ARGENTINA
Doctrina
Título:Principios de Derecho Ambiental de la Declaración de Río y la Encíclica Laudato Si
Autor:Aráoz, María Liliana
País:
Argentina
Publicación:Memorias - 14º Encuentro Internacional de Derecho Ambiental - Capítulo VIII - La Encíclica Lautado Si
Fecha:01-03-2016 Cita:IJ-VC-175
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Sumarios

Este trabajo versa sobre la gestación y sustentación de los principios del derecho ambiental en el ámbito internacional. En la identificación de las fuentes del novedoso marco jurídico ordenador de sistemas complejos e interdependientes, se valoran los aportes de la Carta Encíclica Laudato Si.


This paper refers to the gestation and sustance of the Principles of Envireonmental Law in the international stage. In the identification of the sources of this new legal framework that put some order to the complex and interdependent systems, we value the contributions of the encyclical “Laudati si”.-


1. Declaración de Estocolmo de 1972
2. Informe Brundtland
3. Cumbre para la tierra, Río de Janeiro 1992
4. Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo
5. Carta Encíclica Laudato Si
Conclusiones
Notas

Principios de Derecho Ambiental de la Declaración de Río y la Encíclica Laudato Si


María Liliana Aráoz*


El Derecho Ambiental es el marco jurídico ordenador de los sistemas - político, económico, social, de producción, tecnológico, internacional y administrativo- que propenden al Desarrollo Sustentable[1], en cuanto rige la relación económica entre el hombre y su entorno. Ha surgido en el siglo XX como respuesta a la preocupación de la comunidad internacional por el estado deplorable de los recursos naturales, sustento necesario para garantizar la calidad de vida de toda la humanidad. El interés jurídico protegido por este derecho es el “ambiente”, frente a los problemas que genera la pobreza y las modalidades insustentables de consumo e industrialización.


El derecho ambiental impacta en el sistema jurídico alterando a las antiguas instituciones y llamando a la integración de los sectores fragmentados o especializados, desde el enfoque sistémico de la complejidad y la multidisciplinariedad, según directrices o principios que no son resultado de construcciones teóricas, sino que nacen a partir de necesidades prácticas de supervivencia y convivencia armónica. Los principios de derecho ambiental constituyen a la vez: base de legislación, metas a alcanzar y pautas de interpretación frente a conductas individuales.[2]


La preocupación de los Estados por las dificultades que se le presentan a la ciencia económica para resolver el problema objeto de su estudio, esto es, la manera en que el hombre utiliza una cantidad limitada de recursos naturales para satisfacer sus necesidades ilimitadas[3], ha trascendido hacia el ámbito de las ciencias políticas y del derecho. La alarma sobre las fallas del modelo económico imperante vino de las ciencias naturales, y pronto la comunidad internacional se organizó para atender el asunto, entendiendo que la solución vendría de un cambio del sistema hacia un modelo de desarrollo económico denominado “Desarrollo sustentable”.


Desde mediados del siglo XX, en una serie de conferencias y tratados internacionales se fue gestando el Derecho Ambiental. Hoy debe valorarse el impacto y repercusión de la Encíclica Laudato Si en la conformación y sustento del Derecho ambiental.


Hitos del Derecho Ambiental Internacional


- 1972 Declaración de Estocolmo - “Cumbre sobre Medio Humano”.


- 1983 Informe Brundtland, de la Comisión mundial sobre medioambiente y desarrollo


- 1992 Declaración de Rio + Programa 21 + Ejecución del Programa 21 + 3 convenios multilaterales sobre: Cambio climático, Diversidad biológica, y lucha contra la desertificación - “Cumbre sobre medio ambiente y el desarrollo; Cumbre para la tierra.”


- 2002 Declaración de Johanesburgo + Plan de aplicación de decisiones de Johanesburgo. – “Cumbre sobre Desarrollo sostenible”.


- 2005 Declaración del Milenio de las Naciones Unidas. Objetivos del Milenio


- 2012 Declaración de Rio + 20 - “Cumbre sobre Desarrollo sostenible”.


- 2015 Encíclica Laudato Si


1. Declaración de Estocolmo de 1972 [arriba] 


La Declaración de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano, celebrada en Estocolmo en 1972, consciente de la necesidad de un criterio y unos principios comunes que ofrezcan a los pueblos del mundo inspiración y guía para preservar y mejorar el medio humano, estableció una serie de 7 Proclamas y 26 Principios, junto con un Plan de Acción, que incluye un Programa global de Evaluación del Medio Humano; actividades de ordenación del medio humano y medidas auxiliares en la evaluación y ordenación, mediante Recomendaciones sobre cada uno de los temas de la agenda ambiental:


- Recom. 1 a 18 - Asentamientos humanos;


- Recom. 19 a 69 - Recursos naturales;


- Recom. 51 a 53 - Recursos hídricos;


- Recom. 56 - Minería;


- Recom. 57 - Energía;


- Recom. 68 - Asesoramiento a gobiernos sobre métodos para la planificación y ordenación integrada de recursos naturales, con arreglo a las circunstancias concretas de cada país.


- Recom. 70 a 85 - Agentes contaminantes;


- Recom. 86 a 94 - Contaminación del mar;


- Recom. 95 a 101 - Aspectos educacionales, informativos, sociales y culturales de las cuestiones relativas al medio;


- Recom. 102 a 109 - El Desarrollo y el medio. Encomienda a las organizaciones regionales, como la OEA, las tareas de: 1- Identificación de principales problemas ambientales de la región y problemas especiales de países menos adelantados. 2- Evaluación de soluciones administrativas, técnicas y jurídicas. 3- Crear una red de información. 4- Capacitación de personal. 5- Formulación de criterios, conceptos y terminología del medio humano mediante actividades interdisciplinarias. 6-Suministro y coordinación de asistencia técnica.


De las Proclamas surge que el Hombre es obra y artífice del medio que lo rodea. Este medio o entorno natural y artificial es esencial para el bienestar humano, por lo que su protección y mejora es una cuestión fundamental, presente en el deseo de los pueblos y en el deber de los gobiernos. La capacidad del hombre de transformar lo que lo rodea debe ser utilizada con discernimiento, para evitar daños al equilibrio de la biosfera que puedan afectar a las generaciones futuras.


El documento expresa la tesis de que los problemas ambientales en el mundo tienen diferentes causas o motivaciones en los dos extremos de la brecha entre países desarrollados y subdesarrollados. En los primeros, los problemas ambientales serían una consecuencia de la industrialización y el desarrollo tecnológico, mientras que en los países subdesarrollados, los problemas ambientales se expresarían en términos de bajos niveles de calidad de vida (alimentación, vivienda, educación, sanidad e higiene).


2. Informe Brundtland [arriba] 


En 1987, el PNUMA, que había sido creado en 1972 tras la Declaración de Estocolmo, transmitió a la Asamblea General de NNUU el Informe titulado “Nuestro futuro común”, conocido también como Informe Brundtland, por el apellido de la funcionaria noruega que presidía la Comisión mundial sobre el medio ambiente y desarrollo, responsable del documento.


El informe tenía como objeto:


- Proponer estrategias de desarrollo sustentable a largo plazo (año 2000 y más allá)


- Recomendar formas de cooperación entre Estados, hacia un objetivo común -Desarrollo Sustentable- que tenga en cuenta la interrelación entre población, recursos, ambiente y desarrollo.


- Considerar formas y medios de abordar la problemática ambiental.


- Ayudar a definir percepciones compartidas sobre asuntos ambientales y una agenda sobre acciones a emprender a largo plazo.


2.1. Concepto de Desarrollo sustentable:


Brundtland ofrece en el discurso de apertura los conceptos de Ambiente y Desarrollo:


- “Ambiente” es donde vivimos.


- “Desarrollo” es lo que hacemos para mejorar nuestra calidad de vida.


Expresa la realidad de que muchos modelos de desarrollo de países industrializados son insustentables, por lo que advierte la necesidad de un nuevo modelo de crecimiento económico que sea sostenido y al mismo tiempo social y ambientalmente sustentable. Adopta un enfoque interdisciplinario e integrado de la cuestión global y concibe el derecho fundamental a un ambiente sano y apto para la vida.


Brundtland invita a un cambio, a un esfuerzo común para hacer efectivo ese derecho fundamental, a través de:


- Nuevas normas de comportamiento en todos los niveles y en el interés de todos.


- Cambios de actitudes, valores sociales y aspiraciones a partir de la educación, debate y participación pública; y en base a un…


- Cambio de perspectiva sobre la tierra, que debe ser vista como un sistema, para poder reconciliar aspectos humanos con las leyes de la naturaleza, de manera de construir un futuro más próspero, justo y seguro; a través de políticas que mantengan y expandan la base de recursos ambientales.


El desafío para los Estados consiste en asegurarse de que los nuevos valores estén reflejados adecuadamente en los principios y operaciones de las estructuras políticas y económicas nacionales e internacionales.


El Desarrollo Sustentable requiere:


- Un sistema político que asegure la efectiva participación de los ciudadanos en la toma de decisiones.


- Un sistema económico capaz de generar beneficios y conocimientos tecnológicos sobre bases sustentables.


- Un sistema social que provea soluciones equitativas a las tensiones propias de un desarrollo no armónico o desigual.


- Un sistema de producción que respete la obligación de preservar la base ecológica del desarrollo.


- Un sistema tecnológico que busque continuamente soluciones nuevas.


- Un sistema internacional que genere modelos sustentables de comercio y finanzas.


- Un sistema administrativo flexible con capacidad de autocorrección.


2.2. Principios de derecho ambiental


Además del concepto de Desarrollo sustentable, el informe ofrece un sumario de los Principios legales propuestos por el grupo de expertos en derecho ambiental de la Comisión Mundial de Ambiente y Desarrollo (WCED- World Comission on Environment and Development)


- (1 a 8) - Principios Generales. Derechos y responsabilidades.


1) DDHH fundamental – Todos los seres humanos tienen el derecho fundamental a un ambiente adecuado para su salud y bienestar.


2) Equidad intergeneracional- Los Estados deben usar y conservar el ambiente y los recursos naturales en beneficio de las generaciones presentes y futuras.


3) Conservación y uso sustentable – Los Estados mantendrán los ecosistemas y procesos ecológicos esenciales para el funcionamiento de la biosfera, preservarán la diversidad biológica, y observarán el principio de producción óptima sustentable en el uso de recursos naturales vivos y ecosistemas.


4) Estándares ambientales y monitoreo – Los Estados deben establecer estándares adecuados de protección ambiental y monitorear cambios; hacer publicar información relevante sobre calidad ambiental y uso de recursos.


5) Evaluación previa de impacto ambiental – Los Estados deben realizar o requerir evaluación previa de impacto ambiental en las actividades propuestas que puedan afectar significativamente el ambiente o el uso de un recurso natural.


6) Notificación previa, acceso a la justicia y diligencia debida – Los Estados deben informar previamente a todas las personas potencialmente afectadas por una actividad planificada y garantizarle el acceso a un proceso administrativo o judicial por reclamos.


7)  Desarrollo sustentable y asistencia - Los Estados asegurará que la conservación de ambiente sea parte integrante de la planificación e implementación de actividades para el desarrollo; y proveerán asistencia a otros Estados, especialmente países en desarrollo, para la protección ambiental y el desarrollo sustentable.


8) Obligación genérica de cooperar – Los Estados deben cooperar de buena fe con otros Estados en la implementación de los derechos y obligaciones precedentes.


- (9 a 20)- Derechos y Obligaciones relacionados con recursos naturales compartidos.


- 21) Responsabilidad Estatal – Los Estados deben cesar las actividades que violen obligaciones internacionales vinculadas con el ambiente y deben compensar por los daños que causen.


- 22) Resolución pacífica de disputas- Los Estados deberán arreglar las disputas ambientales por medios pacíficos.


3. Cumbre para la tierra, Río de Janeiro 1992 [arriba] 


El 22 de diciembre de 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas pidió que se celebrara una reunión mundial en la cual pudieran elaborarse estrategias para detener e invertir los efectos de la degradación del medio ambiente “en el contexto de la intensificación de los esfuerzos nacionales e internacionales hechos para promover un desarrollo sostenible y ambientalmente racional en todos los países.” El Programa 21, aprobado el 14 de junio de 1992 por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, es la respuesta que ha dado la comunidad internacional a esa petición. Se trata de un programa de acción amplio al que desde ese momento hasta el siglo XXI darán aplicación los gobiernos, los organismos de desarrollo, las organizaciones de las Naciones Unidas y grupos del sector independiente en todas las áreas en las cuales la actividad económica humana tenga efectos sobre el medio ambiente.


El Programa debe estudiarse juntamente con la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y los principios para la ordenación sostenible de los bosques. El programa y tres convenios multilaterales sobre Cambio climático, Diversidad biológica, y lucha contra la desertificación fueron aprobados en la Conferencia, conocida como Cumbre para la Tierra, celebrada en Río de Janeiro (Brasil) del 3 al 14 de junio de 1992.


4. Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo [arriba] 


Como se dijo precedentemente, entre el 3 y el 14 de junio de 1992 se llevó a cabo en Rio de Janeiro la Cumbre para la tierra, un encuentro mundial que produjo entre otros documentos: una Declaración de principios para la cooperación entre los Estados, entre los sectores claves de las sociedades y entre las personas.


Reforzando el objetivo propuesto en la Conferencia de Estocolmo en 1972, de establecer una alianza mundial para preservar y mejorar el medio humano, la Declaración de Rio de 1992 proclama una serie de 27 principios que sirven de guía e inspiración para las políticas públicas y decisiones que los Estados y las personas adopten para alcanzar el desarrollo sustentable.


Tales principios parten de una concepción humanista del derecho ambiental, en contraposición a la concepción eco-centrista del ecologismo conservacionista. Así lo expresa el primer principio que consagra al hombre como centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible y le reconoce un derecho a una vida saludable y productiva, en armonía con la naturaleza.


En consonancia con el humanismo de su concepción, se proclama que los Estados son soberanos de sus recursos naturales pero deben disponer de ellos con cuidado de no dañar el medioambiente, y de modo especial el de otros Estados –Ppio. 2-.


El resto de los principios orientan sobre el modo en que los Estados procurarán alcanzar el desarrollo sostenible. Lo que implica tener en cuenta: la equidad intergeneracional –Ppio 3-; responsabilidades diferenciadas según el nivel de desarrollo de los Estados –Ppio 7-; transferencia de tecnología y ciencia de países desarrollados a países en desarrollo –Ppios 6 y 9- ; reducir y eliminar modalidades de producción y consumo insostenible –Ppio 8-; evitar transferencia de sustancias peligrosas –Ppio 14-; Notificar situaciones de emergencia ambiental –Ppios 18 y 19


Se entiende que la paz, el desarrollo y la protección del medio ambiente son interdependientes e inseparables – Ppio 25- . En este sentido, la erradicación de la pobreza es requisito esencial para el desarrollo sostenible, y la solución pacífica de conflictos se impone sobre la guerra, enemiga del desarrollo sostenible -Ppios 5, 24 y 27-


La protección del medioambiente constituye parte integrante del proceso de desarrollo, el que implica la participación de todos los ciudadanos interesados, especialmente las mujeres, jóvenes y los indígenas por sus aptitudes diferenciadas –Ppios 4, 10, 20, 21 y 22-.


Participar en la toma de decisiones sobre cuestiones ambientales y desarrollo implica el acceso a la información sobre el peligro que encierran determinadas actividades humanas. Participar implica para el Estado la obligación de proveer procedimientos y procesos adecuados para canalizar las discusiones y debates en los ámbitos administrativo y judicial. Por ejemplo: procesos de evaluación de impacto ambiental.


En las decisiones que se adopten debe tenerse en cuenta el principio de precaución y la obligación de internalizar los costos ambientales (externalidades negativas) para el contaminador – Ppio 15 y 16- Todas las acciones han de fundarse en la cooperación de buena fe y con espíritu de solidaridad. –Ppio 27-


5. Carta Encíclica Laudato Si [arriba] 


En junio de 2015, el Papa Francisco[4] presentó su Carta Encíclica “Laudato si” Sobre el cuidado de la casa común[5]. Este documento firmado el 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, del año 2015 interpela no sólo a los cristianos, sino a cada persona que habita este planeta (Núm. 3) a un cambio de actitudes, fundadas en motivaciones y exigencias de la fe, para encarar el desafío urgente de proteger nuestra casa común, la naturaleza, la creación.


El Papa Francisco, autoridad máxima de la Iglesia católica apostólica romana, y del Estado Vaticano, actor indiscutido de la política internacional, ha tenido en cuenta los diagnósticos y análisis científicos sobre la delicada situación ambiental planetaria – contaminación, residuos y cultura del descarte; cambio climático; escases y contaminación de agua; pérdida de la biodiversidad; caos urbano; inequidad social- así como las reflexiones e invocaciones de sus predecesores Beato Pablo VI, San Juan Pablo II y Benedicto XVI; y las del Patriarca de la Iglesia católica ortodoxa Bartolomé.


En la misma línea teológica y filosófica de sus predecesores, y con una visión sistémica e interdisciplinaria de la complejidad propia de la problemática ambiental, Francisco resalta que la crisis ambiental tiene raíces éticas y espirituales, que nos invitan a encontrar soluciones no solo en la técnica, sino en un cambio actitudinal profundo del ser humano; quien actuando con responsabilidad produzca procesos de diálogo transparentes en la toma de decisiones políticas, sociales y económicas, que conduzcan hacia un desarrollo sostenible e integral – económico, moral y cultural- que tenga especial cuidado por el medioambiente.


El cambio actitudinal consiste en apostar por otros estilos de vida, modelos de producción y de consumo, que sean diferentes al modelo consumista compulsivo del paradigma tecno-económico. Se trata de abandonar el antropocentrismo dominador por un humanismo responsable y cuidadoso de la naturaleza -Hermana nuestra madre tierra- (Núm. 1). Este cambio de paradigma implica que el ser humano sea capaz de concebir a los bienes de la creación, no sólo como recursos naturales que sirven a los fines inmediatos del uso y consumo; sino que perciba otros significados de su ambiente natural, como reflejos de la bondad y belleza de Dios. Todo lo cual implica una verdadera Conversión ecológica global (Núm. 5).


Esta conversión ecológica global debe darse de manera integral, en los distintos aspectos: ambiental, económico, social y cultural, ya que no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola compleja crisis socio-ambiental. (Núm. 139). Por ese motivo, la conversión o cambio actitudinal debe darse en todas y cada una de las esferas de relaciones o ambientes sociales, ya que “cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales. En ese sentido, la ecología social es necesariamente institucional, y alcanza progresivamente las distintas dimensiones que van desde el grupo social primario, la familia, pasando por la comunidad local y la nación, hasta la vida internacional. Dentro de cada uno de los niveles sociales y entre ellos, se desarrollan las instituciones que regulan las relaciones humanas. Todo lo que las daña entraña efectos nocivos, como la pérdida de la libertad, la injusticia y la violencia” (Núm. 142).


En la Carta se mencionan los esfuerzos infructuosos de la política internacional, que en el marco de la ONU, se intentaron en pos de encontrar formas diferentes de gestión internacional en orden a resolver las graves dificultades ambientales y sociales; formas que tiendan a programar una agricultura sostenible y diversificada, desarrollar formas renovables de energía, fomentar una mayor eficiencia energética, promover una gestión adecuada de los recursos forestales y marítimos y asegurar a todos el acceso al agua potable. (Núm. 164). Señala tambien la Carta que las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. (Núm. 168)


Para el cambio propuesto por la Encíclica se puede recurrir a la Fe, la que puede proveer de motivaciones y exigencias a la conducta de los creyentes según el modelo de San Francisco de Asís (Núm. 218),…” porque lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir”… “porque no será posible comprometerse en cosas grandes sólo con doctrinas sin una mística que nos anime, sin unos móviles interiores que impulsan, motivan, alientan y dan sentido a la acción personal y comunitaria” … “No siempre los cristianos hemos recogido y desarrollad las riquezas que Dios ha dado a la Iglesia, donde la espiritualidad no está desconectada del propio cuerpo ni de la naturaleza o de las realidades de este mundo, sino que se vive con ellas y en ellas, en comunión con todo lo que nos rodea. (Núm. 216).


Conclusiones [arriba] 


De una lectura y análisis comparativo entre la Declaración de Rio 92 junto a sus antecedentes, y la Carta Encíclida Laudato si, surgen varios puntos. En primer lugar, cabe considerar que ninguno de los documentos son vinculantes para sus destinatarios (Estados y ciudadanos miembros de la ONU; y habitantes del planeta, por cuanto sus textos solo expresan deseos y proclaman principios de acción para la protección y cuidado del medioambiente.


En segundo término, la Declaración de Rio 92 puede considerarse fuente de la Carta Encíclica, por cuanto ésta última profundiza muchos de los conceptos y postulados de aquella. Tales los principios 1. Ser humano centro de las preocupaciones; 3. Equidad intergeneracional; 4. La protección del medioambiente es parte del desarrollo; 5. Erradicar la pobreza como requisito indispensable del desarrollo; 7. Responsabilidades comunes pero diferenciadas; 8. Reducir y eliminar modalidades de producción y consumo insostenibles; 10. Dialogo participativo en la toma de decisiones sobre medioambiente; 15. Principio precautorio; 17. Evaluación de Impacto ambiental; 22. Papel fundamental de las comunidades indígenas.


En tercer lugar, y en cuanto a lo que cada documento se propone, cabe decir que por medio de la Declaración de Rio 92, la comunidad internacional se propone recomendar estrategias de desarrollo, formas de cooperación entre Estados hacia el objetivo común del Desarrollo sustentable, sobre la base de la interacción entre población, recursos, ambiente y desarrollo. Mientras que a través de la Carta Encíclica, la Iglesia reconoce que hay discusiones sobre cuestiones relacionadas con el ambiente donde es difícil alcanzar consensos; y luego de expresar que la no pretende definir cuestiones científicas ni sustituir a la política, invita a un debate honesto y transparente, para que las necesidades particulares y la ideología no afecten al bien común.


En cuarto lugar, si bien ambos documentos invitan a un cambio de actitudes, valores y comportamientos, la Declaración de Rio aspira a que estos cambios actitudinales de cuidado al ambiente se vean reflejados en las estructuras políticas y económicas, nacionales e internacionales; mientras que la Carta Encíclica busca profundizar esos cambios de valores en el centro mismo de la cultura, la ética y la religión, en la inteligencia de que todos los sistemas están interconectados de manera interdependiente.


Finalmente, puede decirse que aun cuando la Declaración de Rio se refiera a la relación económica entre el hombre y la naturaleza (con un sentido utilitario de los recursos naturales), y en cambio la Carta encíclica considere un nuevo actor en medio de la relación del hombre con la naturaleza (interpretando a los bienes de la naturaleza como expresión de belleza y de bondad de Dios creador), ambas manifestaciones pueden considerarse fuentes del Derecho ambiental, porque expresan principios de derecho ambiental, en cuanto base de legislación, metas a alcanzar y pautas de interpretación frente a conductas individuales.


Ciertamente la Encíclica Laudato Si puede considerarse fuente de derecho ambiental por cuanto busca la integración de los sectores fragmentados o especializados de la realidad y de la vida del hombre (espíritu y naturaleza), desde el enfoque sistémico de la complejidad y la multidisciplinariedad, según directrices o principios que no son resultado de construcciones teóricas, sino que nacen a partir de necesidades prácticas de supervivencia y convivencia armónica.


 


 


Notas [arriba] 


* M. Liliana Araoz es abogada por la Universidad Nacional de Tucumán, magistrando en RRII, Mediadora judicial; Presidente de Fundación Sustentarnos; Becaria del Centro de Estudios canadienses; -Investigadora en Proyectos CIUNT, UNSTA y PICTO. -Ha publicado en revista jurídica La Ley sobre temas de mediación y de derecho ambiental. - Ha trabajado como asesora en la Comisión de medioambiente de la H. Legislatura de Tucumán. – Es miembro de la Alianza Francesa de Tucumán y Representante por la mesa de diálogo interreligioso en el organismo asesor del ente del bicentenario 2016.


[1] El concepto de Desarrollo Sustentable surge del informe Bruntland.
[2] Lo resaltado en cursivas corresponde al texto de Mal Green, Guillermo y Spensley, James W. “Aproximación a una teoría de los Principios del Derecho Ambiental”. La Ley 1994-D 986
[3] Tradicionalmente la economía ha buscado la forma de maximizar el uso de los recursos en función de necesidades humanas ilimitadas. Actualmente y en respuesta al problema ambiental, han surgido teorías que apuntan a limitar las necesidades humanas diferenciando entre aspiraciones (lujo, confort, placer) y verdaderas necesidades (alimenticias, salud, vivienda, sanidad, etc.)
[4] Francisco, de nombre secular Jorge Mario Bergoglio es el 266.º y actual papa de la Iglesia católica. Como tal, es el jefe de Estado y soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano.
[5] “Laudato Si, mi Signore- Alabado seas, mi señor”, cantaba San Francisco de Asís… Así comienza la redacción de la Carta Encíclica. Francisco, Papa “Laudato Si: sobre el cuidado de la casa común”. 1ª ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Conferencia Episcopal Argentina Oficina del Libro, 2015.