ARGENTINA
Doctrina
Título:Introducción conceptual e histórica a la Agricultura Universal
Autor:Frías, Eduardo A.
País:
Argentina
Publicación:Revista Iberoamericana de Derecho Ambiental y Recursos Naturales - Número 30 - Diciembre 2018
Fecha:11-12-2018 Cita:IJ-DXLIV-11
Índice Ultimos Artículos
Introducción conceptual e histórica a la Agricultura Universal
Capítulo I. Situación Histórica Precolombina
Capítulo II. Etapa de la conquista
Capítulo III. Etapa de Independencia
Capítulo IV. Inicio y consolidación de las instituciones estatales
Capítulo V. La Gran Guerra y sus efectos
Capítulo VI. Del Crac de 1929 en EE.UU. y la Argentina
Capítulo VII. Reflexión final

Introducción conceptual e histórica a la Agricultura Universal


Por Eduardo Arnaldo Frías*


Introducción conceptual e histórica a la Agricultura Universal [arriba] 


Desde tiempos remotos, la actividad vital para el Hombre es procurarse los medios para su subsistencia. En procura de ello, no puede desconocerse que Alimentarse es la razón trascendental, innata al ser, por el cual ha desarrollado innumerables transformaciones a su ecosistema circundante, dejando la mera recolección de lo preexistente a lo existente a través de sí, o sea de su actividad antrópica. Hoy, casi no queda lugar en el mundo conocido, donde la mano del hombre no haya intervenido, ya sea para su existencia como para su destrucción.


La agricultura como la vemos hoy (obviamente con sus claros bemoles) data, según los antropólogos, del periodo neolítico. La cultura Sumeria (8500 a. C.) en el Oriente Próximo, posiblemente sea la región más antigua donde se inicio y desarrolló la agricultura como sistema, siendo el Trigo, la Cebada, y algunas legumbres los primeros cultivos en producirse; aunque según los expertos y los registros de la época se producían mijo, nabo, dátiles, cebolla, ajo, lechuga puerro, mostaza; además de eso, se implementaron Bovinos para el trabajo y crianza.


Los antropólogos aclaran que según la región que se analice, las sociedades nómadas y seminómadas “domesticando” ciertas plantas locales, lograron evolutivamente convertirse en centros productivos y consecuentemente en ciudades dependientes de su producción y comercio. La domesticación de cultivos locales también, trajo consigo avances técnicos y tecnológicos destinados a mejorar e incrementar la producción, como en expandir los suelos cultivables, así podemos mencionar la creación de la rueda por el año 3500 a. C., los sistemas de riego por canales, las primeras herramientas de arado, las presas y estanques, como así también el barbecho y la rotación de cultivo; todo estos, cruciales para la humanidad.


En el periodo Uruk (llamado así por su principal ciudad Sumeria y de la época a nivel mundial con casi 80.000 pobladores) dio a la humanidad grandes descubrimientos, la escritura, la contabilidad, los orígenes del Derecho escrito, verbigracia, el Código de Hammurabi de Babilonia, el Código Lipit-Isthar o las Leyes de Eshnunna. Estas últimas contenían, entre otras cosas, impuestos sobre materias primas. Todas estas elaboraciones jurídicas fueron basamento de muchísimos ordenamientos jurídicos a lo largo de la historia, casualmente todos surgidos de ciudades de la baja Mesopotamia y de la región sumeria. Veamos en adelante, un mapa de las ciudades emplazadas a orillas del Tigris y del Éufrates, donde las condiciones climáticas y geomorfológicas eran aptas para el desarrollo del agro:



No simultáneamente, en otras latitudes, la agricultura tuvo también su desarrollo. Por el año 7500 a. C., al este de Asia, más precisamente en el norte y sur de China, bajo la Dinastía Shang y a orillas del río Amarillo, comenzó lentamente el progreso de la agricultura. Los chinos adaptaron sus cultivos locales en sendas producciones agrarias; hicieron confluir un sistema de cultivo y riego por terraza, logrando un aprovechamiento óptimo de los recursos hídricos. Grandes ciudades nacieron en los valles y laderas de montañas que circundan de este a oeste, este curso de agua. En torno a él, en la llanura del norte, surgió la civilización de los Han, el principal grupo étnico del país, cuyo territorio se iría expandiendo después hacia el sur. El río Amarillo es considerado, por ello, la cuna de la civilización china, ya que su cuenca, en concreto, el valle del río Wei que corta a través del largo bucle de Ordos, fue la cuna de las antiguas civilizaciones chinas y la región más próspera de la temprana historia de China. Esto marca cómo las civilizaciones se han desarrollado sobre márgenes y geografías aptas para la agricultura, siendo esta actividad la generadora de grandes avances y transformaciones sociales.



Asia menor, Asia lejana y más tardíamente América, todas, en forma independiente, desarrollaron la agricultura como gran organizador socioeconómico. El nuevo mundo, concepto occidental moderno del continente americano, poco tiene de nuevo. Podemos inducir por estudios, que la actividad agro-cultural precolombina data del 7000 a. C. aproximadamente. Su situación geográfica puede ser dividida en tres regiones: la Mesoamérica (América central), La Región Andina y por último, la Región Norteamericana. Las dos primeras regiones tuvieron temporalmente un impulso más temprano, con mejores avances técnicos y tecnológicos. El agro ha forjado un verdadero culto y forma de organización política económica y divina. Casualmente, en todas las civilizaciones, la primera moneda de cambio fue un producto del cultivo agrícola (Maíz, Café, Trigo, Cacao). Mayas, aztecas e incas han desarrollado grandes técnicas e imperios alrededor del poderío del manejo de los recursos y de los sistemas de cultivo. Si bien estos imperios devienen de tribus con pasado muy ancestral, su evolución nos introduce en el estudio, somero por cierto, del agrarismo precolombino y pos conquista.


Capítulo I. Situación Histórica Precolombina [arriba] 


Algunas prácticas sobre la tierra


Cientos de etnias, tribus, se disputaron el control de vastos territorios óptimos para el cultivo. Pero ¿qué cultivos? ¿Quién trabajaría esos campos? Estas preguntas nos disparan otros interrogantes, como: ¿qué organización social tenían estas tribus evolucionadas en grandes imperios?


Para responder estas preguntas, tenemos que tener en cuenta que el continente americano estaba extensamente poblado y en algunas zonas, con una densidad poblacional muy alta para la época, pero en comparación con poblaciones de otras latitudes, la región que hoy es México rondaba los 25 millones de pobladores; para entender mejor, España y Portugal juntos no superaban los 10 Millones), sobre todo en la Mesoamérica, y la región norte de los Andes, así como en toda la península del Yucatán. Es importante destacar que la mayoría de estas civilizaciones tenía un sistema social diferenciado en clases según su destino, su ocupación u origen o designio divino. Existía una clase campesina destinada a labrar la tierra, que utilizaba e innovaba en cientos de técnicas, que aún en pueblos originarios, se utiliza. El mortero, el cultivo rotativo, el uso del calendario, avance sustancial para el control del tiempo aportó un entendimiento cabal sobre las fechas propicias para la siembra y cosecha de determinados cultivos locales. Es preciso que entendamos que la mayoría de estos imperios acumuló poder a través de conquistas, de su modo de esclavitud a poblados menores.


Analizando los estudios sobre las poblaciones originarias de América, encontramos que todas estas han desarrollado técnicas muy avanzadas sobre el control de los recursos, tales como la tierra, ya sea en su orientación vertical como horizontal, como en el recurso hídrico construyendo diques, estanques, canales de riego. Estos desarrollos no solo para mejorar el potencial de los suelos para la agricultura, sino para controlar efectos naturales provocados por las inundaciones o sequías. Las ruinas de Quilmes en la parte árida de los Valles Calchaquíes, actual provincia de Tucumán, es un claro ejemplo sobre cómo un poblado dependiente del imperio Inca pudo impulsar y hacer crecer producciones agrarias de difícil éxito, si no fuera por la pericia de sus ingenieros que dieron cursos nuevos a los ríos lejanos para irrigar nutrientes.


Concluyentemente, vemos que los pueblos americanos antes del ingreso del hombre blanco, tenían avanzadas técnicas de construcción con herramientas de tracción y hasta de una incipiente hidráulica; también, de un acabado entendimiento sobre cálculo, geometría y matemática. Además, de la interpretación del calendario y de los astros para la toma de decisión sobre qué cultivo era apto para ser sembrado y posteriormente, cosechado. Sus métodos de conservación y de transformación en productos secundarios, como la harina en producciones no menores, nos da la idea cierta sobre la utilización de la molienda, ya sea por tracción a sangre (humana o animal), como por la fuerza hidráulica.


Capítulo II. Etapa de la conquista [arriba] 


La conquista española impuso un verdadero cambio productivo en todas las civilizaciones desde la Mesoamérica hasta la Patagonia, con exclusión de la región amazónica que tuvo otra suerte.


En toda la historia de la humanidad, el conquistado ocupó un papel importante en la economía del conquistador, ya sea en la organización social del trabajo, como en el tipo de producción y generación de bienes y servicios.


El sistema extendido en toda América hasta la llegada del hombre “civilizado” fue la Milpa como sistema agrario. Es un agro-ecosistema de origen mesoamericano, cuyos principales componentes productivos son maíz, frijol y calabaza (apodados a veces "las tres hermanas"), complementados por el chile en algunas regiones. Este término se utiliza, en regiones fuera del ámbito mesoamericano, a los campos sembrados de maíz. El nombre milpa deriva del náhuatl “milli”, parcela sembrada, y “pan”, encima, en. Literalmente, “lo que se siembra encima de la parcela”.


La milpa es, entonces, tanto el espacio físico, la tierra, la "parcela", como las especies vegetales, la diversidad productiva que sobre ella crece. Adicionalmente, la milpa es también el reflejo de los conocimientos, la tecnología y las prácticas agrícolas necesarias para obtener de la tierra y del trabajo humano los productos necesarios para satisfacer las necesidades básicas de la familia campesina. "Hacer milpa" significa realizar todo el proceso productivo, desde la selección del terreno hasta la cosecha. En este sentido, la milpa significa un sistema de conocimientos de la naturaleza y de la agricultura, sinónimo de sobrevivencia biológica y de reproducción social. La diversidad genética de las especies cultivadas, combinada con la diversidad de plantas espontáneas que aparecen en el terreno, hacen de la milpa uno de los ecosistemas más ricos y complejos de la agricultura campesina.


Los españoles, en la visión occidental católica, justificaron el cambio de organización económica social en encíclicas papales y principios jurídicos latinos, como la “res nullius” y en principios bélicos, que actualmente tienen una importancia en diferendos territoriales. Pensemos que el primer cambio radical que vio el territorio americano fue la reducción drástica de las poblaciones campesinas, ya sea por la matanza en aras de la conquista, como por la proliferación de enfermedades no conocidas por estos pueblos originarios.


Si bien los cultivos americanos fueron todo un “descubrimiento” para los conquistadores por los altos contenidos proteicos y su facilidad de conservación, verbigracia el maíz, lo más importante, por lo menos en un primer momento, fue la detección de grandes yacimientos de oro, plata y otros metales preciosos para la época que dieron un cambio a la continuidad de la Mita.


La mita “Era un sistema de trabajo a favor del Estado Imperial, fortalezas, centros administrativos, templos, acueductos, explotación de minas, etc. Existía una mita para servicios especiales como las labores de cargueros del Sapa Inca, músicos, chasquis y danzantes; los obligados a cumplir esta labor eran los adultos hombres casados, más no las mujeres, cuya edad oscilaba entre los 18 y 50 años. Los incas elaboraron de manera creativa un sistema preexistente de no solo la mita, sino también el de intercambio de los objetos de veneración religiosa de los pueblos que conquistó y anexó al imperio. Este intercambio garantizaba el debido respeto entre los pueblos conquistados. En este caso, huacas y pacarinas se convirtieron en centros importantes de culto compartidos y puntos de la unificación de la diversidad étnica y lingüística en el imperio, con lo que se aseguraba la unidad de los pueblos a menudo geográfica y étnicamente dispares.


Este sistema de trabajo obligatorio continuó por un tiempo ya dentro del periodo colonial, ayudando a desarrollar internamente una economía de mercado con productos y servicios para España. Cada grupo de indígenas aportaba a la corona un número determinado de trabajadores durante varios meses del año. Estos trabajadores eran movilizados de sus lugares de origen hacia las zonas en las que se les requería para diversas actividades.


La mita establecía cuotas laborales que debía cumplir la población nativa tributaria según asignación que hiciese el corregidor, tanto para el servicio del encomendero como del poseedor de mercedes de tierra o hacendado. Se sorteaba a la población indígena de un determinado lugar periódicamente para trabajar durante un plazo o tiempo determinado al servicio de la clase española, mediante el pago de un salario controlado por las autoridades. Los propietarios de encomienda deducían de los jornales la cantidad que las personas comprometidas debían pagar por concepto de tributo y el resto se les daba a ellas. La duración de la mita minera se fijó en diez meses dentro de cada año y no se podía exceder de un tercio permanente de la población tributaria para ser destinada a estas labores.


A cambio de la fuerza de trabajo y de los consiguientes tributos que recibía el encomendero, este tenía la obligación de catequizar en la religión católica a las personas que le habían sido encomendadas. El servicio forzado ejercía una inmensa presión sobre la población, causando mucho daño y cientos de miles de víctimas mortales, sobre todo entre los trabajadores en las minas como la de Potosí. Esto obligó a la corona española a llevar esclavos negros al Virreinato, modificando así la composición étnica y la fuerza de trabajo.


Capítulo III. Etapa de Independencia [arriba] 


El 1° camino hacia un Estado


Pasados los años de conquista y del establecimiento de ciudades dependientes de la metrópolis, ciudadanos y terratenientes criollos vieron la necesidad de guiar su propio destino hacia un horizonte donde los encontrase como dueños reales de su suerte. Las revoluciones del norte americano y las oleadas liberales provenientes de Europa hicieron pugnar a los criollos por un poderío que todavía no era legal, pero sí legítimo. Casualmente, las circunstancias continentales europeas daban las garantías para el éxito de los movimientos independentistas americanos. Las disputas entre los imperios; francés, británico, español, portugués por el control de las rutas comerciales y de los recursos de las colonias americanas fundaron el germen de liberación. Recordemos que los iniciadores de las liberaciones americanas, por lo que nos compete, ya eran caudalosos hombres de negocios, instruidos en el viejo continente en leyes, y ciencias. Con todo el poderío intelectual y económico, solo restaba un poder más, el político, logrado en las primeras décadas del siglo XVIII y continuado y más aún, institucionalizado en las posteriores décadas del siglo mencionado.


Las tierras cultivadas de forma extensiva o explotación agropecuaria extensiva (opuesta a agricultura intensiva) es un sistema de producción agrícola que no maximiza la productividad a corto plazo del suelo, con la utilización de productos químicos, el riego o los drenajes, sino más bien, haciendo uso de los recursos naturales presentes en el lugar.


Por lo general, está localizada sobre grandes terrenos, en regiones con baja densidad de población y se caracteriza por unos rendimientos por hectárea relativamente bajos, pero que en conjunto resultan aceptables (campos de trigo en Argentina, EE.UU., Canadá), y un mayor número de empleos por cantidad producida, con ingresos muy bajos, especialmente en los países pobres. Es una agricultura que a menudo, permite una certificación de «agricultura ecológica» cuando va acompañada de la no utilización de productos químicos, pero no todos los productores la aprecian.


Este sistema lentamente fue migrando a un sistema intensivo a lo largo de los años hasta lograrse un cambio radical hacia el sistema intensivo ya hacia principios del siglo XX.


Contrariamente a lo ocurrido en los Estados Unidos, donde la política agraria consistía en la formación de pequeñas granjas productivas llamadas “farms”, donde el Estado otorgaba en propiedad, pequeñas fracciones de tierra a inmigrantes Europeos y migrantes de ciudades con o sin conocimientos técnicos sobre la agricultura, sobre las márgenes de las tierras conquistadas a los pueblos originarios, logrando así, una amplitud de pequeñas ciudades que fueron circundando al tendido inteligente de las líneas férreas. En la precaria Argentina, hubo variedad de Políticas agrarias, pero la más arraigada fue la modernización del pseudofeudalismo, donde los terratenientes, aquellas 20 a 50 familias, se repartían los dominios de la nación y la daban en arrendamiento a migrantes e inmigrantes a precios a veces viles. El tipo de agricultura extensiva por ser vastos terrenos, no logró en tiempos prudentes lo logrado por las granjas de EE.UU., que sí aplicaron el sistema intensivo de agricultura. Si analizamos dos factores importantes, el tendido de vías y su dependencia a una sola metrópolis (Puerto de Buenos Aires) y la formación de agrupaciones político-económicas, vemos cómo Buenos Aires y demás factores de poder controlaban todo lo producido por las regiones del interior. En contrasentido, en el norte americano, la distribución de tierras en pequeñas granjas y un tendido férreo cuadricular con interdependencia de múltiples puertos, logró un crecimiento sostenido de cientos de ciudades, una mejora de la competitividad en los costos de producción y transporte y una clase media que pronto forjaría a la nación más poderosa del mundo. Si bien hubo en algunas provincias distribución de tierras similar a Estados Unidos, Sur de Santa fe, Sur de Córdoba, algunas regiones del Noroeste Argentino y Noreste Argentino y de Cuyo, poco fue acompañado por las políticas federales; en los hechos, nuestra nación sigue siendo unitaria y feudal, contrariamente a lo sucedido en EE.UU., Canadá y Australia.


Los enclaves productivos argentinos, también en manos de pocos dueños, del interior entendieron el uso del suelo y supieron explotar (no de forma óptima) las condiciones del suelo para la agricultura extensiva. Debemos destacar a favor de nuestra historia agraria, que nuestras regiones gracias a las manos hábiles de los Europeos, lograron potenciar y generar algunos productos manufacturados simples, muy simples, tales como azúcar en Tucumán, algodón en Chaco, tabaco en Misiones y Salta, vino y oliva en Cuyo, sin olvidar que gracias a la ganadería extensiva de la Pampa Húmeda, Buenos Aires comenzó a incorporar algunos frigoríficos, curtiembres, naciendo una incipiente potencia ganadera que poco tiempo después, logró convertirse en la actividad principal exportadora del Estado.


Veamos la comparación de los tendidos férreos.




Capítulo IV. Inicio y consolidación de las instituciones estatales [arriba] 


El proceso de institucionalización del Estado argentino, en lo que respecta al agro, tuvo dos puntos fundamentales en esta etapa histórica; por un lado, las acciones y gestiones de Valentín Alsina, redactando el Código Rural y la delimitación final de la soberanía nacional; y por el otro lado, las políticas de las presidencias históricas.


Palabras de Frers, uno de los fundadores de la Sociedad Rural Argentina, en momentos de la creación del Ministerio de Agricultura:


“Yo no puedo saber cuáles serán los destinos que el futuro reserva a este Ministerio…espero que dentro de un cuarto de siglo, cuando se recuerde la inspirada y patriótica iniciativa de este Congreso, se podrá decir de ella que contribuyó poderosamente a realizar los sueños, entonces fantásticos y acaso utópicos, de los que en 1810 se propusieron fundar una nación poderosa, rica y feliz”.


Bien cabe recordar una breve reseña histórica de aquellos años, recogida por los estudiosos y hoy traída a tono de cita:


El actual Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, se creó por Ley N° 3727 del año 1898, durante la segunda presidencia del General Julio Argentino Roca. Sin embargo, desde la llegada de los primeros españoles a nuestro territorio (siglo XVI) y durante los tiempos de la administración colonial española, existieron intereses más o menos marcados por el desarrollo agrícola. De hecho, las economías regionales del Virreinato del Río de la Plata, funcionaron acorde a las necesidades que, por un lado, el “Hinterland” de la minería de la plata de Potosí, demandaba, y, por otro, cubrir la demanda de consumo interno. Se generó entonces, todo un circuito comercial de productos y de insumos, destinados a abastecer esos dos mercados. La quiebra del orden colonial a partir de 1810, marcó el inicio de la ruina de las economías interiores, que debieron replegarse en principio, para posteriormente reacomodarse, buscando nuevos mercados para sus productos. Esta contracción y expansión de las mismas estuvo enmarcado en el periodo de guerras civiles. Durante este intervalo, la gestión agraria estuvo relegada como una función de los ministerios de hacienda y condicionada a criterios de librecambio o proteccionismo, de acuerdo a que los gobiernos fueran unitarios o federales.


De esa manera, fueron las políticas arancelarias las que determinaron la suerte de nuestra agricultura. Y este arco del péndulo que recorre del librecambismo al proteccionismo, por donde transita el devenir agrícola de nuestro país. Por consiguiente, en un principio, se impuso por los primeros gobiernos unitarios, una práctica liberal que favorecía el librecambio, en perjuicio de las economías interiores, tanto agrícolas como manufactureras. A las políticas liberales aplicadas por Rivadavia, que generaron un atraso relativo para la expansión agrícola, le siguió un período proteccionista asumido por el federalismo y en particular por Rosas, que permitió una nada despreciable expansión de la actividad. Es así que los aranceles aplicados mediante leyes aduaneras, auspiciaron entre otros, no solo el aumento de la superficie sembrada, sino que además propiciaron la siembra de otros cereales, expandiendo de esa manera la frontera agropecuaria e incorporando nuevos cultivos a la producción. Es esta una de las primeras políticas agrícolas aplicadas con un sentido nacional y en beneficio para el país. Los gobiernos que se sucedieron luego de 1853, demostraron un enorme interés por el desarrollo de la ganadería lanar, lo que provocó un verdadero auge en la campiña bonaerense de esta actividad. Sin embargo, la consecución de políticas agrícolas públicas estaba ausente aún en la agenda gubernamental. No fue sino durante la presidencia de Sarmiento (1868-1874), que se crea por Ley del 21 de julio de 1871, el Departamento Nacional de Agricultura, dependiente del Ministerio del Interior. Por consiguiente, se plasman en esa ley los fundamentos de una agricultura moderna capitalista, con objetivos claros y concretos, sobre todo en lo concerniente a preparar intelectualmente y capacitar a personal para un mejor desarrollo de la misma, profundizando aún más el carácter científico de la actividad agrícola.


Consolidado el Estado Nacional con la primera presidencia de Julio Roca (1880- 1886), se afianza un modelo primario exportador de tinte agropecuario, funcional al mercado capitalista y a la potencia mundial de turno, Gran Bretaña. Los vaivenes políticos de la década de 1890 retrasan la conformación de una instancia ministerial agrícola específica. Pero el progresivo auge económico, la importancia otorgada al sector agrícola a fines del siglo XIX, la incorporación a un mercado mundial y la necesidad de instaurar mecanismos de modernidad y mejorar la producción, demostraron al Poder Ejecutivo Nacional la conveniencia de elevar a rango ministerial el manejo de la cuestión agrícola. Se crea entonces, en 1898 la cartera a cargo del doctor Emilio FRERS, primer Ministro de Agricultura de la Nación.


Capítulo V. La Gran Guerra y sus efectos [arriba] 


La expansión del ferrocarril y las dos primeras oleadas inmigratorias provenientes de todos los rincones de Europa, principalmente de España, Italia, Alemania y de algunas regiones del Este Europeo como Rusia, Ucrania, Polonia, provocaron que, a medida que se ampliaba la red del ferrocarril, se iba produciendo más y mejor, ya que los inmigrantes, habidos de la cultura del trabajo de la tierra y ansiosos de escapar de la hambruna permitieron a nuestra nación crecer a ritmos jamás soñados. En pocos años, casi un cuarto de siglo, entre las presidencias de la Generación de 1880 y el primer Gobierno de Irigoyen, aquel país al sur del globo se convertía en el primer productor y exportador de cereales, carnes y derivados, acaudalando aún mas las arcas, no solo del Estado, sino de aquellas familias, ahora cerca de 100 que arrendaban sus enormes extensiones de tierras para su provecho económico.


La crisis en la que entró Europa a finales del siglo XIX provocó una guerra jamás vista ni leída hasta el momento. Las Revoluciones Industriales primera y segunda aportaron tecnología destructiva y mortal que apagaría las vidas de más de 30 millones de personas, más aún si tenemos en cuenta los muertos por hambruna y desolación que dejo años después en toda Europa y parte también del imperio de los zares. La Guerra trajo varias consecuencias directas, por un lado, la necesidad de aumentar la producción de materias primas destinadas a cubrir las necesidades de poblaciones enteras, tanto en disputa bélica, como aquellas que no podían comprarles a las ocupadas en guerrear. Los avances tecnológicos iniciaron más simple la llegada de inmigrantes y su expansión por cientos de pueblos que en pocos años se convertirían en pujantes ciudades del interior del país. Terminada la guerra y en vías de recuperación, los principales países destruidos y aquellos obstaculizados de comprar volvieron a los carriles normales de años anteriores a la guerra. Si bien el Estado argentino inició, con las arcas llenas de divisas, grandes proyectos: la creación de YPF, la construcción del Puerto de Buenos Aires, la construcción del subterráneo, la extensión vías férreas. Es de recordar que en esos agitados años, hubo grandes transformaciones sociales: el Grito de Alcorta, la Patagonia trágica, el voto universal, secreto y obligatorio, la educación gratuita, el acceso a la universidad pública con la reforma universitaria y muchas conquistas políticas. Estos hechos, desde la visión agraria, incorporaron de alguna manera, la fuerza europea en el campo. No solo aportó la sabiduría del trabajo y sus habilidades, sino también las ideas de libertad, de igualdad y de progreso que hervían por toda Europa.


Con el desarrollo del ferrocarril a través de la Generación del 80 (1880), se empezó a sembrar trigo, el excedente que era exportado a Europa. Para poblar el país argentino, se implementó una política activa de inmigración, trayendo muchos europeos que huían de la pobreza para poblar las pampas. La cultura trabajadora del inmigrante europeo hizo que la tierra produjera mucho más, convirtiendo a la Argentina en el «granero del mundo».


Al seguir la propiedad de la tierra en manos de pocos, se profundizó la brecha económica entre los terratenientes, similar a la de las clases altas europeas y los inmigrantes que trabajaban las tierras.


La estructura social del campo en el momento en que se desata la rebelión, estaba integrada por terratenientes, arrendatarios y subarrendatarios. Estos últimos se encontraban sometidos a los terratenientes a través de contratos que establecían, entre otras cosas, rentas impagables y la obligación de comprar herramientas e insumos a quien el terrateniente mandare e imponían al colono las responsabilidades de una mala cosecha. Se llegó a un punto en que, por más que el colono trabajara de sol a sol y por buena que fuera la cosecha, al final de esta, no le quedaba ni lo más elemental para subsistir.


El proceso que desembocó en el Grito de Alcorta (25 de junio 1912) fue muy complejo. La mayoría de los arrendatarios y medieros eran extranjeros (en algunas zonas, llegaban al 80 %) y en el campo, primaba el individualismo y la desconfianza, lo que dificultaba la organización gremial. A su vez, la Ley de Residencia, que permitía la deportación de extranjeros, causaba mucho temor. A pesar de esto, a principios de 1912, los chacareros organizaron sus primeras reuniones, ayudados por los sindicatos de estibadores y oficios varios, los Centros de Estudios Sociales dirigidos por los anarquistas y los braceros («linyeras»), que tenían una gran tradición de lucha.


El detonante del Grito de Alcorta fue la formidable cosecha de 1912, al comprobar los chacareros que luego de pagar las deudas, nada quedaba para ellos.


En 1912, los chacareros arrendatarios de la pampa húmeda, en tanto, víctimas de expoliaciones por parte de los terratenientes y movidos por la prédica anarquista y socialista, iniciaron una serie de manifestaciones, mítines y huelgas en el sur santafesino, en el noroeste bonaerense, en el sureste de Córdoba y en la provincia de La Pampa. En todos los casos, se trató de protestas por las malas condiciones de contratación que los vinculaban a los terratenientes.


Esa tarde del 25 de junio de 1912 en la ciudad de Alcorta, se congregaron 300 agricultores en la Sociedad Italiana de Fomento y Socorro Mutuo. Lo que pugnaban eran básicamente tres pilares:


Rebaja general de los arrendamientos y aparcerías.


Entregar en las aparcerías el producto en parva o troje, como saliera.


Contratos por un plazo mínimo de 4 años.


Esta revolución agraria no fue la única. Se extendió por todo el país y algunos historiadores dicen que trascendió las fronteras del país, porque hechos semejantes se dieron en Bolivia, Paraguay y Brasil.


Capítulo VI. Del Crac de 1929 en EE.UU. y la Argentina [arriba] 


Terminada la guerra, el despilfarro y la especulación de la década del 20, el país y mundo entraron en un oscuro túnel. Poco importan las causas, aunque se mencionan algunas, para describir un cambio radical del ecosistema económico y social del mundo. Si bien el mes de octubre de 1929 en Estados Unidos fue un mes de inestabilidad económica, sobre todo en el ámbito bursátil, nadie esperaba lo que iba a ocurrir hacia finales del mes. La caída inicial ocurrió el Jueves Negro (24 de octubre de 1929), pero fue el catastrófico deterioro del Lunes Negro y el Martes Negro (28 y 29 de octubre de 1929) el que precipitó la expansión del pánico y el comienzo de consecuencias sin precedentes y de largo plazo para los Estados Unidos del Norte de América.


El colapso continuó durante un mes. Los economistas e historiadores no están de acuerdo en qué rol desempeñó el crac en los eventos económicos, sociales y políticos posteriores. En Norteamérica, el crac coincidió con el comienzo de la Gran Depresión, un periodo de declive económico en las naciones industrializadas y llevó al establecimiento de reformas financieras y nuevas regulaciones que se convirtieron en un punto de referencia. La crisis del 29 ha sido, probablemente, la mayor crisis económica a la que se ha enfrentado el intervencionismo como sistema y que fue motivado por la manipulación de la oferta monetaria, por parte de la reserva federal, luego de ser privatizada por el presidente Woodrow Wilson en 1913/14 y comenzar a apartarse del patrón oro.


En el momento del crac, la ciudad de Nueva York había crecido hasta convertirse en la mayor metrópolis y en su distrito de Wall Street eran muchos los que creyeron que el mercado podía sostener niveles altos de precio. Poco antes, Irving Fisher había proclamado: "Los precios de las acciones han alcanzado lo que parece ser una meseta alta permanente". La euforia y las ganancias financieras de la gran tendencia de mercado fueron hechas pedazos el Jueves Negro, cuando el valor de las acciones en la Bolsa de Nueva York se colapsó. Los precios de las acciones cayeron ese día y continuaron cayendo a una tasa sin precedentes por un mes entero. 100.000 trabajadores estadounidenses perdieron su empleo en un periodo de 3 días.


En los días previos al Jueves Negro, el mercado estaba severamente inestable, ya que no se supieron manejar acorde los negocios, así que la bolsa cayó debido a la inexperiencia de algunos. Periodos de venta y altos volúmenes de negociación eran intercalados con breves periodos de aumento de precios y recuperación.


La Junta Nacional de Granos fue un organismo público de regulación del mercado de granos en la Argentina. Fue creado en 1933, bajo la presidencia del gobierno de Agustín P. Justo, con el nombre de Junta Reguladora de Granos, transformado en 1946, bajo la presidencia de Juan D. Perón, en el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) y reorganizado en 1963, bajo la presidencia de José María Guido, como Junta Nacional de Granos. Fue disuelto en 1991, por el Decreto Nº 2284/91 de desregulación de mercados, elaborado por el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo, bajo la presidencia de Carlos Menem.


El Estatuto del Peón fue un Decreto del Poder Ejecutivo Nacional (N° 28.169 de 1944), dictado durante la presidencia del general Edelmiro Farrell. Esta normativa fijó por primera vez para todo el territorio de la República, condiciones de trabajo humanitarias para los asalariados rurales no transitorios, entre ellas: salarios mínimos, descanso dominical, vacaciones pagas, estabilidad, condiciones de higiene y alojamiento. Este decreto fue ratificado por la Ley ómnibus N° 12.921 y reglamentado por el Decreto N° 34.147 del año 1949. La norma fue redactada por Tomás Jofré y propuesta a Farrell para su aprobación por el coronel Juan Domingo Perón, quien se desempeñaba como Secretario de Trabajo y Previsión. No se trató de una medida aislada, sino que era parte del inicio de las políticas sociales nacionalistas desarrolladas por la dictadura militar emergente de la Revolución de 1943.


Diferentes hitos en las historia de nuestro país han modificado sustancialmente todo el entorno rural. La sanción del Código Rural por Valentín Alsina, el Grito de Alcorta, la institucionalización del Ministerio de Agricultura, las oleadas migratorias de principio de siglo, la sanción del Estatuto del Peón, las políticas de sustitución de importaciones que generaron movimientos internos de trabajadores desde el campo hacia las ciudades, el Plan Quinquenal, la estatización de los servicios públicos, sobre todo los ferrocarriles, con todo lo que rodea a la administración de los terrenos circundantes y su trayectos. Es sumamente importante no soslayar que durante más de 200 años, desde la creación de la máquina a vapor, el campo ha sufrido positivamente profundos cambios en lo atinente a los métodos de producción, recolección y transporte de lo generado en el campo. Además, dichos avances tecnológicos, no solo en lo relacionado a la maquinaria pesada, sino en lo provocado por la segunda Revolución Industrial, que introdujo cambios en la energía como los combustibles fósiles y mejora en las comunicaciones y transporte, sobre todo en la aplicación del acero en los buques mercantes que positivamente logró que los buques durasen y trasladasen mas producción. Estos avances y los posteriores orientados en los productos químicos que mejoraron el rinde de los suelos y agregaron suelos no productivos, causaron en las naciones agroproductivas que puedan diversificas sus cultivos e incrementar su participación en una economía de escala y globalizada. Ciertamente, hay que aclarar que las economías que han podido diversificar e industrializar sus producción agropecuarias durante finales del siglo XIX y mediados del XX, hoy ocupan un lugar privilegiado en el mundo. EE.UU., Canadá, más tarde Australia, Sudáfrica, lograron convertirse de colonias productoras de materias primas a fuertes economías no ya dependientes del sector primario, sino en pujantes productores de productos manufacturados, tanto de industria pesada, como de derivados de los primarios.


Capítulo VII. Reflexión final [arriba] 


Sin una verdadera reforma de todo el sistema agrario nacional que no deje librada a pocas voces la fijación de precios, tanto en los valores de arrendamiento, como en los costos de insumos. Reformas que eviten la concentración y el manejo del abastecimiento nacional, reformas que mejoren financieramente los riesgos de los pequeños productores, reformas en infraestructura que mejoren la calidad de los suelos, en el transporte hacia los puertos, la protección de producciones claves que aportan otros valores a la cadena de productos elaborados, como principalmente sucede con las economías regionales (cítricos, vid, olivas, frutas). Cambios para que el agro y el consecuente crecimiento interno sean sustentables; por un lado, limitar la concentración, monitorear a los formadores de precio y mejorar todo el ecosistema de los pequeños y medianos productores, dando garantías de estabilidad jurídica, financiación en bienes de capital, fomento de las economías regionales, protección de producciones claves y fundamentalmente, infraestructura acorde a un proyecto federal. Todo debe estar acompañado por transparencia en los manejos de fondos, cambio de impuestos distorsivos en aquellos que sean atados a la rentabilidad, un crecimiento y fomento a las nuevas técnicas genéticas y agroindustriales que diversifiquen y mejoren los costos de toda la cadena de producción.


 


* Abogado, Profesor, Especialista en Derecho de los Recursos Naturales, Doctorando.