Doctrina
Título:Victimización de violencia sexual y mitos sobre la agresión sexual en jóvenes españoles
Autor:Novoa, Carlota - Seijo, Dolores - Vilariño, Manuel
País:
España
Publicación:Revista Iberoamericana de Justicia Terapéutica - Número 6 - Marzo 2023
Fecha:17-03-2023 Cita:IJ-IV-CXLVI-750
Índice Ultimos Artículos Archivos
Sumarios

Desde Justicia Terapéutica se presta especial atención a los procesos de victimización. Entre ellos destaca la victimización de la violencia sexual por el potencial dañino que posee sobre la salud de la víctima. Los objetivos de este trabajo se centran en analizar la victimización y la cibervictimización sexual en jóvenes españoles y estudiar la aceptación de mitos sobre la agresión sexual (MAS) por parte de los participantes. Además, se contemplan los efectos que sobre estas variables puedan ejercer el sexo y el momento de la recogida de datos (confinamiento vs. postconfinamiento). En el estudio participaron 377 jóvenes (322 mujeres y 55 hombres), con edades comprendidas entre los 18 y los 21 años. La selección de la muestra fue accidental. Los datos se recabaron mediante una batería de cuestionarios que se difundió on-line. Los instrumentos aplicados fueron la escala Peer Sexual Harassment Scale, que mide violencia sexual, la escala Peer Sexual Cybervictimization/SCV, que evalúa cibervictimización sexual, y Acceptance of Modern Myths About Sexual Aggression/AMMSA, que determina el nivel de aceptación de los MAS. Los resultados revelaron, primero, una victimización y cibervictimización de violencia sexual significativamente mayor en mujeres, segundo, una aceptación mayor de los MAS en varones, y tercero, que la pandemia no parecería tener efectos sobre los niveles de victimización ni sobre la aceptación de los MAS. Los resultados apoyan poner en marcha una línea de actuación preventiva dirigida a los varones en orden de disminuir los MAS.


Palabras clave: Violencia sexual, Mitos sobre agresión sexual, Justicia Terapéutica; Jóvenes.


Therapeutic Jurisprudence is specially focused on victimization processes. Among these, the victimization of sexual violence stands out due to its potentially harmful effects on the victim's health. The aim of this work is to analyze sexual victimization and cybervictimization in Spanish youth and to study g the acceptance of myths about sexual aggression (MSA) by the participants. In addition, the effects of gender and the moment of data collection (confinement vs. post-confinement) are considered. The study involved 377 subjects (322 women and 55 men) aged between 18 and 21 years. Sample selection was accidental. The data were collected through a battery of questionnaires that were completed online. The instruments applied were the Peer Sexual Harassment Scale that measures sexual violence, the Peer Sexual Cybervictimization/SCV scale that assesses sexual cybervictimization, and the Acceptance of Modern Myths About Sexual Aggression/AMMSA that determines the level of acceptance of MSA. The results showed, first, significantly higher victimization and cybervictimization of sexual violence in females, second, higher acceptance of MSA in males, and third, that the pandemic would appear to have no effect on the levels of victimization or acceptance of MSA. The results support the implementation of a preventive line of action aimed at men in order to reduce the incidence of MSA.


Keywords: Sexual violence; Sexual assault myths; Therapeutic Jurisprudence; Youth.


I. Introducción
II. Método
III. Resultados
Discusión
Referencias

Victimización de violencia sexual y mitos sobre la agresión sexual en jóvenes españoles

Dolores Seijo*
Carlota Novoa
Manuel Vilariño**

I. Introducción [arriba] 

La Justicia Terapéutica pone especial interés en los procesos de victimización (Camplá, Novo, y Vázquez, 2020; Novo, Fariña, y Vázquez, 2020), tanto a escala preventiva como de reparación (Bueno, 2023). De este modo, presta atención a la victimización sexual al tratarse de un fenómeno frecuente con graves consecuencias para las personas que, lamentablemente, ha constituido parte de la normalidad del acontecer humano en cualquier lugar del mundo (Tardón, 2022). Para Naciones Unidas (ONU, 2010) la violencia sexual es una de las formas más graves de violencia, que atenta contra derechos fundamentales de las personas como la integridad, la indemnidad, la libertad y la autodeterminación. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2013) especifica que la violencia sexual comprende, pero no se limita, una serie de situaciones como violación en el matrimonio o en citas amorosas, violación por desconocidos o conocidos, insinuaciones sexuales no deseadas o acoso sexual (en la escuela, el lugar de trabajo, etc.), violación sistemática, esclavitud sexual y otras formas de violencia particularmente comunes en situaciones de conflicto armado (por ejemplo fecundación forzada), abuso sexual de personas física o mentalmente discapacitadas, violación y abuso sexual de niños y formas “tradicionales” de violencia sexual, como el matrimonio o la cohabitación forzados y la “herencia de viuda” (OMS, 2013, p. 1).

Del mismo modo y como señalan Camplá et al. (2020), la victimización sexual también puede producirse mediante el uso de la tecnología, lo que sucede en situaciones de acoso sexual vía virtual, la publicación en internet de textos o imágenes sexuales privadas sin consentimiento o a través del chantaje o enviar imágenes sexuales no solicitadas (DeKeseredy y Schwartz, 2016; Hayes y Dragiewicz, 2018; Huiskes, Pimenta, y Caridade, 2022; Salter, 2016). Contamos con estudios que relacionan la práctica de conductas sexuales violentas con el libre y fácil acceso que existe en la actualidad a pornografía en la red (Alario, 2020). Los más jóvenes pueden imitar aquellas conductas que visualizan, no siendo estas educativas y aprendiendo todo tipo de prácticas que atentan contra los derechos de las mujeres, a las cuales erotizan.

En estos servidores se puede acceder a apartados como “violaciones”, lo cual muestra aquello conocido como la “cultura de la violación”. Este último término hace referencia a “toda la estructura que justifica, alimenta, acepta y normaliza la existencia de violencia sexual” (Tardon, 2022, p. 16). En esta se permite todo tipo de comportamientos que, en otro tipo de contexto, serían totalmente reprochables; ahora bien, como existe penetración de por medio, no se percibe de la misma manera (de Miguel, 2022). En la pornografía, los jóvenes aprenden acerca de la sexualización de mujeres aniñadas (sexualizando así a las menores de edad), cuyo único fin es dar placer sin importar las condiciones. Es importante señalar que los vídeos con más visitas son aquellos en los que se muestra a chicas sufriendo, mientras que los hombres disfrutan de la práctica.

No obstante, se ha de señalar que estos delitos se llevan practicando desde la antigüedad, por lo que los factores tecnológico y pornográfico, aunque debe ser tenido en cuenta, no son los únicos que se deben considerar en la explicación de la violencia sexual.

Entre los principales motivos de la existencia de violencia sexual están los pensamientos y creencias que fomentan la violencia sexual masculina. Además, junto a estos, los estereotipos de género juegan un papel fundamental en la justificación de la violación y en otro tipo de conductas sexuales violentas (de Miguel, 2022). Estos mitos sobre la agresión sexual (MAS) se fundamentan, principalmente, en el conjunto de creencias erróneas que se han ido construyendo sobre la violencia sexual, las víctimas y los agresores. Estos mitos sirven para negar, minimizar o justificar la violencia de los hombres contra las mujeres (Camplá, Gancedo, Sanmarco, Montes, y Novo, 2022) e interfieren en la identificación de las agresiones (Jung, Faitakis, y Cheema, 2020; Newins, Wilson, y White, 2018). Los MAS no sólo condicionan la percepción social a la hora de calificar un hecho como violencia sexual, sino que, además, impactan sobre la víctima. Así, contribuyen a que esta acabe dudando de sí misma y de la gravedad de lo acontecido. Un ejemplo paradigmático de esta mitología es la culpabilización de la propia víctima. Para la medida de estos mitos se ha acudido a diferentes “escalas de aceptación”. Esto permite analizar la percepción que la población posee hacia las distintas formas de violencia sexual que se pueden ejercer sobre las mujeres.

En España y atendiendo a las estadísticas ofrecidas por el Consejo General del Poder Judicial (2022), en los dos últimos años el número de asuntos incoados, víctimas y denunciados por agresión sexual ha descendido en relación con los años 2018 y 2019 (ver Tabla 1). Una posible explicación de este hecho puede encontrarse en la situación de pandemia que se ha vivido.

Los datos ofrecidos en la Memoria del Consejo General del Poder Judicial (2022), en relación con las medidas cautelares dictadas sobre las personas denunciadas cuando éstos son jóvenes (de 18 a 24 años), reflejan oscilaciones cuya causa podría hallarse también en pandemia (ver Tabla 2).

Los resultados de la violencia sexual contra la mujer son alarmantes pero, además, debe tenerse en cuenta que se trata del tipo de delito con mayor cifra negra u oculta (Seijo y Villanueva, 2022) y que, por tanto, las estadísticas oficiales no recogen plenamente su prevalencia, al no denunciarse ni condenarse muchas de estas conductas (Ballesteros y Blanco, 2021; Krahé et al., 2015).

En España, la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer (MVM), que se lleva a cabo aproximadamente cada cuatro años, es el informe estadístico más importante en relación con este fenómeno delictivo y permite un mayor acercamiento a las cifras reales. La realizada por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género en 2019 muestra como 1 de cada 2 mujeres (57.3%) residentes en España, de 16 o más años, han sufrido violencia a lo largo de sus vidas por ser mujeres. En relación con la violencia sexual, el 13.7% de las mujeres la ha sufrido a lo largo de la vida y el 1.8% en los últimos 12 meses. Además, un 2.2% de aquellas con 16 o más años han sido violadas alguna vez en su vida, de las que el 50.4%, en una sola ocasión y el 49.6%, en más de una. De estas últimas, el 41% especificaba que esto sucedía al menos una vez al mes. En cuanto al acoso sexual, el 40.4% de las mujeres informaba haberlo sufrido en algún momento de sus vidas y el 10.2%, en los últimos 12 meses.

Por otra parte el 53% de las mujeres que han sufrido violencia sexual fuera de la pareja señalaron que les había acarreado consecuencias psicológicas; este porcentaje ascendía al 78.9% entre las víctimas de una violación. Para afrontar el abuso sexual sufrido, el 12.7% de las mujeres reconocieron haber consumido alguna sustancia (medicamentos, alcohol o drogas).

La pandemia por el COVID-19 parece haber incidido negativamente, aumentando la violencia sexual que sufre la mujer. Tal y como informa la ONU en su página web dedicada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la pandemia ha supuesto un fuerte incremento del fenómeno. En este sentido, el confinamiento potencia los factores de riesgo de violencia de género individuales y sociales, al incrementarse el aislamiento y los obstáculos para solicitar ayuda, así como para la denuncia (Lorente-Acosta, 2020). Los datos de la Encuesta sobre Comportamientos de Riesgo Juvenil (The Youth Risk Behavior Surveillance System), realizada en 2021 por el Center for Disease Control and Prevention, y otros estudios (Álvarez-Muelas, Gómez-Berrocal, y Sierra, 2020) apuntan en esta misma dirección. Así, se recoge que, en Estados Unidos, el 14% de las adolescentes indicaban que habían sido obligadas a tener relaciones sexuales, lo que supone un incremento del 27% en solo dos años. En general, los datos ofrecen peores resultados para las jóvenes que para los jóvenes. Sin duda, la violencia sexual representa, tal y como advierte la OMS (2021), un importante problema de salud pública que necesita tener un tratamiento adecuado desde los sistemas sanitario, educativo y jurídico.

Considerando todo lo expuesto, el objetivo de este estudio es doble: a) analizar la victimización de violencia y ciberviolencia sexual en una muestra de jóvenes españoles y b) determinar la presencia de los MAS en dicha muestra. Adicionalmente, para estos análisis se contemplará la influencia del sexo y la situación de pandemia.

II. Método [arriba] 

II.1. Participantes

Participaron un total de 377 jóvenes, 55 hombres y 322 mujeres, con edades que oscilaban entre los 18 y 21 años (M=20.10; DT=1.08). Con respecto a la formación, el 59.2% poseía estudios primarios (223 sujetos), el 38.7%, secundarios (146), un 1.9%, primarios (7 sujetos) y un 0.3%, carecía de estudios (un participante). A escala laboral, solo el 16.3% poseía algún tipo de profesión, mientras que el 83.7% eran estudiantes. Aunque se recabó muestra de todo el Reino de España, la mayoría de los encuestados son de Galicia (un 79.3%). Finalmente, atendiendo al momento temporal de la recogida de datos, el 43.5% (n = 164) de la muestra cumplimentó los cuestionarios durante el confinamiento y el 56.5%, en la etapa de normalidad (n = 213).

II.2. Procedimiento

La recogida de datos se realizó durante los meses de abril de 2020 y junio de 2021. Para ello se recurrió a un cuestionario online con el que se obtuvo información sociodemográfica de los participantes (edad, sexo, lugar de residencia, formación académica, fecha de cumplimentación de la encuesta), así como los datos correspondientes a las escalas incluidas en la encuesta. El documento se difundió por diferentes redes sociales (Instagram, Twitter…), correo electrónico y WhatsApp. La muestra fue obtenida de forma accidental, siendo la participación voluntaria y adoptándose como requisito la mayoría de edad. Al inicio de la encuesta se les informaba de que la información recabada sería tratada de modo confidencial y con meros fines de investigación y que se acataba la Ley Orgánica 3/18 de Protección de Datos (LOPD). Además, se habilitó una casilla que debía ser marcada obligatoriamente por los participantes en la que se indicaba que daban su consentimiento de forma voluntaria para la participación en el estudio.

II.3. Instrumentos de medida

Además de recabar datos de identificación y de tipo sociodemográfico (edad, sexo, momento de recogida de los datos, etc…), se aplicaron los siguientes instrumentos:

a) Para evaluar la victimización sexual, se utilizó la Peer Sexual Harassment Scale (Ortega, Sánchez, Ortega-Rivera, Nocentini, y Menesini, 2010). Es una versión adaptada al español para evaluar la victimización sexual. Está formada por 14 ítems tipo Likert de 5 puntos que van de 0 (nunca) a 4 (diariamente). Consta de dos factores para medir el acoso sexual: acoso sexual visual-verbal, dimensión que consiste en comportamientos que incluyen insultos, bromas, pero, también, comportamientos con un importante componente visual, como insultos a través de grafitis o chistes que muestran pornografía, y acoso sexual por contacto físico, incluyendo todos los comportamientos dirigidos en la cooperación sexual que implique contacto físico. Esta escala presenta un α de .73 para la escala total y de .54 y .57 para el componente visual-verbal y factor físico, respectivamente.

b) Para evaluar la cibervictimización sexual se aplicó la escala Peer Sexual Cybervictimization/SCV (Sánchez, Muñoz-Fernández y Vega-Gea, 2017). Está formada por 9 ítems tipo Likert de 5 puntos que van de 0 (nunca) a 4 (diariamente) (p. e. “Habla de sexo contigo por Internet” o “Te ha escrito mensajes sexuales”). Consta de dos factores: cibervictimización sexual ambigua (ASCV), que abarca los intercambios sexuales cuyo contenido no hacía referencia directa a la persona que recibía esos mensajes, y cibervictimización sexual personal (PSCV), que se refiere a la recepción de insultos sobre el comportamiento y la identidad sexual de la víctima, así como a las solicitudes de imágenes sexuales personales no deseadas. Esta escala presenta una consistencia interna de .973 para el factor ASCV y de .970 para PSCV.

c) Para evaluar el nivel de aceptación de los mitos se aplicó la escala Acceptance of Modern Myths About Sexual Aggression/AMMSA) (Megías, Romero-Sánchez, Durán, Moya, y Bohner, 2011). Esta escala, unifactorial, unidimensional y autoinformada evalúa el grado de aceptación de los mitos modernos que giran en torno a las agresiones sexuales (i.e., “En lugar de preocuparse por supuestas víctimas de violencia sexual, la sociedad debería atender problemas más urgentes, como es la destrucción medioambiental”). Está compuesta por 30 ítems, cuyas opciones de respuesta en formato tipo Likert van de 1 (Totalmente en desacuerdo) hasta 7 (Totalmente de acuerdo), de modo que una mayor puntuación se relaciona con actitudes más favorables hacia las agresiones sexuales. Esta escala ha sido validada en población general, mostrando una elevada consistencia interna en sus diferentes versiones (α de Cronbach entre .90 y .95).

II.4. Análisis de datos

En primer lugar, se calcularon los descriptivos (frecuencias, porcentajes, media, desviación típica) de los participantes correspondientes a las variables edad, sexo, formación académica y fecha de cumplimentación de la encuesta. Luego se calcularon descriptivos para conocer la victimización de violencia sexual y ciberviolencia sexual. Se trataron de identificar las diferencias que existían de acuerdo a distintos momentos en relación con la pandemia. Para ello, se tuvieron en cuenta dos instantes temporales en circunstancias diferentes. Por un lado, aquel denominado como “confinamiento” se refiere al período en el que se mantenían las restricciones y limitaciones de todo tipo. Por otro lado, aquel denominado como “post-confinamiento” abarca el momento desde el levantamiento de todas las medidas hasta la actualidad. Para determinar la existencia de diferencias entre ambos momentos temporales se realizó la prueba t de Student para muestras independientes. Este estadístico fue empleado para analizar las diferencias en función del sexo. Además, se realizaron estos mismos contrastes para determinar si había diferencias en función del sexo y del momento temporal en la presencia de los MAS. Finalmente, como tamaño del efecto se calculó la d de Cohen.

III. Resultados [arriba] 

III.1. Victimización de violencia sexual y ciberviolencia sexual

Se obtuvieron un total de 329 respuestas para cada uno de los tipos de victimización presentados (ver Tabla 3).

Si comparamos la victimización entre sexos (Tabla 4), los resultados muestran que las mujeres informaron de un padecimiento significativamente mayor (Mvarones=6.1; Mmujeres = 9.91; t = -4.48; p < .001) con un tamaño de efecto grande (d = 1.56). Por dimensiones, también eran las mujeres las que presentaban puntuaciones significativamente más altas tanto en violencia verbal (Mvarones = 3.95; Mmujeres = 5.5; t= -3.07; p < .05), con tamaño de efecto grande (d = 1.01), como en violencia física (Mvarones= 2.15; Mmujeres = 4.41; t = -5.29; p < .001).

En relación con la cibervictimización (ver Tabla 5) se observó, en idéntica dirección, que las mujeres la sufrían significativamente en mayor medida (Mvarones =4.8; Mmujeres = 6.91; t = -2.55; p < .05) con un tamaño del efecto grande (d = 1.16).

En cuanto al momento temporal (confinamiento vs postconfinamiento) los resultados obtenidos no arrojaron diferencias significativas en victimización sexual (ver Tabla 6).

        

Tampoco se obtuvieron resultados significativos en cibervictimizacion en función del momento temporal (ver Tabla 7).

III.2. Análisis de los mitos sobre la agresión sexual (MAS)

Con relación con los MAS, como se puede observan en la Tabla 8, los resultados mostraron que su aceptación era significativamente mayor en la muestra masculina, con un tamaño de efecto grande.

De nuevo, no se evidenciaron diferencias significativas (Tabla 9) en función del momento temporal (confinamiento vs. postconfinamiento).

Discusión [arriba] 

Antes de presentar la discusión del estudio, hemos de centrarnos en sus limitaciones. En primer lugar, el muestreo empleado, de carácter no probabilístico, así como el tamaño muestral no garantizan la representatividad de la muestra. Además, la distribución por sexo está desequilibrada (55 hombres frente a 322 mujeres). Esto exige cautela en las generalizaciones que pretendan realizarse. En segundo lugar, las medidas de victimización sexual se obtuvieron mediante cuestionarios que se fundamentan en percepciones subjetivas de las participantes. Así, el empleo de otras medidas o una operativización (p. e., datos policiales o judiciales) de las variables podría haber arrojado resultados diferentes. Finalmente, no se ha controlado la deseabilidad social en las respuestas dadas al AMMSA.

Siendo conscientes de estas limitaciones reflexionamos de forma cautelosa respecto a las conclusiones. Los resultados informan de una mayor victimización sexual en mujeres que en hombres, tanto para la violencia sexual verbal como física. Además, esta victimización más elevada no se limita a las formas tradicionales de violencia sexual, sino que es generalizable a modalidades más actuales como la ciberviolencia. Estos hallazgos son consistentes con la literatura previa que registraba valores de victimización superiores en las mujeres (Andrés-Pueyo et al. 2020) y también con los informes más actuales (CGPJ, 2022).

En segundo lugar, el estudio de los MAS reveló, en sintonía con trabajos previos (Camplá et al., 2022; Marcos, Vilariño, y Novo, 2021; Russell y Hand, 2017), una aceptación mayor de estos mitos por parte de los hombres, esto es, se evidencia una mayor presencia y asunción de creencias erróneas sobre la violencia sexual que la niegan, la minimizan o la justifican. Detrás de la aceptación de estos mitos podría estar jugando un papel relevante el consumo de pornografía (Marcos, Villaverde, y Cea, 2022).

En tercer lugar, aunque se contempló la posibilidad de que la situación de pandemia podría mediar las variables analizadas, en los resultados obtenidos no se verificaron diferencias en función del momento temporal en los niveles de victimización sexual. A pesar del descenso en el número de casos incoados sobre violencia sexual de los años 2020 y 2021 con respecto al bienio precedente, evidenciado en la Memoria del Consejo General del Poder Judicial (2022), que podría ser atribuible a los efectos de la pandemia, los datos hallados en este trabajo no refrenda, al menos a escala de autoinforme, variaciones en los niveles de victimización sexual. Por otro lado, y congruentemente con esta misma evidencia, no se registró efecto alguno de la pandemia sobre la asunción de los MAS.

A nivel social existe un cierto grado de aceptación de la violencia sexual, lo cual podría explicar parte de su prevalencia (Camplá et al., 2022). Muchos son los comportamientos delictivos que parte de la población no concibe como de tal calibre o para los cuales no se presenta un grado de reproche ajustado al daño que padece la víctima que lo sufre, cuyas consecuencias se encuentran minimizadas e invisibilizadas. Ahora bien, este tipo de sesgos en la formación de juicios, significativamente presentes en los delitos sexuales, no se aprecian en otros delitos (Bieneck y Krahé, 2011).

La concienciación y la educación sexual son factores determinantes para evitar este tipo de comportamientos delictivos que se han llevado a cabo a lo largo de los años y los cuales, hasta hace relativamente poco, no se concebían con el mismo nivel de reprochabilidad que en la actualidad. Por ello, cada vez más son las víctimas que denuncian este tipo de hechos y que recurren a los servicios públicos que se encuentran a su disposición. Las nuevas generaciones parecen poseer un mayor nivel de sensibilización en relación a este fenómeno, ya que es habitual observar en los medios de comunicación como continuamente se exponen casos en relación a estos delitos. De esta manera se pretenden visibilizar estos sucesos para que sean objeto de debate y provoquen cambios en las políticas públicas; es así como, a raíz de diferentes casos, se han conseguido cambios a nivel legislativo y la introducción de nuevos tipos penales que anteriormente no se registraban como tales. La Justicia Terapéutica tiene un importante papel en este ámbito en el marco de uno de sus objetivos fundamentales: la promoción de los cambios legislativos con el fin de optimizar el bienestar de los usuarios de la justicia, tanto de las víctimas, apoyando cambios legales que garanticen una mayor protección, como de los victimarios, actuando desde la prevención educativa o desde la intervención penitenciaria y promoviendo programas con la finalidad de neutralizar los sesgos cognitivos existentes.

Financiación: Este artículo ha sido elaborado en el marco del proyecto de desarrollo de medidas de Pacto de Estado contra la violencia de género de la Universidad de Santiago de Compostela (2022-PU007).

Referencias [arriba] 

Alario, M. (2020). La reproducción de la violencia sexual en las sociedades formalmente igualitarias: Un análisis filosófico de la cultura de la violación actual a través de los discursos y el imaginario de la pornografía. Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. Madrid, España: Ministerio de Igualdad.

Álvarez-Muelas, A., Gómez-Berrocal, C., y Sierra, J. C. (2020). Relación del doble estándar sexual con el funcionamiento sexual y las conductas sexuales de riesgo: revisión sistemática [Relationship of sexual double standard with sexual functioning and risk sexual behaviors: a systematic review]. Revista Iberoamericana de Psicología y Salud, 11, 103-116. https://doi.org/10.23923/j.rips.2020.02.038

Andrés-Pueyo, A., Nguyen, T., Rayó, A., y Redondo, S. (2020). Análisis empírico integrado y estimación cuantitativa de los comportamientos sexuales violentos (no consentidos) en España. Violencia sexual en España: una síntesis estimativa. Madrid, España: Ministerio del Interior. Secretaría General Técnica.

Ballesteros, E., y Blanco, F. (2021). Las estadísticas de criminalidad sexual en España: una propuesta de caracterización. EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales, 50, 137-174. https://doi.org/1 0.5 944/empiria. 50.2021.30375.

Bieneck, S., y Krahé, B. (2011). Blaming the victim and exonerating the perpetrator in cases of rape and robbery: Is there a double standard? Journal of interpersonal violence, 26(9), 1785-1797. https://doi.org/10.1177/0886260510372945

Bueno, L. (2023).Una revisión bibliográfica y jurisprudencial de la Justicia Terapéutica como nuevo paradigma iuspsicológico. Anales de la Cátedra Francisco Suárez, 57, 145-169. https://doi.org/10.30827 /acfs.v57i.23978

Camplá. X., Gancedo, Y., Sanmarco, J., Montes, A., y Novo, M (2022) Study of informal reasoning in judicial agents in sexual aggression cases. Frontiers in Psychology, 13, 866145. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.866145

Camplá, X., Novo, M. y Vázquez, M. J. (2020). La víctima adulta de violencia sexual: procesos de victimización y perspectiva de justicia terapéutica. En F. Fariña, M. S. Oyhamburu y D. B. Wexler (coords.), Justicia terapéutica en Iberoamérica (pp. 193-218). Madrid, España: Wolters Kluwer.

Centers for Disease Control and Prevention (2022). Youth Risk Behavior Surveillance System. Data Summary & Trends Report, 2011-2021. https://www.cdc.gov/healt hyyouth/data/yrb s/pdf/YRBS_Data-Sum mary-Trends_Report2023 _508.pdf

Consejo General del Poer Judicial (CGPJ) (2022). Memoria sobre el estado, el funcionamiento y actividades del Consejo General del Poder Judicial y de los juzgados y tribunales en el año 2021. https://www.poderjudicial.es/cgpj/es/Poder-Judicial/Consejo-General-del-Poder-Judicial/A ctividad-del-CGPJ/Me morias/Mem oria-anual-2022- -correspondiente-al -ejercicio-2021-

De Miguel, A. (2022). Sobre la pornografía y la educación sexual: ¿puede el sexo legitimar a la humillación y la violencia? Gaceta Sanitaria, 24 (2), 379-382 https://doi.org/10.1016/j.gaceta.2020.01.001

DeKeseredy, W. S., y Schwartz, M. D. (2016). Thinking sociologically about image-based sexual abuse: The contribution of male peer support theory. Sexualization, Media, & Society, 2(4), 1–8. http://dx.doi.org/10.11 77/2374623816684692.

Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género (2019). Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019. https://violenciag enero.igualdad. gob.es/violenciaEnC ifras/macroencuest a2015/pdf/Macr oencuesta_2019_est udio_invest igacion.pdf

Hayes, R., y Dragiewicz, M. (2018). Unsolicited dick pics: Erotica, exhibitionism or entitlement? Women’s Studies International Forum, 71, 114–120. https://doi.org/10.1016/j.wsif.2018.07.001

Huiskes, P., Pimenta, M. A., y Caridade, S. (2022). Technology-Facilitated Sexual Violence Victimization during the COVID-19 Pandemic: Behaviors and Attitudes. Journal of Aggression, Maltreatment & Trauma. Avance de publicación online. https://doi.org/1 0.1080/10926771.202 2.2089863

Jung, S., Faitakis, M., y Cheema, H. (2020). A comparative profile of intimate partner sexual violence. Journal of Sexual Aggression, 27 95-105. https://doi.org/ 10.1080/135526 00.2020.1722268

Krahé, B., Berger, A., Vanwesenbeeck, I., Bianchi, G., Chliaoutakis, J., Fernández-Fuertes, A. A., …, y Zygadlo, A. (2015). Prevalence and correlates of young people's sexual aggression perpetration and victimisation in 10 european countries: A multi-level analysis. Culture, Health & Sexuality, 17(6), 682-699. https://doi.org/10.1080/ 13 691058.201 4.989265

Lorente-Acosta, M. (2020). Violencia de género en tiempos de pandemia y confinamiento. Revista Española de Medicina Legal, 46(3), 139-145. https://doi.org/10.1016/j.reml.2020.05.005

Marcos, V., Vilariño, M., y Novo, M. (2021). Mitos sobre las agresiones sexuales en población comunitaria. En Y. Gancedo, V. Marcos, Á. Montes, y J. Sanmarco (Eds.), XIII Congreso [Inter]Nacional de Psicología Jurídica y Forense: Libro de Actas (pp. 167-168). Santiago de Compostela, España: Sociedad Española de Psicología Jurídica y Forense

Marcos, V., Villaverde, P. y Cea, B. (2022). Revisión sistemática sobre consumo de pornografía y su influencia en las conductas sexuales en la infancia. En I. Loinaz, J. Sanmarco, y V. Marcos (Eds.), XIV Congreso [Inter]Nacional de Psicología Jurídica y Forense: Libro de Actas (pp. 501-503). Santiago de Compostela, España: Sociedad Española de Psicología Jurídica y Forense

Megías, J. L., Romero-Sánchez, M., Durán, M., Moya, M., y Bohner, G. (2011). Spanish validation of the acceptance of modern myths about sexual aggression scale (AMMSA). The Spanish Journal of Psychology, 14(2), 912-925. https://doi.or g/10.5209/rev_SJOP.2 011.v14.n2.37

Newins, A. R., Wilson, L. C., y White, S. W. (2018). Rape myth acceptance and rape acknowledgment: The mediating role of sexual refusal assertiveness. Psychiatry Research, 263, 15-21.https://doi.org/10.1016 /j.psychres.2018 .02.029

Novo, M., Fariña, F. y Vázquez, M. J. (2020). Justicia terapéutica en procesos penales con personas menores de edad como víctimas y testigos. En F. Fariña, M. S. Oyhamburu y D. B. Wexler (coords.), Justicia terapéutica en Iberoamérica (pp. 219-240). Madrid, España: Wolters Kluwer.

Organización de Naciones Unidas (ONU). (2010). Manual de legislación sobre violencia contra la mujer. http://www.un.org/wom enwatch/daw/vaw/hand book/Handbook-for-legislati on-on-VAW-(Spa nish).pdf

Organización Mundial de la Salud (OMS). (2013). Comprender y abordar la violencia contra las mujeres. Violencia sexual. https://apps.who.int/iris/ bitstream/handle/1 0665/98821/WHO_RH R_12.37_spa.pdf;seq uence=1

Organización Mundial de la Salud (OMS). (2021). Violencia contra las mujeres estimaciones para 2018. https://www.who.int /es/publications/i/item/9 789 240026681

Ortega, R., Sánchez, V., Ortega-Rivera, J., Nocentini, A., y Menesini, E. (2010). Peer sexual harassment in adolescent girls: A cross-national study (Spain-Italy). International Journal of Clinical and Health Psychology, 10(2), 245-264. http://www.aepc.es/ijchp/ar ticulos_pdf/ijchp-3 49.pdf

Russell, K. J., y Hand, C. J. (2017). Rape myth acceptance, victim blame attribution and Just World Beliefs: A rapid evidence assessment. Aggression and Violent Behavior, 37, 153-160. https://doi.o rg/10.1016/j.avb. 2017.10.008

Salter, M. (2016). Privates in the online public: Sex(ting) and reputation on social media. New Media & Society, 18(11), 2723–2739. http://dx.doi.org/10.11 77/14614448 15604133

Sánchez, V., Muñoz-Fernández, N., y Vega-Gea, E. (2017). Peer sexual cybervictimization in adolescents: Development and validation of a scale. International Journal of Clinical and Health Psychology, 17(2), 171-179. https://doi.org/10.1016/j.ijchp.2017.04.001

Seijo, D. y Villanueva, A. (2022). Victimización sexual en tiempos de COVID. Revista Iberoamericana de Justicia Terapéutica, (5). https://ar.ijeditores.co/ pop.php?option= articulo&Hash= a93e063139f175ee9126563 6366fde26

Tardón, B. (2022). Todo es mentira: cultura de la violación, mitos y falsas creencias sobre la violencia sexual contra las mujeres. Política y sociedad, 59(1), e78892. https://revistas.ucm.e s/index.php/POSO/a rticle/view/78892

 

 

*Código ORCID: 0000-0001-7655-338X. mariadolores.seijo@usc.es
** Código ORCID: 0000-0001-8212-3319
** Unidad de Psicología Forense, Universidad de Santiago de Compostela

Recibido: 08-09-2022- Aceptado: 11-10-2022