ARGENTINA
Doctrina
Título:Política ambiental con justicia social. No olvidemos a los pobres
Autor:Sonzini, Osvaldo M.
País:
Argentina
Publicación:Revista Argentina de Justicia Constitucional - Número 9 - Abril 2020
Fecha:16-04-2020 Cita:IJ-CMXIV-712
Índice Voces Relacionados
I. Contexto
II. Justicia
III. Ambiente y pobreza
IV. Mayores víctimas
V. Visión de futuro
Notas

Política ambiental con justicia social


No olvidemos a los pobres*


Osvaldo Mario Sonzini


El presente trabajo está destinado a recordar a Chico Mendes, siringueiro, (denominación del cosechador de caucho), legítimo representante de los pueblos de la selva amazónica y atento observador de la lógica del medio natural con la que estaba identificado, que fue asesinado, víctima de la saña de los enemigos de la naturaleza y de la humanidad, la víspera del día de Navidad de 1.988, ya que contrariaba a los productores de caucho y el ritmo de extracción salvaje que solo supone ventajas para los especuladores.


Como bien expresó un poeta de la selva del Pará –Joao de Jesús Paes Loureiro–: “¡Ay Amazonia, Amazonia, ¡Han enterrado a Chico Mendes, mas lo que no se entierra es la Esperanza”!


El párrafo de encabezamiento del modesto aporte que incorporo al IV Congreso Argentino de Justicia Constitucional, cuyo acertado objetivo es relacionar, a la par de otros aspectos, la justicia social con el ambiente, por ser un tema plenamente vigente. Al explicitarlo, es una prueba concluyente de la importancia y trascendencia que el mismo implica en la actualidad.


I. Contexto [arriba] 


Resulta evidente que hombres de derecho, científicos, economistas, ingenieros, políticos y hasta militares, tienen sobrados motivos para interesarse en la contaminación, la disrupción de los patrones climáticos, la destrucción de la capa de ozono, la degradación del suelo, la erosión, la acidificación de los océanos, la pérdida de la biodiversidad, el agotamiento de los recursos no renovables, o el desequilibrio de los ciclos del nitrógeno y el fósforo - por nombrar solo algunos de los principales problemas o “límites planetarios” señalados por la comunidad científica y ordenados los Objetivos del Desarrollo Sostenible establecidos en el año 2015, en la Agenda 2030, son razones más que suficientes para movilizar a los principales actores que conforman la sociedad.


Va de suyo que, de la enumeración no taxativa precedente, se observan y constituyen factores vitales para el futuro de nuestra civilización, que han conducido a formular las ODS. Asimilar las conclusiones y las llamadas a la acción de la comunidad científica, requiere de una alfabetización ecológica, pero, también, de una espiritualidad profunda que posibilite asumir la justicia social en todo su origen, dimensión, aplicación y consecuencia, y que sea capaz de integrar y sostener el compromiso socio político de todos los estamentos políticos, económicos o sociales.


Aunque la ciencia ecológica y la biología nos ha mostrado sobradamente que somos “interdependientes y ecodependientes”[1], ese conocimiento no se traduce siempre en un cambio de conciencia ni en una transformación ética. Así entonces, ello es posible si nos sentimos parte y “no-aparte” de un problema vital para nuestra generación, sin obviar la ética intergeneracional que debemos asumir.


II. Justicia [arriba] 


Es conocida la evolución que el concepto de justicia ha tenido, desde la antigüedad y a través de los tiempos, a saber: justicia distributiva, conmutativa y -modernamente- social, a la que se agregó los derechos humanos. Es así como presenta un verdadero y propio desarrollo de la justicia general, reguladora de las relaciones sociales según el criterio de la observancia de la ley. Puede afirmarse que, desde el punto de vista subjetivo, la justicia se traduce en la actitud, determinada por la voluntad, de reconocer al otro como persona; mientras desde el punto de vista objetivo, constituye el criterio determinante de la moralidad en el ámbito intersubjetivo y social, lo que resulta particularmente importante en el contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad y sus derechos, está seriamente amenazado por la difundida tendencia de recurrir exclusivamente a los criterios de la utilidad y el tener. La justicia social es una cuestión vinculada con la cuestión social que hoy se manifiesta con una dimensión mundial.


No tengo duda, que numerosas ponencias del Congreso que nos convoca, tratarán enjundiosamente el tema y contribuirán a esclarecer tales conceptos. En mi caso, intento algunas reflexiones que hacen a los fundamentos morales y éticos del tratamiento que, en función de mi propia experiencia, entiendo básicos para que la justicia social sea operativa en el complejo ámbito ambiental.


Asimismo, vale suscribir: “que por razones de justicia y equidad, se puede exigir a los dirigentes, tengan especial cuidado en los ciudadanos más débiles que puedan hallarse en condiciones de inferioridad para defender sus propios derechos y asegurar sus legítimos intereses”[2].


Ello nos lleva a inferir, que no toda distribución y riqueza, merced al desarrollo económico y social, apropia a los hombres de modo que quede a salvo esa común utilidad para todos, ajustado ello a normas de bien común y justicia social. Por ello conviene que las Instituciones Públicas, y toda la vida social, estén imbuidas de esa justicia, y sobre todo es necesario que sea suficiente, esto es, que constituya un orden social y jurídico, con que quede informada toda la economía, que podemos denominar justicia intrínseca del sistema.


Recientemente, se afirmó que: “Un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar, tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”[3]. Obviamente, estamos hablando de justicia social.


III. Ambiente y pobreza [arriba] 


Con gratitud, debemos recordar a un precursor que, en la década de 1980, y aún antes, ponía de manifiesto una afirmación que constituye una relación inescindible entre la justicia social y los pobres de la tierra que son sus primordialmente necesitados.


Leonardo Boff, brasileño, teólogo y filósofo, sacerdote franciscano (hoy reducido a estado laical), es una referencia ineludible en tal sentido. Su magistral trabajo sobre Ecología[4], nos brinda un amplio panorama de los fundamentos morales y éticos, como también aspectos teóricos y prácticos a tener en consideración, proponiendo un nuevo paradigma, basado en la religación universal, en la restauración de lo sagrado que hay en todas las cosas y la recuperación de la dignidad de la tierra. Debemos reconocer que la situación ambiental, constituye una crisis de fundamentos y no una crisis de superficie, y su carácter es universal y no local.


Verificamos una angustiante disyuntiva, o bien mantenemos el paradigma de sociedad depredadora de la naturaleza y el agravamiento de todas las contradicciones sociales y ecológicas; o las sociedades humanas se dan cuenta del creciente déficit de la Tierra que se manifiesta por la degradación de la calidad de vida, por la injusticia societaria y ecológica y buscan mostrarse mínimamente solidarias, inventando tecnologías más respetuosas con el medio ambiente y formas de desarrollo social y no únicamente tecnológico y económico, pero sostenible por parte de todos y también por parte de la misma naturaleza. No se podrá ya tratar a la naturaleza, tal como lo hacen nuestras sociedades, como si fuese un mercado o un mostrador de autoservicio. Ella constituye un patrimonio común que está siendo inmisericordemente dilapidado, pero que es urgente conservar.


IV. Mayores víctimas [arriba] 


Cabe preguntarse como corolario del panorama descripto precedentemente: ¿Cuál es el ser más amenazado de la creación? la respuesta no ofrece alternativas: el pobre. He aquí el núcleo axial que requiere asumir una práctica: conocer el lugar del pobre, su causa, su lucha, y, llegando al límite, su destino muchas veces trágico, por causa del deterioro ambiental a que está expuesto e indefenso.


Profundizando la reflexión precedente, es necesario acordar qué entendemos por pobres, ya que es importante establecer cómo se utiliza cada término. No debemos movernos únicamente en la protesta y su connotación ideológica, ni mucho menos hablar de pobreza en abstracto, habida cuenta que el objetivo es poner de manifiesto una situación y concretar una propuesta.


Por otra parte, no podemos hacer sujeto de la propuesta a los pobres por sus virtudes y cualidades, ya que muchos de ellos no son mejores que los poderosos en el sentido amplio del término, sino que, frente a estos últimos, están sufriendo injustamente el desamparo y la exclusión, lo que habilita a inferir que no es que las víctimas de un ambiente degradado lo “merezcan”, sino que necesitan mejorarlo. La historia del pueblo de Israel nos narra, que lo que los pueblos esperaban de sus reyes, era que supieran defender a los pobres y desvalidos afirmando: un buen rey se debe preocupar de su protección no porque sean mejores ciudadanos que los demás, sino simplemente porque necesitan ser protegidos. La justicia del rey no consiste en ser “imparcial” con todos, sino en hacer justicia a favor de los que son oprimidos injustamente. Lo dice con claridad el Salmo 72[5] que presenta el ideal de un buen rey.


La justicia social, intenta suturar dos heridas expuestas: la de la pobreza y la miseria que rompe el tejido social de millones de pobres en el mundo entero. La segunda, la agresión sistemática a la Tierra, que desestructura el equilibrio del planeta, amenazado por la depredación de modelos de crecimiento insustentables que plantean sociedades contemporáneas, ajenas a una visión holística del problema, y que respeten los ecosistemas, garantizando una buena calidad de vida a las generaciones futuras.


Se ignora, o directamente se desprecia la justicia social, cuando un funcionario responsable de áreas ambientales no tiene en cuenta los estudios (vg. Evaluación de Impacto Ambiental) que deben constituir su referencia fundamental para el cumplimiento de las normas ambientales en las empresas de su jurisdicción, o cuando por ignorancia o desidia, no se conocen las condiciones de vida en torno a entes contaminantes, teñido en muchos casos, por la corrupción y la falta de solidaridad. No es en el interior de despachos, o limitándose a crear normativas que solo aporten recursos para el Estado que se ejerce política ambiental, antes bien, la función debe ser generar incentivos, fomentar la inversión y crear condiciones para el mejoramiento tecnológico. Se debe entender, cabalmente, que gestionar en lo ambiental, es una de las tareas trascedentes para el bienestar del ser humano, y que implica, por, sobre todo, una cultura de la vida.


V. Visión de futuro [arriba] 


Por su parte, “La denuncia de la injusticia social que generan los procesos de la degradación de la naturaleza ha sido la puerta de entrada al debate ecológico contemporáneo para las grandes tradiciones religiosas y una de sus contribuciones más relevantes”[6]. Ampliando la cita de religación universal precedente,


“El potencial de las religiones en la construcción de visiones contrahegemónicas de la dignidad humana que religuen lo humano con la naturaleza, promuevan la fraternidad entre una humanidad escindida, defiendan los recursos que son comunes…no puede permitirse el lujo de desaprovechar”[7].


No es ajeno a este trabajo, observar que resulta esencial la importancia del diálogo entre las dos fuerzas globales más influyentes –la tecnociencia y la religión– proponiendo una alianza entre ellas, destinada a frenar la acelerada extinción biológica de nuestro tiempo. Al fin y al cabo, las religiones comparten una narrativa de responsabilidad hacia la tierra que, en nuestra época, es preciso redescubrir urgentemente.


Finalmente, resulta insoslayable que la responsabilidad básica de la teoría y gestión ambiental, radica en la dirigencia política, y como corolario, vale recordar el diálogo entre San Juan Pablo II y el miembro de la Academia Francesa Pierre Frossard:


“El silencio del pensamiento hace balbucear a la política. El piso cultural es quien nutre los bajos del edificio de la política con ideas, proyectos, concepciones sociales, utopías, luces sobre la existencia, visiones de futuro, historia. Cuando la planta cultural guarda silencio, el bajo se convierte en un bazar electoral donde los dueños de los puestos sólo se preocupan de atraer a la clientela promocionando programas envasados o promesas congeladas”[8].


Siguiendo el sentido metafórico, la clientela, exige en vano, ideas generales, la planta baja ya no dispone del artículo almacenado en el primer piso, por stock inexistente.


 


 


Notas [arriba] 


*Palabras que el Card. Emérito de San Pablo -Brasil- Claudio Hummes le dirigió dándole un abrazo al Card. Jorge Mario Bergoglio al ser ungido por el Cónclave, Papa de la Iglesia Católica: “¡No te olvides de los pobres!”.
Del 6 al 27 de octubre de 2019, se realizó la Asamblea Especial de Obispos Católicos, convocada por el Papa Francisco, conformando un Sínodo especial para la Amazonia, en su dimensión regional y universal para una ecología integral en la búsqueda de nuevos caminos.


[1] Riechmann, Jorge: Interdependientes y Ecodependientes. Proteus, Barcelona.
[2] Encíclicas de: León XIII, Rerum Novarum AL 11 y Juan XXIII Pacem in Terris, 56.
[3] Encíclica Laudato Si´, 49. Francisco.
[4] Leonardo Boff: Ecología, Grito de la Tierra, Grito de los Pobres. Ed. Lohle-Lúmen 1996.
[5] El Libro de los Salmos, Plegaria por el Rey, Ed. San Pablo, pág. 72.
[6] Creer en la sostenibilidad - Las religiones ante el reto medioambiental. Cuaderno N° 212 Cristianisme i Justicia – Barcelona. Pag. 7 y subsiguientes.
[7] Alvarez Cantalapietra, Santiago. –Religiones proféticas y crisis ecosocial. Apuntes a propósito de Laudato Si’ – Madrid: Fuhem pág. 22.
[8] André Frossard: El mundo de Juan Pablo II – Rialp, Madrid. Pag. 106.