Doctrina
Título:Consumismo, obsolescencia programada y economías verde, circular y azul. Nuevos desafíos para un derecho ambiental en permanente evolución
Autor:De Benedictis, Leonardo
País:
Argentina
Publicación:Revista Iberoamericana de Derecho Ambiental y Recursos Naturales - Número 26 - Diciembre 2017
Fecha:14-12-2017 Cita:IJ-CDLXXXIV-297
Índice Voces
1. Introducción
2. Consumismo y obsolescencia programada
3. Las economías verde, azul y circular
Reflexiones, conclusiones y propuestas

Consumismo, obsolescencia programada y economías verde, circular y azul

Nuevos desafíos para un derecho ambiental en permanente evolución

Leonardo De Benedictis

1. Introducción [arriba] 

La crisis ambiental en la que nos encontramos inmersos, puesta de manifiesto, con notable precisión, en la Encíclica Laudato. Si, es el resultado, a veces de la ignorancia y otras veces de la desaprensión humana. Lamentablemente, los individualismos / egoísmos suelen prevalecer frente a los criterios de solidaridad y en los tiempos actuales nos podemos encontrar con quienes, con total indiferencia por las consecuencias, apuestan a alentar un consumismo que, conforme se ha podido comprobar, es insustentable en el tiempo e inequitativo en lo social. Obviamente que ese “consumismo” tiene que tener, como otra cara de la misma moneda, una producción creciente que pareciera no tener límites, aún cuando los insumos que le brinda la madre naturaleza sí los tienen, y el sistema parece completarse con la denominada “obsolescencia programada”.

Frente a esta realidad inquietante, que pareciera llevarnos a un futuro caracterizado por los conflictos y tensiones sociales derivadas de una decreciente disponibilidad de recursos naturales esenciales frente a las crecientes necesidades de la gente, emergen iniciativas que intentan cambiar la situación y dentro de ellas encontramos a las que apuntan a la economía (economías verde, azul y circular).

Lo importante es tener en cuenta que el Derecho y sus normativas, no pueden estar ausentes ante los problemas derivados del consumismo y la obsolescencia programada, y ante las propuestas alentadoras que vienen de la mano de las economías antes mencionadas. Si a las malas iniciativas no se les pone freno desde el Derecho y a las buenas no se las alienta desde éste, lo más probables es que las malas crecerán y las buenas no subsistirán.

A continuación nos introduciremos en el conocimiento del consumismo y la obsolescencia programada y de las economías verde, circular y azul, para terminar reflexionando, sacando conclusiones y proponiendo soluciones desde el Derecho. La idea no es agotar el tema sino, simplemente, ponerlo en la mesa de análisis y discusión.   

2. Consumismo y obsolescencia programada [arriba] 

En principio, cabe señalar que conceptualizamos al consumismo como el consumo de cosas innecesarias, motivado por vanidades y creencias de que la felicidad viene de la mano de las cosas que compramos. Lamentablemente, estas creencias se vienen consolidando, en gran medida, a través de un permanente repiqueteo publicitario desde la televisión y otros medios de difusión masiva. Obviamente, esto no es un síntoma de progreso sino, todo lo contrario, de degradación humana, que lejos de llevarnos a un mundo mejor, nos conduce a un mundo de mayor infelicidad, ya que vivimos en la búsqueda permanente de una felicidad asociada a bienes materiales, que no llega nunca, por mas bienes que se tengan y, peor aún, nos lleva también a un mundo muy desigual, con personas que se encuentran atrapados por el consumismo, y personas que, muchas veces, no logran satisfacer sus necesidades esenciales ¿A que nos llevan estas desigualdades? A aumentar los enfrentamientos y vivir en un mundo cada vez más inseguro. 

Es necesario un cambio de rumbo que nos lleve a construir una sociedad mejor, más madura, más igualitaria e inclusiva, una sociedad guiada por ideales de solidaridad y no de competencia e individualismo ¿es eso posible? Habrá, como siempre, los agoreros que digan que esto es una utopía. Pero también estamos los que pensamos que las utopías pueden convertirse en realidad. 

Lamentablemente, desde algunos sectores empresariales (por cierto que no se puede generalizar ya que hay otros sectores que están en las antípodas) se promueven políticas que van a contramano del cambio de rumbo propiciado. La denominada “obsolescencia programada” es una expresión de ello ya que, en definitiva, termina alentando el consumismo.

Concretamente, hablar de obsolescencia programada es hacer referencia a políticas empresarias  que apuntan a producir bienes cuya duración es acotada, no porque no existan tecnologías que permitan una mayor durabilidad, sino por razones de conveniencia empresaria. Al acotarse la durabilidad de los bienes que se producen, se alienta el consumismo, obligando a comprar un nuevo producto en reemplazo del que ya ha perdido utilidad. Esto conduce a una mayor presión sobre los recursos naturales aumentando el riesgo de su agotabilidad y aumentando también los riesgos de contaminación por la mayor generación de residuos.

Esta idea nació en Ginebra, en la Navidad de 1924, al crearse, en secreto, el primer cártel mundial para controlar la producción de lámparas de luz. Phoebus, así se denominaba el cártel, incluía a los mayores fabricantes de lámparas de Europa y Estados Unidos. Su objetivo era reducir la durabilidad de las lámparas, que hasta ese momento era de 2.500 horas, haciendo que no duraran más de 1000 horas. Habían llegado a la conclusión de que la reducción que impulsaban estaba en línea con la ganancia que pretendían obtener. Empresas como Philips en Holanda, Osram en Alemania y Lámparas Zeta en España, formaban parte de este cartel que llevó a que todos los fabricantes realizaran experimentos para crear una lámpara más frágil que cumpliera con la nueva norma de las 1.000 horas.

Lo cierto es que la obsolescencia programada, si bien inicialmente no se expandió de manera significativa, habría tenido un renovado impulso en la década del 50 (siglo XX), adquiriendo distintas formas de expresión que podemos agrupar en las siguientes categorías:

obsolescencia programada propiamente dicha: que consiste en establecer una duración de vida reducida del producto, si fuera necesario mediante la inclusión de un dispositivo interno para que el aparato llegue al final de su vida útil después de un cierto número de utilizaciones.

obsolescencia indirecta: que es la ocasionada por la imposibilidad de reparar un producto por falta de repuestos o piezas de recambio adecuadas, o por resultar imposible la reparación (por ejemplo, el caso de las baterías soldadas al aparato electrónico).

obsolescencia por incompatibilidad: que es la que se verifica cuando, por ejemplo, un programa informático deja de funcionar al actualizarse el sistema operativo. La idea, en línea con lo que deben hacer los servicios de postventa, es inducir al consumidor a comprar un producto nuevo antes que a repararlo, ya que la reparación termina siendo inviable debido a los plazos y precios de las reparaciones.

obsolescencia psicológica: que es la inducida por las campañas de marketing de las empresas, encaminadas a hacer que los consumidores perciban como obsoletos los productos que hoy tienen y se sientan tentados a comprar lo nuevo que se ofrece.

Actualmente, la obsolescencia programada se verificaría en distintos sectores productivos, de acuerdo a la opinión de quienes vienen siguiendo este tema, como puede apreciarse seguidamente:

Obsolescencia biológica

Un ejemplo es el de las semillas Terminator de Monsanto, que son semillas genéticamente diseñadas que se vuelven estériles e inútiles una vez que han dado la primera cosecha. 

Obsolescencia de medicamentos

Si bien es cierto que la mayoría de medicamentos contiene componentes químicos cuya vida útil es limitada, también es cierto que algunos laboratorios reducen la fecha de caducidad de los fármacos que producen con el fin de obtener mayores ganancias en el rentable negocio de la salud, ocasionando que los pacientes desechen los medicamentos supuestamente vencidos para adquirir otros nuevos.

Obsolescencia de componentes eléctricos y electrónicos

Se verifica, muy especialmente en componentes digitales de la computadora, tales como la impresora, las unidades de disco óptico, los monitores o el mismo microprocesador. Cuando el dueño los lleva a reparar se le termina diciendo que es mejor comprar uno nuevo. También se observa esto en lavarropas, cocinas, heladeras, etc. No hace tanto tiempo atrás, se verificaba una mayor duración de esos productos que la que se verifica en la actualidad. En lo personal, recuerdo que mis padres tenían una heladera, un lavarropas y una cocina a gas que utilizaron casi toda su vida. Recién sobre el final de la misma, cambiaron esos productos por otros de mejores prestaciones, pero, no porque dejaran de funcionar.

Obsolescencia de software

La obsolescencia programada en el software se inicia desde el momento en que el fabricante impulsa a los consumidores a renovar / actualizar su versión de los programas informáticos porque no continuará con sus actualizaciones y el respectivo soporte técnico. Un software que no goce de actualizaciones periódicas sufrirá eventualmente de obsolescencia debido a que se queda atrás en comparación a la tecnología digital al dejarse de desarrollar aplicaciones para el programa. 

3. Las economías verde, azul y circular [arriba] 

Es evidente que los sistemas económicos de producción y consumo que venimos utilizando están en crisis y que no pueden sustentarse en el tiempo. La “huella ecológica”, que es un indicador que mide la cantidad de recursos naturales que consumimos y la cantidad de residuos que generamos, lo viene señalando de manera indubitable. En consecuencia, se han venido dando distintas iniciativas económicas que buscan la sustentabilidad, encontrando en esa línea a las llamadas economía verde, economía azul y economía circular. 

No es fácil señalar las diferencias de cada una de estas economías entre sí, ya que tienen puntos en común, pero quizás, en una primera aproximación, podríamos decir que la economía verde apunta a orientar mejor las inversiones, trabajando sobre ciertos sectores para lograr que los mismos sean mas sustentables (ejemplos: el sector agrícola, el sector forestal, el sector pesquero, el sector transporte / energía, etc.), la economía circular apunta a trabajar sobre los residuos, evitando que los mismos vayan a disposición final y, por el contrario, se conviertan en insumos de nuevos procesos productivos y, finalmente, la economía azul pone foco en la imitación de los procesos de la naturaleza y de los ecosistemas desde una visión empresarial.

La economía verde fue, quizás, la que cosechó mas controversias hasta ahora, atento a que al lado de sus impulsores salieron los que la cuestionaron y la cuestionan duramente. En especial, las críticas vienen de Latinoamérica y se efectúan desde determinados gobiernos y posiciones políticas de izquierda, que ven en esta economía, una forma enmascarada de la economía neoliberal. Se suman a las críticas las comunidades de los pueblos originarios diciendo que “esta es una economía basada en la destrucción del medio ambiente, es la continuación del colonialismo que los pueblos indígenas y nuestra Madre Tierra han resistido durante 520 años". 

A continuación, analizaremos cada una de estas economías.

3.1. Economía verde

Aunque el concepto de economía verde pudo haber existido desde hace varios años, el tema fue introducido oficialmente a la mesa de discusión cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió organizar la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible en Río de Janeiro, Brasil en 2012. Para esa ocasión el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) había diseñado un proyecto de economía verde que debía debatirse y eventualmente aprobarse en dicha Conferencia, pero, eso no se logró y solo dio lugar a que en la declaración de principios que se emitiera bajo el título “El Futuro que Queremos” (cada conferencia ambiental de la ONU lleva su declaración de principios), hubiese una referencia al tema de una manera genérica sin que se aportase nada concreto. A continuación se reproduce una parte de esta declaración:

Afirmamos que cada país dispone de diferentes enfoques, visiones, modelos e instrumentos, en función de sus circunstancias y prioridades nacionales, para lograr el desarrollo sostenible en sus tres dimensiones, que es nuestro objetivo general. A este respecto, consideramos que una economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza es uno de los instrumentos importantes disponibles para lograr el desarrollo sostenible y que podría ofrecer alternativas en la formulación de políticas pero no debe consistir en un conjunto de normas rígidas. Ponemos de relieve que una economía verde debe contribuir a la erradicación de la pobreza y al crecimiento económico sostenido, aumentando la inclusión social, mejorando el bienestar humano y creando oportunidades de empleo y trabajo decente para todos, manteniendo al mismo tiempo el funcionamiento saludable de los ecosistemas de la Tierra.

Alentamos a todos los países a que consideren la posibilidad de implantar políticas de economía verde en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza, de manera que se procure impulsar un crecimiento económico y una creación de empleo sostenidos, inclusivos y equitativos, en particular para las mujeres, los jóvenes y los pobres.

Como vemos, estas declaraciones son lo suficientemente genéricas y ambiguas como para no quedar claro en qué consiste la economía verde, razón por la cual, pareciera mejor remitirnos a lo que, en definitiva, se manifiesta en el Proyecto de Economía Verde del PNUMA. En él, primeramente se destacan las falencias que viene evidenciando la economía actual, haciéndolo en estos términos:

El auge reciente del concepto de economía verde se ha visto favorecido, indudablemente, por el desencanto general con relación al paradigma económico dominante, una sensación de cansancio que se desprende de las numerosas crisis y fracasos del mercado que se han producido durante la primera década del nuevo milenio, en particular la crisis financiera y económica de 2008. Sin embargo, al mismo tiempo se tiene cada vez mayor evidencia de un camino a seguir, de un nuevo paradigma económico en el que la riqueza material no se ha de obtener forzosamente a expensas del incremento de los riesgos ambientales, las escaseces ecológicas o las disparidades sociales.

Durante la última década han surgido o se han acelerado diferentes crisis concurrentes de diversa índole: la crisis del clima, de la diversidad biológica, del combustible, alimentaria, del agua y, finalmente, del sistema financiero y del conjunto de la economía.

Si bien las causas de estas crisis son diversas, básicamente todas comparten un mismo elemento: la asignación evidentemente incorrecta del capital. Durante las dos últimas décadas, una gran cantidad de capital se destinó a propiedades, combustibles fósiles y activos financieros estructurados con los instrumentos consecuentes; comparativamente, se invirtió muy poco en energías renovables, eficiencia energética, transporte público, agricultura sostenible, protección de los ecosistemas y de la diversidad biológica, y conservación del suelo y el agua. La mayoría de las estrategias de desarrollo y crecimiento económico promueven una rápida acumulación de capital físico, financiero y humano, a costa de un agotamiento y una degradación excesivos del capital natural, del cual forman parte nuestros recursos naturales y ecosistemas. Al agotarse las reservas mundiales de riqueza natural, a menudo de forma irreversible, este patrón de desarrollo y crecimiento ha afectado negativamente al bienestar de las generaciones actuales, planteando enormes riesgos y desafíos a las generaciones futuras. Las recientes crisis múltiples son sintomáticas de este modelo. 

Las políticas y los incentivos de mercado actuales han agravado el problema de la mala asignación del capital, ya que no exigen a las empresas que rindan cuentas sobre sus actuaciones a nivel social y ambiental. “Los mercados sin restricciones no se diseñaron para resolver los problemas sociales” , así que es necesario mejorar las políticas públicas, incluyendo medidas de fijación de precios y reguladoras, para cambiar los incentivos de mercado perversos que hacen que el capital se asigne de manera inadecuada y que se ignoren las externalidades sociales y ambientales. Asimismo, ejemplos exitosos de todo el mundo, especialmente de países en desarrollo, están reconociendo y demostrando el papel de la aplicación de regulaciones, políticas e inversiones públicas adecuadas en favorecer la introducción de cambios en el modelo de la inversión privada.

Cabe destacar la crítica que se hace precedentemente a los “mercados sin restricciones” y a la necesidad de la acción estatal para que, mediante políticas públicas, entre las que se incluye la fijación de precios, se logre que los mercados trabajen bajo nuevos incentivos que orienten mejor las inversiones atendiendo a las consecuencias sociales y ambientales. Pareciera que estas concepciones van en contra de los que la Encíclica “Laudato Si” identifica como “adoradores del mercado”. 

Luego, el Informe trata de ir definiendo a la economía verde, y cabe destacar para tal fin a los siguientes párrafos:

El PNUMA considera que una economía verde debe mejorar el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas. En su forma más básica, una economía verde sería aquella que tiene bajas emisiones de carbono, utiliza los recursos de forma eficiente y es socialmente incluyente. En una economía verde, el aumento de los ingresos y la creación de empleos deben derivarse de inversiones públicas y privadas destinadas a reducir las emisiones de carbono y la contaminación, a promover la eficiencia energética así como en el uso de los recursos, y a evitar la pérdida de diversidad biológica y de servicios de los ecosistemas. Dichas inversiones han de catalizarse y respaldarse con gasto público selectivo, reformas políticas y cambios en la regulación. El camino hacia el desarrollo debe mantener, mejorar y, donde sea necesario, reconstruir el capital natural como activo económico fundamental y fuente de beneficios públicos, especialmente para las personas desfavorecidas cuyo sustento y seguridad dependen de la naturaleza.

Resulta de especial interés un párrafo que pone de manifiesto la gravedad de la problemática de los recursos naturales, totalmente alineado con lo que hemos venido diciendo precedentemente, en especial en relación a la huella ecológica: 

En el último cuarto de siglo la economía mundial se ha cuadriplicado, beneficiando a centenares de millones de personas. Sin embargo, en el mismo periodo de tiempo, el 60% de los principales bienes y servicios de los ecosistemas del mundo, de los que depende el sustento del ser humano, se han degradado o utilizado de un modo insostenible. Así pues, el crecimiento económico de las últimas décadas ha sido alcanzado agotando los recursos naturales, sin dar tiempo a que las reservas se regeneren y permitiendo la degradación y pérdida generalizadas de los ecosistemas.

En esencia, el Proyecto de Economía Verde del PNUNA propone que un 2% del PBI mundial (1,3 billones de dólares) sea destinado al “enverdecimiento” de la economía, direccionándolo hacia los sectores que se consideran a continuación. Resulta de particular interés reproducir algunos párrafos del proyecto en cuestión para comprender el por qué de ese direccionamiento.

Sector Forestal

Las elevadas tasas actuales de deforestación y degradación de los bosques se deben a la demanda de productos madereros y a la presión causada por otros usos del suelo, concretamente por la agricultura y la ganadería.

Nuestro modelo de economía verde indica que invertir el 0,03% del PIB entre 2011 y 2050 en pagar a los propietarios de los bosques para que los conserven, así como en trabajos de reforestación, podría incrementar el valor agregado de la industria forestal en un 20% más que si no se producen cambios. De este modo, además, se podría estimular la creación de empleos formales en el sector y aumentar sustancialmente el carbono almacenado en los bosques.

Sector Agrícola

Las prácticas agrícolas que se llevan a cabo actualmente utilizan más del 70% de las reservas de agua dulce y son responsables de más del 13% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas prácticas también están relacionadas con los 3 / 5 millones de casos de envenenamiento con pesticidas y las más de 40.000 muertes que se producen cada año por este motivo.

Las inversiones en agricultura verde en nuestra simulación de economía verde oscilan entre los 100.000 y los 300.000 millones de dólares anuales en el periodo 2010-2050. Estas inversiones permitirían mejorar la calidad del suelo e incrementar los rendimientos de los principales cultivos en el mundo, representando una mejora del 10% respecto a lo que pueden ofrecer las estrategias actuales de inversión. Este crecimiento, aun siendo insuficiente para garantizar un acceso igualitario a los alimentos, será necesario para abordar el reto de alimentar a una población en aumento.

Seguridad Hídrica

El suministro de agua dulce, de la calidad y en la cantidad necesarias, es uno de los servicios básicos de los ecosistemas. Por consiguiente, gestionar e invertir en los ecosistemas es esencial para garantizar la seguridad hídrica de personas y ecosistemas en términos de escasez, sobreabundancia (riesgo de inundación) y calidad. Si las cosas siguen como hasta ahora, se prevé una brecha grande e insostenible entre el suministro mundial y la demanda de agua.

Invirtiendo entre 100.000 y 300.000 millones de dólares anuales entre 2010 y 2050, se podría aumentar la eficiencia de los sectores agrícola, industrial y municipal, reduciendo la demanda de agua en aproximadamente una quinta parte para 2050 (tomando como referencia las proyecciones actuales) y reduciendo la presión sobre el agua subterránea y las aguas superficiales tanto a corto como a largo plazo.

Sector Pesquero

El sector pesquero es fundamental para el desarrollo económico, el empleo, la seguridad alimentaria y el sustento de millones de personas en el mundo. No obstante, los subsidios (que oscilan en torno a los 27.000 millones de dólares anuales) han provocado un exceso de capacidad dos veces superior a la capacidad reproductiva de los peces. 

Para enverdecer el sector será necesario reorientar el gasto público y destinarlo a fortalecer la gestión de la pesca y a financiar una reducción del exceso de capacidad, mediante el desmantelamiento de embarcaciones y la reubicación de trabajadores en el corto plazo, con el fin de recuperar las poblaciones de peces agotadas por el exceso de capturas. 

Una inversión única de entre 100 y 300 mil millones de dólares reduciría el exceso de capacidad y permitiría aumentar las capturas de 80 millones de toneladas anuales en la actualidad a 90 millones de toneladas en 2050, aunque en la próxima década se produciría un descenso mientras las reservas se recuperan. Se calcula que el valor actual de los beneficios que acarrearía enverdecer el sector pesquero es entre tres y cinco veces superior a la inversión que se requiere. De continuar la actividad como hasta ahora, el sector pesquero experimentará un declive y una contracción causados por el desplome de las poblaciones de peces.

Sector Energético

Para enverdecer el sector energético es necesario sustituir las inversiones en fuentes de energía intensivas en carbono por inversiones en energía limpia y mejora de la eficiencia. 

Diversos estudios de la AIE (Agencia Internacional de Energía) demuestran que un paquete concertado de inversiones basadas en políticas, en un rango general del 1-2% del PIB mundial, permitiría orientar la economía mundial hacia un crecimiento bajo en carbono. Para poner esta cifra en perspectiva, esa inversión adicional es comparable al nivel de subsidios a los combustibles fósiles, que en 2008 fue equivalente casi al 1% del PIB. 

Las conclusiones de estos estudios están respaldadas por nuestra simulación para este informe, según la cual sustituir inversiones en energías intensivas en carbono por inversiones en energías limpias casi podría triplicar la tasa de penetración de las energías renovables en la generación de electricidad, que pasaría del 16% al 45% en 2050. En cuanto a la mezcla o matriz energética, las renovables podrían duplicar su aportación, hasta superar el 25% del suministro total.

Sector Manufacturero / Industrial

Enverdecer el sector de la manufactura supone extender la vida útil de los productos, haciendo más hincapié en el rediseño, la re-manufactura y el reciclaje, que forman el núcleo de la manufactura en ciclo cerrado. 

Rediseñar los sistemas de producción implicaría diseñar de nuevo los productos para extender su vida útil, facilitando su reparación, reacondicionamiento, refabricación y reciclaje y sentando las bases de la manufactura en ciclo cerrado. 

Las operaciones de remanufactura, que se basan en el reprocesamiento de productos y componentes usados mediante sistemas de recuperación, permiten ahorrar actualmente alrededor de 10,7 millones de barriles de petróleo cada año.

El reciclaje promueve el uso de los subproductos del proceso de producción y ofrece alternativas para sustituir determinados factores de la producción.

Sector generación y valorización de residuos

Los niveles actuales de generación de residuos están estrechamente relacionados con el nivel de ingresos. El nivel de vida y el ingreso están aumentando, por lo que se prevé, que en 2050, el mundo generará más de 13.100 millones de toneladas de residuos, alrededor de un 20% más que en 2009. Un uso más eficiente y mayor recuperación de recursos, a través de una política pública sensata, puede reducir los flujos de residuos asociados al incremento del nivel de vida y evitar pasivos en el futuro. Es indudable que la recuperación de los residuos es un ámbito con un amplio margen de mejora, pues actualmente tan solo el 25% de los residuos se recupera o se recicla. El valor del mercado de los residuos, desde la recolección al reciclaje, según los cálculos se estima en 410.000 millones de dólares anuales.

Entre todas las corrientes de residuos, los provenientes de equipos eléctricos y electrónicos, que contienen sustancias peligrosas nuevas y complejas, son los que están experimentando un crecimiento más rápido, tanto en los países desarrollados como en desarrollo. Las mejoras que se conseguirían mediante una economía verde permitirían reciclar casi todos los residuos electrónicos, de los cuales se estima que actualmente se recicla el 15%. A nivel mundial, en un escenario de inversión verde, la tasa de reciclaje en 2050 sería más de tres veces superior al nivel proyectado actualmente, y la cantidad de residuos que llega a los rellenos sanitarios se reduciría en más del 85%. 

Los residuos pueden convertirse en productos comercializables, como demuestra el caso de la conversión de residuos en energía que, en 2008, generó alrededor de 20.000 millones de dólares y cuyo crecimiento se calcula en torno al 30% ya en 2014. Los residuos agrícolas provenientes fundamentalmente de zonas rurales suponen 140.000 millones de toneladas métricas en todo el mundo, y tienen un potencial energético equivalente a 50.000 millones de toneladas métricas de petróleo. En un escenario de economía verde, en 2050 todos los residuos de biomasa se convertirían en compost o bien se recuperarían para generar energía.

Sector seguridad alimentaria

Actualmente se producen alimentos más que suficientes para alimentar a una población mundial sana, pero la pérdida de alimentos hace que de las 4.600 kcal por persona que se producen sólo 2.000 estén disponibles para su consumo. En Estados Unidos, por ejemplo, el 40% de los alimentos, con un valor de 48.300 millones de dólares, se desperdicia cada año, y con ellos 350 millones de barriles de petróleo y 40 billones de litros de agua. Los países de renta baja suelen tener pérdidas significativas por la falta de instalaciones de almacenamiento, las plagas sobre el terreno, un mal manejo de los alimentos y una infraestructura de transporte inadecuada. Una estrategia importante, poco atendida, para afrontar el reto de alimentar a la creciente población mundial sin aumentar la carga que supone la producción para el ambiente es reducir los residuos alimentarios. Los investigadores calculan que, dada la magnitud de las pérdidas y los beneficios potenciales, una reducción del 50% de las pérdidas y los desperdicios de la cadena alimentaria – incluidas las prácticas agrícolas y posteriores a la cosecha – es un objetivo realista.

Sector de la Construcción/Edilicio

El sector de la construcción es el mayor emisor de gases de efecto invernadero (8.600 millones de toneladas de CO2 equivalente), debido a que un tercio de la energía mundial se consume dentro de los edificios. El potencial del sector para disminuir significativamente sus emisiones a un costo reducido, haciendo uso de las tecnologías actuales, ha sido confirmado y se refleja también en el informe AR4 del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). 

Además, el sector de la construcción es responsable de más de un tercio del consumo mundial de materias primas, incluido el 12% del agua dulce, y contribuye significativamente a la generación de residuos sólidos (estimado en 40%). De acuerdo a las proyecciones del escenario de alto crecimiento del IPCC, la huella climática del sector de la construcción podría casi duplicarse hasta alcanzar el equivalente a 15.600 millones de toneladas de díoxido de carbono antes del 2030 (aproximadamente un 30% de las emisiones de CO2 relacionado con el consumo energético).

La Iniciativa de Edificios y Construcciones Sostenibles (SBCI, por sus siglas en inglés) del PNUMA, y sus asociados, han demostrado que, de toda la gama de instrumentos políticos, los más rentables y eficientes son aquellos que se basan en el cumplimiento de determinadas normas de construcción sostenible, a menudo con el respaldo de incentivos económicos y fiscales y de esfuerzos para el desarrollo de capacidades. Si bien tales instrumentos acarrean una inversión previa adicional en las edificaciones, suelen generar ahorro a lo largo de su ciclo vital gracias a la reducción del consumo energético, el fortalecimiento de las economías domésticas y la mejora de la salud ambiental. 

Además del ahorro energético correspondiente, el enverdecimiento del sector de la construcción puede contribuir a mejorar la eficiencia en el uso de materias primas, tierra y agua, así como una disminución de los residuos y de los riesgos asociados a las sustancias peligrosas. El sector tiene un potencial enorme, sobre todo en los países en desarrollo, para reducir la contaminación del aire doméstico, el cual es responsable del 11% de las muertes que se producen en el mundo cada año.

Sector Transporte

Tanto en el ámbito urbano como fuera de él, el transporte es responsable de más de la mitad del consumo mundial de combustibles fósiles líquidos y de casi un cuarto de las emisiones de CO2 relacionadas con el consumo energético. Los estudios indican que el costo ambiental y social, en términos de agentes contaminantes del aire, accidentes de tráfico y congestión a nivel local, puede llegar o incluso superar el 10% del PIB de una región o país, lo cual es muy superior a las cantidades necesarias para iniciar la transición a una economía verde. 

Las políticas para enverdecer el transporte siguen tres principios relacionados entre sí: 

1) evitar o reducir los desplazamientos, integrando la utilización del suelo y la planificación del transporte y fomentando la producción y el consumo locales; 

2) adoptar medios más eficientes desde el punto de vista ambiental, tales como el transporte público y los medios no motorizados (para pasajeros), y el transporte ferroviario o por agua (para mercancías); y, 

3) mejorar tecnológicamente vehículos y combustibles para reducir sus efectos negativos, a nivel social y ambiental, por kilómetro recorrido. 

Entre las políticas necesarias se encuentran: la planificación del uso de la tierra para promover el desarrollo de ciudades compactas o a partir de corredores de transporte masivo, la regulación de combustibles y vehículos, y la difusión de la información necesaria para que los consumidores y la industria tomen decisiones acertadas. Fuertes incentivos económicos tales como impuestos, cargos y reformas de los subsidios pueden también fomentar el uso de vehículos particulares más limpios, así como la transición hacia el transporte público o los medios de transporte no motorizados.

Desde una perspectiva mundial, nuestra simulación de economía verde indica que invertir anualmente el 0,34% del PIB mundial durante el periodo 2010-2050 (empezando por una inversión inicial en torno a 195.000 millones de dólares) en el sector del transporte, podría contribuir a reducir la utilización de combustibles derivados del petróleo hasta un 80% respecto al consumo bajo el escenario del modelo actual, con un incremento adicional del empleo del 10%.

3.2. Economía azul

Se trata de una concepción ideada por un belga llamado Gunter Pauli, que es un emprendedor (categoría de moda y muy valorada en los tiempos actuales), un economista, un ex empresario, y que fuera asesor del Club de Roma (prestigiosa entidad que reúne a científicos, políticos, catedráticos y empresarios preocupados por el futuro de la humanidad). También ha incursionado en la política obteniendo un puesto en el Parlamento Europeo que nunca ocupó. En la actualidad, viene dando conferencias en diversos países, entre ellos la Argentina, explicando en que se basa su propuesta de “Economía Azul”, nombre inspirado en la imagen de nuestro planeta, el planeta azul, atento a que la mayor parte de su superficie está cubierta de agua. Los detalles de su concepción los encontramos en un libro de su autoría que se llama, precisamente, “Economía Azul”.

Su introducción nos permite tomar contacto con las ideas esenciales que guían a la economía azul y en ella se pone de manifiesto que se trata de imitar a la naturaleza y al funcionamiento de los ecosistemas:

Debemos ser capaces de copiar los ecosistemas, que se aprovechan de la física y de las materias primas a su disposición para satisfacer las necesidades básicas y promover la eficiencia y la diversidad. 

Estamos ante la necesidad de un fascinante e interesante cambio de rumbo en nuestras formas de pensar y de actuar para lograr un cambio radical en nuestros modelos de diseño, de producción y de consumo para asegurar que nuestros sistemas de producción sean capaces de imitar al máximo lo que la naturaleza ha experimentado en miles de millones de años de evolución, y consentir a la sociedad la posibilidad de alcanzar el estado de emisiones cero, reequilibrando por lo tanto nuestros metabolismos sociales con los naturales.

Para dirigir el sistema hacia la sostenibilidad y la gobernabilidad, será necesario invertir nada menos que características estructurales de la forma de vida actual, es decir:

El crecimiento de la población y del capital debe ser frenado y finalmente debe pararse, por

decisiones tomadas a la luz de las dificultades futuras, y no por la reacción que surge de los límites exteriores ya superados.

Los flujos de energía y materiales deben reducirse mediante el aumento de la eficiencia del capital. En otras palabras, hay que reducir la huella de carbono lo qué se puede hacer de varias maneras: la desmaterialización (usando menos energía y menos materiales para lograr el mismo producto); una mayor equidad (redistribuir los beneficios del uso de energía y materiales a favor de pobres); cambios en la forma de vida (menor demanda o desviar el consumo hacia los bienes y servicios que son menos perjudiciales para el medio ambiente físico).

Fuentes y depósitos deben ser preservados y, cuando sea posible, rehabilitados.

Las reacciones deben ser aceleradas; la sociedad tiene que mirar más allá y actuar sobre la base de costos y beneficios en el largo plazo.

La erosión debe ser prevenida y, en los casos en que se esté produciendo, es necesario reducir la velocidad y revertirla.

No podemos pensar que pueda seguir al infinito el mecanismo de crecimiento continuo y no podemos pensar que nuestros sistemas sociales puedan mantener, o incluso incrementar, la terrible situación de injusticia social planetaria actual. "Si los seres humanos quieren preservar el actual estado de bienestar, tendrán que aprender a imitar el flujo de nutrientes y el metabolismo altamente efectivo de la naturaleza, 'de la cuna a la cuna, en el que no existe el concepto de residuo. Eliminar el concepto de residuo significa diseñar todo - productos, envases y sistemas - desde el principio basado en el principio de que el desecho no existe", afirma el autor.

Este es nuestro reto para el futuro inmediato. Debemos inspirarnos en la naturaleza e imitarla lo más posible. Y este desafío es aún más significativo, precisamente, en 2010, proclamado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Biodiversidad.

A continuación se reproducen algunos conceptos expresados en las distintas partes que componen el libro.

Todas las especies vivas han aprendido a adaptarse a lo que el territorio tiene para ofrecerles. Plasmada por las inevitables leyes de la física, en el transcurso de millones de años, cada especie ha aprendido maneras de lidiar con las dificultades y sobrevivir, recurriendo simplemente lo que tiene y haciendo lo que mejor saben hacer.

La economía no se está cayendo a pedazos sólo por la crisis en los mercados financieros en los que circulan el dinero imaginario. La desestabilización de nuestra economía se debe a nuestro mundo material que funciona sobre la base de los recursos físicos, de los cuales, simplemente no disponemos, y de los residuos que no sabemos dónde esconderlos. Probablemente, el primer cambio que debe hacerse es dejar de producir lo que no se necesita, sobre todo aquello que es tóxico para nosotros y los demás seres que viven con nosotros en este planeta.

A pesar de que los escépticos argumentan que tomar ejemplo de los ecosistemas es poco probable que ejerza un resultado positivo, en realidad, estos sistemas son creados de una manera tal que hace que sea poco probable el fracaso. Los sistemas naturales proveen modelos atractivos y eficientes de gestión, producción y consumo. Aunque a menudo admiradas y alabadas las distintas especies, son los ecosistemas, en su conjunto, que muestran una forma eficaz para responder a las necesidades básicas de cada individuo con los recursos disponibles a nivel local.

Las industrias de la economía azul están surgiendo, capaces de generar empleo para todos, inspiradas por la forma en que la naturaleza hace uso de la física y la bioquímica para crear sistemas completos que funcionan en armonía, transformarse de manera espontánea, en cadena de manera eficiente y sin desperdicio o pérdida de energía.

Reproducir la eficiencia física y operacional de los ecosistemas y los hábitats naturales es una forma práctica para emprender el camino hacia la sostenibilidad y el uso eficiente de los recursos, sin dejar de ser competitivos y generar un valor agregado. Se trata de entender cómo los nutrientes son transportados desde las especies de un reino biológico a otro, con beneficios para todos, y como los minerales absorbidos alimentan los microorganismos que se alimentan de las plantas, que proporcionan alimento a otras especies, en un ciclo en el que los residuos de uno son alimento para los otros

Según lo que manifiesta su creador, las soluciones se basan sobre todo en las leyes de la física; los factores decisivos son la presión y la temperatura tal y como se encuentran en el sitio. Otro aspecto esencial de la iniciativa es que "en la naturaleza los nutrientes, materiales y energía siempre se reutilizan. La basura no existe. Cada producto lateral es la base para un nuevo producto".

3.3. Economía circular

En los últimos años, el término “economía circular” ha cobrado especial auge y, en esencia, se lo identifica con una producción de bienes y servicios que ponga foco en la eliminación de residuos que van a disposición final, procurando que estos se conviertan en insumos de nuevos procesos productivos. En definitiva y como su mismo nombre sugiere, la economía circular se puede definir a partir de las diferencias con la economía lineal, modelo imperante desde la revolución industrial, basado en la extracción de recursos, la producción, el consumo, la generación de residuos y la disposición final de los mismos. En la economía circular se trata de lograr que aquello que pudiera tener un carácter residual vuelva al sistema productivo generándose un ciclo que paso, de estar abierto o ser lineal, a otro cerrado o circular. 

El concepto germina en los años 70, y se va desarrollando de la mano de distintas nomenclaturas y esquemas conceptuales, como el diseño regenerativo, la ecología industrial, los sistemas de la cuna a la cuna, todos basados en el flujo cerrado de la materia y el uso eficiente de los recursos como ocurre en los ecosistemas naturales. 

De todas maneras, fue a partir del impulso proporcionado  por la Ellen MacArthur Foundation y la consultora Mckinsey cuando el concepto “economía circular” se tradujo en algo practicable a escala macroeconómica y una alternativa al modelo lineal. El nacimiento de la fundación (2010) y los dos informes encargados a la consultora (2012 y 2013), coincidieron con la crisis financiera global, la volatilidad de precios y varios informes ambientales demoledores, llevando a una rápida transmisión de los principios del modelo de economía circular, llegando en 2012 a hacerse presente de manera mas institucional con la aprobación en la Unión Europea de un manifiesto apoyando el nuevo paradigma de una economía circular que, destacando la ineficiencia de la economía lineal, debería expandirse para posibilitar que nada se deseche y todos los recursos se aprovechen continuamente en un círculo virtuoso. 

Posteriormente, en 2014 la Unión Europea publicó una comunicación que alineada con el nuevo paradigma llevaba por título: “Hacia una economía circular: un programa de cero residuos para Europa”. En la misma, el modelo lineal “basado en la hipótesis de la abundancia, disponibilidad, facilidad de obtención y eliminación barata de los recursos” se declara obsoleto en pos de una nueva economía circular en la que los recursos sigan considerándose como tales al final de su vida útil, volviendo una y otra vez al ciclo productivo.

Como se puede apreciar, la economía circular sería una forma de enfrentar la problemática de recursos naturales que, conforme a lo que pone de manifiesto la “huella ecológica”, nos enfrenta a un futuro cada vez más tenebroso, al ponernos en conocimiento de que estamos consumiendo más recursos que los que la naturaleza puede regenerar, y estamos generando mas residuos que los que ésta puede admitir. En definitiva, y como ya fuera expresado, estamos agotando y también contaminando los recursos naturales y la economía circular podría implicar un cambio de rumbo económico que alentaría nuevas esperanzas.

Reflexiones, conclusiones y propuestas [arriba] 

De lo analizado precedentemente surgen las siguientes reflexiones, conclusiones y propuestas:

1. Enfrentamos una problemática ambiental cuya gravedad debe ser debidamente ponderada. No se trata ni de describir cuadros de situación que lleven a predecir catástrofes súbitas y a corto plazo, ni de creer que la problemática no es tan grave y que simplemente con mejoras tecnológicas se corregirá. Se trata de ser realistas y ese realismo nos lo da el indicador denominado “Huella Ecológica o Ambiental”. A través de la medición de nuestros consumos y de nuestros residuos nos esta mostrando que estamos dentro de un modelo de producción y consumo insustentable en el tiempo e inequitativo en lo social. 

2. Frente a este cuadro de situación, que sin duda es inquietante y que viene motivando las Conferencias de la ONU sobre el ambiente desde 1972, nos encontramos con los que siguen apostando a políticas/sistemas de producción y consumo inviables. Suelen justificarse diciendo que éste es el modelo actual y que está en línea con lo que es el ser humano y que, en definitiva, no puede ser cambiado y si se lo intenta los resultados serán peores. La verdad es que no es así y que, mas allá de esas argumentaciones, lo cierto es que ya ha quedado confirmado que los recursos de la naturaleza no son infinitos, y que su disponibilidad puede verse afectada por su agotabilidad o por su contaminación. De manera tal que seguir con la idea de los recursos ilimitados es estar fuera de la realidad.

3. Cabe preguntarnos si los que apuestan a estas políticas/sistemas inviables por sus limitaciones físicas/materiales, lo hacen por ignorancia o por indiferencia ante los daños que pueden generar. Lo más probable es que haya ignorantes, pero también que haya indiferentes. En realidad, estos últimos (los indiferentes) son la expresión de una cultura que ha venido creciendo y que está asociada a un individualismo extremo y a la competitividad por sobre la solidaridad. Constantemente se nos incita a competir y a triunfar sobre otros. Quienes no son competitivos quedarían afuera de las posibilidades de una vida satisfactoria. En consecuencia, debemos ser competitivos, y esta es la consigna que vale tanto para las personas, las empresas y los países. En definitiva, el individualismo, la competividad y la indiferencia hacia los demás, viene motivada, fundamentalmente, por una banalización de la vida y el consiguiente olvido/deterioro de valores realmente trascendentes como la honestidad, la dignidad, la veracidad y muy especialmente, la solidaridad. Se alienta un “todo vale” y, curiosamente, luego se alienta la hipocresía de criticar las consecuencias negativas del “todo vale”.

4. Está claro que la cultura del consumismo, el individualismo, la competitividad para ganarle a otros, y el “todo vale” son disvalores que constituyen las causas fundamentales de la problemática ambiental y que, en definitiva, atentan contra nuestras vidas y la mejor convivencia humana, y debería estar claro que debemos abandonar esos disvalores reemplazándolos por criterios de solidaridad y por un retorno a los valores esenciales y trascendentes que estamos dejando de lado. Lamentablemente, eso no es fácil ya que requiere producir un cambio cultural, en un marco caracterizado por un permanente bombardeo mediático a favor de la banalidad y los disvalores.

5. Por otra parte, el avance de programas empresarios de “obsolescencia programada” van a contramano de lo que proponemos y, lo lamentable, es que pareciera que nos estamos acostumbrando a esto y hasta terminamos justificándolo. Afortunadamente, las iniciativas que vienen  de la mano de las denominadas economías verde, azul y circular, que operan en sentido contrario y alientan nuestras esperanzas de construir un mundo mejor.

6. Es importante destacar algunas de las cosas que se dicen en los documentos asociados a estas economías, en particular a las economías verde y azul, impulsadas, en un caso por la ONU, y en el otro por un ex empresario. En el documento elaborado por el PNUMA (ONU) sobre Economía Verde se dice que ésta es una consecuencia del “desencanto general con relación al paradigma económico dominante” y se habla del “una sensación de cansancio que se desprende de las numerosas críticas y fracasos del mercado que se han producido durante la primera década del nuevo milenio, en particular la crisis financiera y económica de 2008”, agregando luego que “los mercados sin restricciones no se diseñaron para resolver los problemas sociales, así que es necesario mejorar las políticas públicas, incluyendo medidas de fijación de precios y regulaciones, para cambiar los incentivos de mercado perversos que hacen que el capital se asigne de manera inadecuada y que se ignoren las externalidades sociales y ambientales”. Por su parte, en el libro sobre economía azul que escribiera su creador (Gunter Pauli), se expresa una crítica al sistema que los defensores del consumismo quieren preservar, diciendo: “no podemos pensar que pueda seguir al infinito el mecanismo de crecimiento continuo y no podemos pensar que nuestros sistemas sociales puedan mantener, o incluso incrementar, la terrible situación de injusticia social planetaria actual”. Más adelante se señala que “probablemente el primer cambio que debe hacerse es dejar de producir lo que no se necesita”.

7. Está claro que las manifestaciones precedentes implican cuestionamientos a la economía / los sistemas de producción y consumo actuales, de hecho pretenden reemplazarlos, pero también está claro, o debería estarlo, que quienes los formulan no pueden ser identificados con orientaciones políticas de determinado signo, como a veces se pretende hacer cuando se efectúan advertencias y críticas como las expresadas. Aquí estamos hablando del PNUMA / la ONU y de un ex empresario, y si le queremos dar un color político a todo esto, que además está en línea con lo que se dice en “Laudato Si”, transitaríamos el camino de la insensatez. Si realmente queremos avanzar hacia la solución de los problemas ambientales que enfrentamos que, como sabemos, afectan nuestras vidas, nuestro presente y nuestro futuro, debemos dejar de lado los ideologismos y el aferrarnos, de manera irracional, a determinadas concepciones políticas. Las concepciones políticas, de cualquier signo que sean, no nos deben llevar a ocultar o falsear la realidad.

Efectuadas estas reflexiones y conclusiones, cabe abordar el campo de las propuestas y surge, como prioritario, una toma de conciencia por parte de la población mundial de la importancia / gravedad de la problemática ambiental que enfrentamos. Debemos advertir que no se efectuaron las Conferencias organizadas por la ONU, reuniendo a los líderes de los distintos países del Globo (Estocolmo 72, Río 92, Johannesburgo 2002 y Río + 20), por un simple divertimento. Tampoco la Iglesia Católica, a través del Santo Padre, ha elaborado una Encíclica específica (Laudato Si) si no estuviéramos ante una situación de especial gravedad.

A partir de esa toma de conciencia generalizada, será necesaria la eliminación de la cultura consumista, asociada a individualismos extremos, a la indiferencia por lo que le ocurre al prójimo y a la promoción de una competividad enfermiza. Tendríamos que lograr que los medios de difusión se conviertan en promotores de valores trascendentes y no en impulsores de banalidades y de una cultura del “todo vale”. No deben quedar dudas sobre el poder de los medios de difusión a la hora de influir en los pensamientos y creencias de la gente. En definitiva, es necesario que salgamos de la crisis humana a la que se alude en Laudato Si que, como bien se señala en la Encíclica, es causa principalísima de la problemática ambiental a la que nos venimos refiriendo. Debemos marchar hacia la generación de sociedades más solidarias y menos deseosas de ingresar o permanecer en un consumismo insustentable e inequitativo (un consumismo que no conocieron nuestros mayores).

Obviamente, no debemos menostreciar lo que puede venir de la mano de los adelantos científico tecnológicos. A través de ellos podemos lograr una producción más limpia y un empleo de recursos más eficiente. También nos pueden ayudar, grandemente, a la hora de tener que reemplazar recursos naturales agotables/próximos a agotarse, por renovables o de mayor disponibilidad. Por último, deberemos tener en cuenta las propuestas que se efectúan a través de las economías que se vienen impulsando (verde, azul, circular).

Pero, no se trata solamente de elaborar iniciativas, que terminen plasmadas en políticas. Se trata de que las políticas vayan acompañadas de normas legales que las proyecten en el tiempo y las hagan cumplibles, sino solo quedarán como iniciativas que el tiempo borrará. Hemos hablado precedentemente del consumismo y una de sus expresiones más lamentables, la obsolescencia programada, y lo cierto es que el Derecho está ausente frente a esta iniciativa perjudicial, y hemos hablado de propuestas que vienen de la mano de las iniciativas económicas analizadas, y el Derecho también está ausente, o al menos está ausente en términos generales, sin perjuicio que alguna propuesta pueda estar plasmada en normas locales. 

Para finalizar, y como se manifiesta en el punto 1 (Introducción), cabe señalar que este artículo solo ha pretendido instalar el tema de la obsolescencia programada y de su contra cara, las economías verde, azul y circular, y la relación de todo esto con el consumismo y con la problemática ambiental que enfrentamos, con vistas a fomentar un análisis más profundo que el realizado hasta aquí. El objetivo final está orientado a promover la búsqueda y obtención de soluciones y la necesidad de ponerlas en ejecución mediante normas legales que, por estar vinculadas al “desarrollo sustentable” y la consiguiente compatibilización de lo económico, con lo social y ambiental, no pueden ser otras que las concernientes al Derecho Ambiental. Evidentemente, los cambios meteóricos que se vienen verificando en el mundo exigen un Derecho Ambiental en permanente evolución, que se constituya en una herramienta efectiva, y no simplemente declamativa, en la defensa del ambiente y de nuestra calidad de vida.