ARGENTINA
Doctrina
Título:Sobre la Encíclica Laudato Sí del Papa Francisco
Autor:Ledesma Uribe, José de Jesús
País:
México
Publicación:Revista Iberoamericana de Derecho Ambiental y Recursos Naturales - Número 19 - Marzo 2016
Fecha:07-03-2016 Cita:IJ-XCVI-186
Relacionados

Sobre la Encíclica Laudato Sí del Papa Francisco


José de Jesús Ledesma Uribe*


Toda la cultura dentro de la cual está el Derecho entendido como expresión verdaderamente noble de la razón, tiene por sustento natural, necesario, a la persona humana. Ésta es su sujeto propio ya sea como protagonista, ya como antagonista. 


La persona humana es la autora de la cultura, viene de ella y es para ella. Esto cobra una dimensión especial, cuando de la cultura del espíritu se trata. 


Karl Rahner ha concebido a la persona humana como “Espíritu en el mundo”, indica así que el hombre es también materia y necesita su propio espacio o ámbito de asentamiento en el cual vive y florece. En verdad, se trata de un espacio común, espacio que es suelo, recursos, clima, ambiente, en fin toda la riqueza y diversidad de nuestro entorno planetario. Es el bien más común del que participa la humanidad. Diferente el cuerpo humano individual dotado de una maravillosa conciencia, es, en una bella metáfora, “mi propia casa”. Quiere esto decir que el sustento propio de la convivencia es nuestra propia realidad humana que exige una genuina equidad planetaria. 


Habitación, existencia, desarrollo, plenitud y felicidad, se implican de manera recíproca. El Derecho Ambiental preserva la vida y por lo mismo es universal y humanitario. 


En ese sentido, nuestro planeta con todas sus características, es sin duda la Casa Común que se ha ofrecido a la persona, no únicamente para su subsistencia sino específicamente, para el desarrollo y logro de su plenitud y felicidad. Por ahora, no hay alternativa. Sentido creatural y casa común van fuertemente implicados. 


Casa Común, significa ante todo, una responsabilidad sobresaliente: uso, disfrute y explotación racional, habida cuenta de que esa comunidad se inserta en el pasado-lo que hicieron quienes nos precedieron, en el presente-cómo se está aprovechando- y, de modo señalado en aquello que se transferirá en el futuro. No olvidamos que la responsabilidad es la idea sustantiva de ética y derecho: Saber dar cuentas de lo hecho u omitido y, estar a las resultas de esa verdad inocultable y a la vez vinculatoria. 


Podemos acudir a diferentes figuras de nuestro derecho común para valorar esa responsabilidad: El usufructo, el comodato, el depósito, en general, la administración de los bienes comunes, son algunas de ellas. Pero en el caso del derecho ambiental, se inserta también la cosmovisión individual de cada miembro de nuestra comunidad, de la humanidad ya que entran en juego los valores del espíritu, de ese espíritu que es ante todo inteligencia y sensibilidad al que el Papa Francisco apela en este documento de gran calado en el cual no sólo aparecen los fundamentos antropológicos de nuestro Derecho, sino las vertientes más profundas de ese espíritu. 


Defender y garantizar la Casa Común es una tarea en la que se pone en juego la vida misma del género humano. Para esto, no hay fronteras, la Casa es la misma, es de todos. 


Es claro que el orden jurídico por su propia esencia es educativo. Tratándose del derecho ambiental, se precisa de una educación integral que por lo mismo, no descuide ningún sector de la realidad humana. Educación integral para hombres y mujeres integrados. Así, podremos acercarnos a la utopía del Derecho. 


Queremos vivamente, que los alumnos que egresen de nuestras licenciaturas, especialidades y posgrados, lo hagan con un refinado espíritu de responsabilidad y cooperación. Nuestra América Latina, precisa con verdadera urgencia, hacer vida el paradigma del derecho social que México mostró al mundo hace prácticamente cien años. 


La educación ecológica debe iniciarse en los primeros años de vida del niño y así acrecentarse a lo largo de la vida. Por esto, nos parece indiscutible que todas las carreas universitarias promuevan desde la raíz, esta enorme responsabilidad. 


La más alta estimación por el “otro”, permite construir una sociedad precisamente solidaria. El derecho ambiental es a todas luces una manifestación clarísima del único camino que puede conducir al bien común. El cumplimiento de sus normas y mandatos son vida, su incumplimiento, muerte y desolación. 


El cuidado y la preservación de nuestra Casa es respeto, estima e inclusive amor al otro, al hermano. 


El planeta con toda su riqueza, diversidad y recursos, es el objeto jurídico por antonomasia. Sin él no podría hablarse del territorio del Estado, del derecho de propiedad, de la alimentación y una digna subsistencia, en fin, de la misma vida. 


Nuestra casa es bella, es generosa, es magnífica, pero debe ser administrada, vivida y amada con genuina pasión, alentada por la responsabilidad y el amor profundo hacia la verdad pero también hacia el misterio. Forma parte de nuestra misma creaturalidad. Justo lo que alguna vez expresó el humanista mexicano Carlos Pellicer: “La ciencia rectifica, el arte permanece”. Por ello, siguiendo ese pensamiento, ponemos de manifiesto la belleza del cosmos dentro del cual nuestra tierra es maravillosa. 


Una encíclica es una comunicación universal que en nuestra tradición canónica, debe, desde su etimología, circular, para ser conocida por todos, era la antigua epístola tractoria. Es que en la visión espiritual de nuestro tiempo, ya no es posible sostener a ultranza un antropocentrismo hedonista y totalmente permisivo. Es claro que el egoísmo y la irresponsabilidad son obstáculos gravísimos para alcanzar la educación ambiental y su puesta en práctica.


Ahora, se puede profesar con gran entusiasmo una cosmovisión teándrica en la que el hombre puede, debe, quiere dialogar con los más altos valores que le son intrínsecos. Debe ser consecuente con su sentido creatural dotado de esa magnífica característica que es la dignidad de la persona humana. De esa dignidad, se sigue, naturalmente, la dignidad de su entorno, el uso genuinamente fraterno y por lo mismo prudente, de todo lo que brinda la Casa Común a la vida y a la felicidad humana. La propia expresión ecología nos lleva desde los griegos, a cuidar, preservar y amar esta Casa Común. 


Hasta aquí se aprecia la trabazón íntima de la antropología, el derecho, la filosofía, la moral y ciertamente también de la teología. Se nos devela a cada momento no únicamente la belleza de nuestro planeta sino la sabiduría, generosidad e inexplicable ciencia de su naturaleza. 


Ya que el Derecho ha sido concebido de alguna manera como LUZ del mundo que esclarece el conflicto humano ante el magistrado, que abre y alienta la inteligencia a favor de la justicia, que expone los intereses de mayor valía, que contribuye decididamente al Bien Común, que es diferente de la suma de los bienes particulares; así, toda la temática concerniente al medio ambiente, presenta un gran sentido de humanidad, de previsión, de responsabilidad, de fraternidad genuinamente virtuosa entre toda la humanidad, especialmente en una época de fuerte e indetenible globalidad. 


El Derecho es luz porque es vida y la persona humana, magnífica por su creatividad pero también por su criticidad y responsabilidad, necesita luz para su sendero. Se trata de iluminar su vereda en propia Casa. 


Las razones del Derecho brillan espléndidamente por la luz de la inteligencia. Por estas razones, debemos reparar lo ultrajado, prevenir, garantizar, nuestro propio entorno existencial, ejercer con justicia y profundo sentido de responsabilidad, nuestras acciones. Brilla de manera inocultable en esta pequeña alocución, el valor moral del uso correcto y no abusivo del Derecho. Aquí se yergue en toda su magnificencia un principio toral de la ética de la convivencia. 


Habremos de buscar una convivencia que no sólo sea solidaria y armoniosa sino decididamente amorosa. Sabemos que el diagnóstico del estado actual del planeta es sumamente alarmante y que por ello, se apela urgentemente al trabajo, a la reparación y de modo muy enfático, a la educación. En verdad, en el uso de los bienes, en el ejercicio del derecho, reside el modo de preservar, de prever y garantizar a las generaciones futuras la riqueza de los recursos. 


La educación ecológica aunque rinde sus mejores frutos a largo plazo, es educación integral, en mucho, educación jurídica, educación ética. El derecho sin su efecto educativo es inconcebible. Se trata de velar por una vida “recta”, libre de desviaciones. 


Es que la naturaleza es la razón de las cosas, así inscrita desde la aparición del universo. Por ello pide el Papa, no perder el gozo de la esperanza, rescatar la música y la armonía del planeta, buscar y hallar, más allá del sol. El principal misterio del universo reside precisamente, en el corazón del hombre, de ese hombre que tiene vocación de eternidad, vocación de contemplación activa pero también de ese hombre que precisa irremediablemente de un entorno rico y fecundo. 


No olvidar que nuestro común espacio vital es precisamente donde florece esa esperanza que lleva directamente a las mejores manifestaciones de nuestro espíritu. La mejor calidad de vida es siempre reclamada por el ser mismo de la persona humana. 


Aparece de ese modo en el estupendo documento del Papa Francisco que Ustedes sabiamente van a estudiar, a valorar, la emoción franciscana entendida como motor del amor sin calificativos, para ser alcanzado lo más plenamente posible en este tiempo. Emoción franciscana por el grande de Asís y por el Pontífice así nombrado. 


Si el Santo de Asís se hubiese referido al Derecho, lo habría considerado como su hermano porque es luz que desciende a la tierra para que resplandezca más y mejor el rostro de la persona humana como diría con suma elegancia, acierto y profundidad, Emanuel Lévinas. Y es que precisamente es en el rostro del otro, donde brilla mejor el sentido del universo, es su límpido espejo. 


Se trata a no dudarlo de un documento pleno de sentido ecuménico, de total aliento a la trascendencia de la persona humana para llegar más allá del Derecho, a la vida de la Caridad. 


De esa manera, con este ejercicio universitario, en verdad, POR NUESTRA RAZA HABLA NUESTRO ESPÍRITU.


 


* Facultad de Derecho -Universidad Nacional Autónoma de México




© Copyright: Revista Iberoamericana de Derecho Ambiental y Recursos Naturales