, jugabas cinco y cobrabas uno. El problema lo tenían los jugadores de las divisiones inferiores, de los equipos pequeños. La huelga se produjo para proteger a esa gente. Los contratos que se firmaban eran leoninos. El club tenía toda la razón del caso y no podías discutir en ningún lado. A los grandes jugadores no les daban la libertad, eso seguro. Te tenían acorralado. Una de las frases de Perón, que ya era presidente, fue que la huelga estaba reñida con el deporte. No le prestó mucha atención. No la apoyó nada, porque él tenía un ministro de Hacienda que era uno de los directivos del Racing. Era una cuestión de preferencia. (…) No jugamos hasta principios de la temporada siguiente, hasta 1949. Durante todo ese tiempo yo no cobré nada. Estaba en la rúe. (…) Se solucionó el asunto en el último momento. En el River quedábamos cuatro: Rossi, Ferrari, Collman y yo. Tuvimos que firmar en blanco, porque era el último día, eran las doce de la noche y a las once firmamos, por que si no estábamos desvinculados del fútbol. Así que tuvimos que tragar. Después, claro, cuando fuimos a ver lo que cobramos, nos dieron la mitad. ¿Qué vas a hacer? Si no firmábamos nos suspendían para no sé cuantos años”.
[14] En esta oportunidad fue el Ministro de Hacienda Ramón Cereijo quien intervino para desactivar la huelga. Más allá de que el fútbol aún en aquellos años parecía una causa de Estado, el hecho de que un grupo de profesionales con vocación de sindicato (todavía no tenían personería gremial reconocida) le hiciera la primer huelga a Perón, resultaba todo un acto de rebeldía muy difícil de digerir para el Gobierno Nacional.
[15] En realidad, en la fecha 25, los futbolistas hicieron un paro simbólico en todos los estadios para reclamar a los clubes que incumplían los fallos del Tribunal Arbitral que ordenaban pagar sueldos adeudados. El Comité Directivo había amenazado con suspender el campeonato profesional si el gremio cumplía la medida, con algunas disidencias en la dirigencia de AFA porque algunos opinaban que esa decisión debía ser adoptada en una asamblea, igualmente se paró el campeonato. Tras algunas conversaciones se acordó reanudar en homenaje a los aficionados, pero al intentar la AFA desconocer todo lo actuado con la entidad gremial, los futbolistas declararon la huelga general.
[16] La AFA intimó a los futbolistas profesionales a cumplir sus contratos y ante la negativa total decidió seguir los campeonatos con los jugadores amateurs. El campeonato se desvirtuó totalmente ya que el nivel de los jóvenes jugadores que militaban en las divisiones juveniles de los clubes estaba muy por debajo de los profesionales. El público mermó considerablemente su afluencia a los estadios y Racing que venía haciendo la mejor campaña y ese año tenía el mejor equipo resignó ese campeonato que fue ganado finalmente por los jugadores juveniles de Independiente de Avellaneda. RAMIREZ describe la situación: “El ausentismo del público fue casi total y los partidos se disputaron ante la indiferencia general y arrojaron recaudaciones insignificantes. La definición del certamen fue en cierto modo caprichosa, ya que nada tenía que ver el poderío de los equipos titulares con los suplentes encargados de proseguir sus campañas”. Cfr., Historia del profesionalismo, ob. cit., p. 711.
[17] La medida adoptada por los clubes de rescindir los contratos a sus jugadores profesionales no fue muy inteligente, dado que al quedar en libertad de acción, pronto los mejores jugadores del fútbol argentino fueron tentados para jugar en otros países.
[18] Este reclamo apuntaba a que los clubes pagaran todo el contrato a los jugadores, ya que se había generado una pésima costumbre, cuando el jugador no era muy relevante, de pagar los primeros tres o cuatro meses y luego se acumulaba una deuda que finalmente no se pagaba porque el club especulaba y si se llegaba al fin de la temporada y el futbolista no había tenido un buen desempeño el club le ofrecía para saldar la deuda, la libertad de acción, y si éste no aceptaba directamente no le pagaba y no utilizaba sus servicios.
[19] Entre las voces críticas se destaca la de RAMOS RUIZ (interventor de AFA entre 1968 y 1969) quien expresamente dijo: “Si bien un análisis superficial parece darle a la medida un carácter democrático por la aplicación de la teoría de que en la democracia el gobierno corresponde a la mayoría, el argumento falla cuando se intente probar en qué consiste esa pseudo-mayoría. Los cuadros de recaudaciones del capítulo anterior –“con el valor implacable de las cifras”- demuestra acabadamente dónde está la mayoría, que es la suma de individualidades, esencia de la democracia (…) Puede, en consecuencia manifestarse que se trata de la medida más nociva adoptada en la época considerada, la que ha generado la imposibilidad de acercarnos a la solución estructural ideal, deparando la progresiva decadencia económica de nuestro profesionalismo, que es la decadencia del fútbol mismo”, Cfr. Ob. Cit., p.117.
[20] Poco después de asumir el cargo, Peluffo ratificaba estas coordenadas al declarar: “Queremos y lograremos que el fútbol –tal como lo ha expresado el General Perón- sea el deporte del pueblo y para el pueblo. Para conseguirlo, no escatimaremos esfuerzos”, (La Razón 24/8/1953). Cfr. PALOMINO y SCHER, ob. Cit., p.95.
[21] Como consecuencia de dicha enfermedad, falleció en marzo de 1954, siendo, hasta el presente, el único presidente de AFA que falleció en el cargo.
[22] El discurso pronunciado por Conditti al asumir la presidencia de la AFA es muy elocuente en tal sentido: “Tenemos la enorme responsabilidad de defender los intereses del fútbol nacional, pero debemos comprender también que el fútbol debe ser para el pueblo y no el pueblo para el fútbol (…) la Asociación no puede estar al margen de la realidad de la era presente, creada por el conductor, General Perón. La Asociación debe estar formada por hombres que sientan la necesidad de encauzar el deporte y las instituciones dentro de la técnica revolucionaria”, (La Razón, 26/4/1955)
[23] Mediante decreto presidencial del General Lonardi se designó una Comisión Interventora presidida por Arturo Bullrich
[24] La nominación de un integrante de una familia de la oligarquía porteña implicó, entre otras cosas, un notorio contrapunto con el perfil personal y social de los presidentes que la AFA había tenido durante el peronismo. Miembro de las instituciones propias de la elite local como la Sociedad Rural Argentina, de organizaciones empresarias como la Bolsa de Comercio y director de diversas sociedades anónimas, Bullrich carecía en cambio, de actuación previa en la dirección de la AFA (…) la Comisión Interventora estuvo integrada por otros cinco componentes (…) con el antecedente unánime de no haber ocupado cargos de relevancia en la AFA durante el peronismo y de una actitud política de oposición al gobierno destituido. Cfr., PALOMINO y SCHER, ob. cit., p. 104, En igual sentido SEBRELI: “El régimen de transición de la llamada Revolución Libertadora pareció ser la restauración de la oligarquía, algo que rápidamente se frustró porque el ciclo económico agroexportador estaba agotado y habían surgido nuevos sectores sociales. En concordancia con este fugaz ‘revival’ de la Argentina pre peronista, la breve intervención de la AFA estuvo a cargo de Arturo Bullrich, perteneciente a las familias tradicionales, miembro de la Sociedad Rural, de la Asociación de Criadores Shorthorn, de la Bolsa de Comercio, del Jockey Club”. Cfr., ob. cit., pp. 176/177.
[25] Más allá del anti peronismo vigente en la época también se percibía un evidente cansancio moral en quienes, se sabe, sólo se manifestaban en defensa de una dirigencia deportiva más seria y honesta. Panzeri en un editorial de la revista El Gráfico de esos años, con su habitual estilo criticaba duramente la política deportiva de Perón: “…ni sus propias construcciones respetó la codicia estatal por el deporte como medio de un fin, ya que ideas y realidades tan plausibles, tan necesarias, como los Campeonatos Infantiles, la construcción del velódromo, los campos deportivos para los niños, etc. vieron lamentablemente diluidos sus beneficios con el perjuicio de la dádiva sin control, de la adulación obligatoria al régimen, de la profanación del auténtico sentido del deporte amateur. ¡Pobre deporte argentino! Culpemos de esto al desgraciado destino de un régimen en el que la política cerró los ojos y en el que muchos hombres que pudieron asesorar de la inconveniencia de tales rumbos para sus propios fines no supieron hacerlo por el temor o no quisieron hacerlo por cálculo”. Cfr., Revista El Gráfico, 30/9/1955.
[26] Al ser electo presidente, Raúl Colombo expresó que “…su mejor blasón lo constituye el hecho de no haber sido candidato impuesto por las esferas oficiales ni proveniente de una candidatura con la famosa ‘media palabra’ oficial puesto que había sido consagrado en una elección libre practicada en un organismo libre que pertenece a un pueblo que también es libre (La Razón, 28/3/1956) Estas consideraciones fueron ratificadas de inmediato por el General Ignacio F. Huergo, interventor en la Confederación Argentina del Deporte (CAD) quien hiso notar que “…por primera vez en veinte años se había elegido a un presidente a quien no se había designado previamente en las esferas oficiales (y que) la intervención de ese organismo (la AFA) se debió al egoísmo de algunos clubes, cuyos representantes estaban identificados con el régimen depuesto (La Razón, 2873/1956) Con la declarada aspiración de volver a la autonomía institucional, con el enunciado propósito de devolver la AFA a los clubes y con la intervención como instrumento de acción, la Revolución Libertadora hizo concluir el tiempo del peronismo en la AFA”. Cfr., PALOMINO y SCHER, ob. cit., p. 105.
[27] El diario La Razón enumeraba en 1949 los nombres de los jugadores que emigraron y los países que los recibieron: “Luego del alejamiento de Moreno con destino a Chile, se fue intensificando el éxodo y al cabo del año se habían ausentado los siguientes jugadores con destino a Italia: Martino, Basso y Aballay, de San Lorenzo; Santos de Rosario Central; Boyé de Boca Juniors y Roberto Alarcón de Gimnasia y Esgrima. Hacia Colombia se fueron Pedernera, que había estado jugando en Huracán, y del mismo club el puntero izquierdo Heraldo Ferreyro; Rossi, Di Stefano y Luis Ferreira de River; Giúdice de Platense; Mario Fernandez de Independiente; Perucca y Benegas de San Lorenzo, y Osvaldo Perez y Antonio Vilariño, de Rosario Central. Además y de este último club, se marchó a Montevideo el delantero Hohberg”. ZAGO aporta un mejor detalle respecto de la especial situación de Colombia que posibilitó que la mayoría de los mejores jugadores argentinos de esa época terminaran jugando allí: “Colombia constituyó paralelamente un factor decisivo en el conflicto, puesto que ese año la FIFA desafilió a la DIMAYOR (División del Fútbol Colombiano), entonces rectora del campeonato profesional de ese país, y admitió en su seno a la ADEFUTBOL , con lo cual el cisma abrió las puertas a la entonces llamada piratería colombiana. Los futbolistas extranjeros podía jugar sin pase de club ni internacional en la DIMAYOR, que invertía grandes sumas en primas y sueldos, así los jugadores allí enrolados no podían jugar en ningún otro club o país afiliado a la FIFA. Los huelguistas, famosos nombres de nuestro fútbol, empezaron a hacer las valijas, y cuando los colombianos dieron lo que llamaron golpe maestro contratando nada menos que a Adolfo Pedernera la corriente fue creciendo. Se calcula que en 1949 más de 50 jugadores argentinos militaban en cuadros colombianos, especialmente de Bogotá, Millonarios, Independiente Santa Fé, Universidad, Manizales, Cali, Medellín, etc. Pero además los colombianos apuntaron al fútbol, y fue una figura consular como Carlos Peucelle quien creó y orientó la primera escuela de fútbol. Naturalmente Pedernera tuvo una recepción extraordinaria y su club, Millonarios, contó entre otros a Cozzi, Nestor Rossi, Di Stéfano, Baez y Mourín. En Cali se alistaban Castro, Cerviño, Vilariño, el zurdo Rodríguez, Oscar Sastre, Mur, Perez, Coll, y en Independiente Santa Fe, Pontoni, Perucca, Rial, Chamorro, Benegas”. Cfr., ob. cit., p. 68/69.
[28] Desde 1918 hasta 1928, de teniente a mayor, Perón fue campeón militar de espada.
[29] La célebre frase pertenece a Bill Shankly, un recordado entrenador escocés que se hizo cargo del Liverpool FC cuando este estaba en la segunda división inglesa y que luego consiguió el ascenso en su segundo año estableciendo su estilo tanto en el terreno de juego como en las normas del club en los años posteriores. Con Shankly el Liverpool ganó 3 campeonatos de liga inglesa, dos FA Cups y una Copa de la UEFA, y el fútbol, se nutrió de una gran cantidad de fráses divertidas que han quedado en la memoria de los aficionados.


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