Doctrina
Título:Gestión empresarial sostenible frente al cambio climático
Autor:Crea, Javier A.
País:
Argentina
Publicación:Revista Iberoamericana de Derecho Ambiental y Recursos Naturales - Número 25 - Septiembre 2017
Fecha:29-09-2017 Cita:IJ-CDLXIX-305
Índice Voces
Compromiso empresarial
Los procesos de cambio
Bibliografía
Notas

Gestión empresarial sostenible frente al cambio climático

Dr. Javier A. Crea

Tras 22 años desde la celebración de la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático[1] las emisiones de gases de efecto invernadero han venido aumentando hasta alcanzar niveles críticos lo cual es un pésimo presagio para aquellos que residen en tierras áridas, en zonas inundables o con riesgo de deslizamientos y en costas expuestas a ciclones, entre tantos otros.

El cambio climático representa una problemática que requiere acciones inmediatas por parte de todos los actores de la sociedad a nivel global, lo que puede significar una chance considerable de mejorar la competitividad de las empresas, mediante la utilización de prácticas sostenibles.

En virtud de ello, tal como se conoce ampliamente, en el mes de diciembre de 2015 se celebró en París la XXI Conferencia sobre Cambio Climático (COP21), en el contexto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la cual finalizó con la adopción por consenso de las partes del “Acuerdo de París”. Ello implicó el inicio de una nueva era en la que casi la totalidad de los Estados aceptan la amenaza real del cambio climático y sus responsabilidades; en el mismo se fijó como meta obligatoria, que el aumento de temperatura media mundial para finales del siglo XXI no puede superar los 2°C con respecto a los registros preindustriales, acordándose a su vez que los Estados deberán realizar esfuerzos adicionales para aspirar a un aumento máximo o menor de 1,5°C.

Para ello, cada país debería presentar sus propuestas de contribuciones nacionales (en una modalidad “de abajo hacia arriba”) y revisarlas cada 5 años. Estos compromisos nacionales voluntarios (INDC, por sus siglas en inglés) constituyen quizá la mayor novedad con respecto al Protocolo de Kyoto, el cual estableció los compromisos individuales para cada país; metas que en la mayoría de los casos no se pudieron cumplir.

Se convino también que cada nación deberá alcanzar su pico máximo de emisiones lo antes posible, sin establecer fechas específicas, de lo que claramente se desprende que los países desarrollados alcanzarán este pico antes, mientras otras naciones, fundamentalmente las naciones en desarrollo, tardarán más tiempo.

Para ello, es que los países industrializados y en vías de desarrollo tienen responsabilidades y compromisos comunes, pero diferenciados ya que todos deben realizar esfuerzos, pero por una responsabilidad histórica, las naciones desarrolladas deben liderar los procesos y apoyar a los países en vías de desarrollo a través de financiamiento y transferencia tecnológica, lo cual claramente diferencia al Acuerdo de París del Protocolo de Kyoto ya que en éste último únicamente los países desarrollados tenían metas concretas de reducción.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados por la Organización de las Naciones Unidas en 2015[2], y específicamente el número 13 relativo a la “acción por el clima”, dieron un fundamental empujón hacia la sostenibilidad dentro de las empresas, lo que claramente se vio reflejado en la edición latinoamericana del Foro Económico Mundial (World Economic Forum)[3],  celebrado en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, los pasados 6 y 7 de abril del corriente año 2017, en cuya agenda el Cambio Climático ocupó un lugar preponderante, incluyendo para la temática un panel propio.

El Cambio Climático, afecta y afectará primordialmente a los estados emergentes o en desarrollo[4], provocando graves cambios en los regímenes de precipitaciones, aumento de desastres naturales y del nivel del mar, entre otras cosas, por lo que dada la gravedad de la situación que globalmente se atraviesa, es que los gobiernos en forma aislada, no podrán dar cumplimiento, frente al cambio climático, con la agenda de desarrollo sostenible y es por ello que el sector privado será clave y deberá ocupar un espacio primordial para alcanzar los objetivos, tal como lo refiriera la Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático, Patricia Espinosa, en su pasada visita a la Argentina en el marco del Foro Económico Mundial. Para ello, es impostergable la migración hacia una nueva matriz energética con base en fuentes renovables como el sol, las corrientes de agua o el viento, de cara a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, mediante la utilización de nuevas modalidades de producción más limpia, la transformación de residuos en insumos y severos cambios en los hábitos de consumo[5].

Ya se ha dicho suficientemente pero no deberá cesarse en el empeño: el desarrollo de las energías limpias es imprescindible para combatir el cambio climático y limitar sus efectos más devastadores y es por ello que numerosas empresas reconocen la necesidad de actuar por el clima y saben que optar por la electricidad de fuentes renovables les ayudará a lograr sus objetivos de reducción de emisiones de carbono. Las empresas se benefician además de una reducción de los riesgos relacionados con la seguridad energética y logran ahorros financieros a largo plazo.

Empero, no fue sorpresa para el mundo que el 1 de junio de 2017, el Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, anunciara el retiro del Acuerdo por parte de ese país, salida que se efectivizaría en 2021, sin importar para la toma de esta decisión ni la presión de las Naciones Unidas ni la de la Unión Europea o de los gigantes de la energía como General Electric o Chevron. 

Más allá que USA es el segundo emisor global de gases de efecto invernadero, Trump siempre se adelantó contrario al Acuerdo de París, habiendo negado incluso que el aumento de las temperaturas tenga un origen antropocéntrico. Debemos recordar que ha escrito en su libro América Lisiada: “Acepto que el cambio climático esté causando algunos problemas: nos hace gastar miles de millones de dólares en desarrollar tecnologías que no necesitamos”. Y con motivo de los recientes huracanes, Irma incluido, declaró el estado de “desastre natural” omitiendo toda referencia a las responsabilidad del obrar humano en tales fenómenos.

Manteniéndose en línea con sus convicciones el presidente Trump, sin detenerse a escuchar a la comunidad científica, eligió inclinarse por la defensa de los supuestos “intereses nacionales” justificando su decisión con palabras que ya han recorrido el mundo entero, diciendo: “He cumplido una tras otra mis promesas. La economía ha crecido y esto solo ha empezado. No vamos a perder empleos. Por la gente de este país salimos del acuerdo. Estoy dispuesto a renegociar otro favorable para Estados Unidos, pero que sea justo para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París”, manteniendo su firme  slogan de campaña de América Primero, para agregar después: “Fui elegido para representar a los ciudadanos de Pittsburgh, no de París. No se puede poner a los trabajadores ante el riesgo de perder sus empleos. No podemos estar en permanente desventaja”.

La clara interpretación de esos dichos evidencia que se ha considerado el Acuerdo de París como un simple acuerdo comercial, que resultaría injusto o peligroso para EEUU, por convertirse en una barrera que impediría la libre expansión industrial, ofreciendo a su entender, ventajas competitivas a China e India. En palabras de Trump, “Este acuerdo tiene poco que ver con el clima y más con otros países sacando ventaja de Estados Unidos. Es un castigo para EEUU. China puede subir sus emisiones, frente a las restricciones que nos hemos impuesto. E India puede doblar su producción de carbón. Este pacto debilita la economía estadounidense, redistribuye nuestra riqueza fuera y no nos permite utilizar todos nuestros recursos energéticos”.

Volviendo al acuerdo, en lo particular, para lograr cumplir los objetivos fijados, Barack Obama había ofrecido disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero de EEUU entre un 26% y 28% para 2025 respecto a los niveles de 2005. Pero las medidas que puso en marcha  ya han sido frenadas por el Gobierno Trump.

Sin perjuicio de la decisión de la primer potencia mundial, y como dijera el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres en la Conferencia “Acción climática: movilizando al mundo[6]” desarrollada en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York el 30 de mayo de 2017, “Hacer negocios verdes no es sólo hacer lo correcto sino también lo más inteligente” y dentro de este orden de ideas, en forma previa al anuncio de esa decisión, es que 600 compañías de primer orden internacional y con sede en ese país, expusieron su postura favorable a la permanencia en el Acuerdo, cuestionando posteriormente la decisión de Trump, por considerarla contraria tanto a la “salud” del planeta, como así también de los negocios de cada una de las empresas.

Al respecto, Guterres agregó que “Si el gobierno de los EE.UU. decide irse del Acuerdo, serán los Estados, las ciudades, las empresas y los ciudadanos los que deberán seguir comprometidos con la acción climática”, retomando la vieja concepción de Ciudadanía Ecológica, con la implicancia que ella representa relativa a la responsabilidad de cada una de las personas de cara a la protección a ambiental, su partición e involucramiento.

Asimismo, un número muy importante de empresas estadounidenses suscribió el documento titulado “We are still in”[7], en español “Aún estamos dentro”, mediante el cual, asumieron en forma independiente de la decisión estatal, el compromiso de cumplir los objetivos fijados en el Acuerdo de París de cara a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y es dentro de esos mismos compromisos que casi mil empresas a nivel global también hicieron público su compromiso.

Vale la pena resaltar que las empresas más contaminantes y emisoras de gases de efecto invernadero a nivel global son aquellas relacionadas con la producción  gasífero petrolera, extracción carbonífera y elaboración de cemento, por lo que para actuar frente al cambio climático, deberán reducirse exponencialmente estas actividades, apuntando a la gestión energética eficiente y sostenible con base en las energías renovables[8]. Sin embargo, las compañías dedicadas a esas actividades, son las principales opositoras a los cambios necesarios a la hora de sumarse a las mesas de debate relativas al cambio climático.

Compromiso empresarial [arriba] 

En relación al rol que deberán cumplir las empresas, los gobiernos de los Estados firmantes, las han llamado a comprometerse activamente con los objetivos fijados en el Acuerdo, y específicamente el artículo 6 del mismo, impulsa al sector empresarial a comprometerse y tomar partido en la aplicación y consecución del objetivo nacional presentado por cada país, propendiendo a una mayor ambición en sus medidas de mitigación y adaptación en procura del desarrollo sostenible.

Desde el punto de vista de la estrategia empresarial, el impacto del cambio climático y de sus consecuencias, es algo que no puede dejarse de lado y las empresas deben tener una política y planes de acción que incorporen la variable “cambio climático” y consecuentemente, operar con modelos de gestión sostenible.

Para ello, deberán las empresas conocer y encontrarse preparadas para asumir los impactos potenciales que el cambio climático podría tener en su cadena de valor con motivo de fenómenos meteorológicos extremos, los cuales podrían afectar a sus proveedores, impactar en el suministro de materias primas o la escasez de agua en algunas regiones, por lo cual deberán adelantarse y planificar acciones para mitigar esos efectos.

En ese orden de ideas, las compañías deben comprometerse frente al fortalecimiento de los objetivos nacionales y contribuir a su logro más allá de lo establecido, en consonancia con el ob­jetivo global de los 2°C[9] que establece el Acuerdo de París y preferentemente de 1,5°C o menos, para lo que las empresas pueden disponer de medidas como la contabiliza­ción y posterior compensación de las emisiones de CO2 originadas en forma directa o indirecta, en la actividad empresarial.

El trabajo conjunto y coordinado entre empresas y estado deberá plasmarse en incen­tivos a las actividades de reducción de emisiones que sean incluidos en las legislaciones internas.

El Acuerdo a su vez, incentiva a las empresas comprometidas con la lucha contra el cambio climático a redirigir sus inversiones a países que posean objetivos mayores de reducción de emisio­nes y que establezcan marcos regulatorios estables y diseñados para facilitar las inversiones bajas en carbono como así también a apuntar a las energías limpias y a la mejora de capacidades y tecnologías que tiendan a una mayor y mejor adaptación de los países en desarrollo a las consecuencias del cambio climático.

Para ello, será fundamental una cultura empresarial que tenga a la lucha contra el cambio climático como un punto clave en los momentos de tomar decisiones, de cara a la determinación de estrategias empresariales. La imagen de las empresas deberá reflejar su compromiso frente al cambio climático, lo que prestigiará su reputación y consecuentemente su marca.

Los procesos de cambio [arriba] 

En Argentina, conforme al Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero publicado en junio de 2017, por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, el cual actúa como herramienta para medir los gases emitidos y absorbidos por la atmósfera durante un año calendario en el país y que muestra la información obtenida de acuerdo a los principios de calidad establecidos por el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC), el sector energético encabeza el ranking de emisores de GEIs, con un 53% (incluyendo el transporte), seguido por agricultura, ganadería, silvicultura y otros usos de la tierra con un 39% y los sectores industriales y de residuos, ambos con un 4%.

Pese a ello, el proceso de cambio hacia las economías con base en la producción baja en carbono ya ha comenzado y el desarrollo de energías renovables, limpias, son su claro ejemplo, principalmente en Europa Occidental, donde se han vuelto competitivas y rentables, no sólo en función de sus costos, sino también en virtud de sus tiempos de instalación. Tal es así que también en los propios Estados Unidos un gran número de empresas ha migrado a las energías renovables, mediante la iniciativa RE100[10].

Con el objeto de dar cumplimiento a lo acordado en París, es que la reducción de emisiones, resulta ser la base de todo intento de cambio y en ese orden de ideas, para aspirar a esa reducción, resulta indispensable contar con información certera y fidedigna relativa a la actividad que cada una de las empresas realiza, con su pertinente análisis de impacto ambiental durante toda la cadena productiva, a los fines de determinar las etapas de mayor emisión y poder trabajar en su reducción. Los bonos de carbono juegan un rol preponderante en relación a las emisiones que no pueden, al menos por el momento, reducirse[11]. En relación, el Panel de Alto Nivel Fijación del Precio del Carbono del FMI y Banco Mundial propone que el porcentaje de emisiones mundiales cubiertas por precios explícitos del carbono se duplique hasta alcanzar el 25 % en 2020, y hasta el 50 % en el siguiente decenio.

Deberán entonces las empresas trabajar palmo a palmo con los Estados[12], aliándose a ellos para afrontar el Cambio Climático, cumpliendo los objetivos y compromisos asumidos por sus gobiernos. Claro está también, que el cambio climático no resulta ser un negocio para ninguna compañía por lo que en el caso específico de los Estados Unidos de América, la decisión del presidente Trump generará graves impactos sobre la competitividad de las empresas y es por ello que éstas deberán afrontar, aún sin el esfuerzo estatal, los compromisos asumidos en el Acuerdo de París.

El sector privado cumple un rol fundamental a la hora de adaptarse y esencialmente de mitigar los efectos del cambio climático, por lo que deberán determinarse los caminos a seguir para reducir sus emisiones, con base en la inversión en investigación, innovación y desarrollo para lo cual deberán actuar en forma articulada con los gobiernos estatales con el fin de facilitar el cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París en función de una producción más sostenible.

Pese a que el Acuerdo de París no puede ser perfecto y en efecto, en varios de sus puntos ha resultado menos ambicioso de lo que hubiera sido necesario para afrontar la crisis climática global, la aprobación de su texto, se ha convertido en un paso histórico enorme, capaz de marcar un antes y un después en la búsqueda de un desarrollo más sostenible y es en función de ese objetivo que se hace necesario el trabajo conjunto de los actores sociales y económicos, incluyendo a  las empresas, las cuales deberán gestionar, más que en cualquier otro momento, en forma responsable y sostenible, dado que nos encontramos en un momento clave en el que la respuesta de las empresas al cambio climático será un factor crítico en el desempeño de sus negocios.

 

Bibliografía [arriba] 

BELLORIO CLABOT, Dino Luis: Derecho del Cambio Climático. AD HOC Editorial, Buenos Aires, 2007.

BELLORIO CLABOT, Dino Luis: Derecho Ambiental Innovativo. AD HOC Editorial, Buenos Aires, 2017.

CAPELLUTO, Marcelo F. Manual de Derecho Ambiental y de la Conservación y Explotación Racional de los Recursos Naturales. Puente del Saber. Buenos Aires. 2013.

CAPELLUTO, Marcelo F. Fuentes de energías alternativas para enfrentar el cambio climático y el recalentamiento global. Revista de Derecho del Cambio Climático - Año I – Número I – Facultad de Derecho – Universidad de Buenos Aires. 2014.

ZARABOZO, María V. Recursos Energéticos y Matriz Energética Nacional. Energías renovables. Los desafíos del futuro para la conservación ambiental. Revista de Derecho del Cambio Climático - Año I – Número I – Facultad de Derecho – Universidad de Buenos Aires. 2014. 

 

 

Notas [arriba] 

[1] COP 1, celebrada en Berlín entre el 28 de marzo y 7 de abril de 1995.
[2] Los ODS se pusieron en marcha en enero de 2016 y orientarán las políticas y la financiación del PNUD durante los próximos 15 años. En su calidad de organismo principal de las Naciones Unidas para el desarrollo, el PNUD está en una posición única para ayudar a implementar los Objetivos a través de su trabajo en unos 170 países y territorios a cuyos gobiernos presta apoyo para que integren los ODS en sus planes y políticas nacionales de desarrollo.
[3] De acuerdo a Emily Farnworth, Jefa de Cambio Climático del Foro Económico Mundial, en su última edición celebrada en Buenos Aires, se ha identificado en el  Reporte Anual sobre Riesgos que el Cambio Climático se mantiene entre los primeros diez riesgos claves para los negocios, por lo que afectando el Cambio Climático a cada aspecto de la economía, se ha incluido esta problemática en un lugar central en la agenda del Foro Económico Mundial.
[4] La abogada María V. Zarabozo sostiene que los que los mayores impactos se producirán en los países más pobres del  África Subsahariana, Sureste asiático y Sudamérica, así como  las pequeñas islas con menor capacidad de protección ante el aumento de sequías y la subida del nivel del mar, el aumento de enfermedades y la caída de la producción agrícola. “Recursos Energéticos y Matriz Energética Nacional. Energías renovables. Los desafíos del futuro para la conservación ambiental”. Revista de Derecho del Cambio Climático - Año I – Número I – Facultad de Derecho – Universidad de Buenos Aires. 2014. p.40. Recuperado de http://ww w.derec ho.uba.ar /exten sion/cam bio-climati co/revistas /A001-N 00001-Revi sta-de- Derech o-del -Cambio -Clima tico.pdf
[5] Las energías renovables no emiten gases de efecto invernadero en los procesos de generación de energía, lo que las revela como la solución limpia y más viable frente a la degradación medioambiental.
[6] En la Conferencia,  Guterres presentó un plan de acción con cinco ideas concretas en las cuales aspira enfocar la acción climática del mundo: intensificar el compromiso político para limitar el aumento de la temperatura del planeta por debajo de los 2°C y, de ser posible, el 1,5°C; otorgar mayor apoyo desde la ONU a los gobiernos que se esfuerzan por cumplir los objetivos climáticos y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS); asegurar el compromiso de los gobiernos y otros actores principales en acelerar la transición hacia las energías renovables; intensificar la movilización de recursos nacionales e internacionales para la adaptación, resiliencia y aplicación de planes nacionales de acción climática; promover nuevas asociaciones entre gobiernos y con el sector privado entre distintas regiones del mundo.
[7] Conformado por una coalición de líderes económicos, educativos y de gobiernos locales de Estados Unidos, representa 120 millones de habitantes de los Estados Unidos de América y 6,2 billones de dólares de la economía estadounidense. En total, el grupo incluye 125 ciudades, 9 estados, 902 empresas e inversionistas, y 183 universidades. Más de 20 de las empresas que firmaron son empresas Fortune 500.
[8] En paralelo, unos 1.100 millones de habitantes, el 17% de la población mundial, no disponen de acceso a la electricidad.
[9] Según el Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas, el objetivo que se acordó internacionalmente de limitar el aumento de la temperatura media global a 2 grados centígrados solo se logrará si se aumenta rápida y masivamente el uso de las energías renovables.
[10] RE100 es una iniciativa mundial para implicar, apoyar y destacar a las grandes empresas que se han asumido el compromiso de utilizar un 100% de energía renovable. La iniciativa fue presentada en 2014 durante la Semana del Clima de Nueva York con la participación de 13 grandes empresas, desde el fabricante de muebles IKEA hasta la aseguradora Swiss Re.
[11] La fijación de un precio para el carbono puede desempeñar una función esencial, pues envía una señal a los inversores para que apuesten por una economía baja en carbono; además, en la práctica,  sanciona a quienes contaminan y premia a las compañías eficientes.
[12] Según el abogado Marcelo F. Capelluto “Es necesario que los gobiernos destinen parte de sus ganancias…, en una verdadera reconversión energética. No se debe cometer el error de atender solo a la coyuntura del momento, sino que se debe pensar en un planeamiento a largo plazo, requiriéndose al efecto acuerdos parlamentarios multipartidarios”. “Fuentes de energías alternativas para enfrentar el cambio climático y el recalentamiento global”. Revista de Derecho del Cambio Climático - Año I – Número I – Facultad de Derecho – Universidad de Buenos Aires. 2014. p.41. Recuperado de http://www .derech o.uba.ar/ex tension/cambi o-clim atico/re vistas/A 001-N00 001-Revista -de-Derec ho-del -Cambio-Cl ima tico.pdf