Doctrina
Título:El pensamiento jurídico terapéutico
Autor:Osuna Sánchez, Luis Enrique
País:
México
Publicación:Revista Iberoamericana de Justicia Terapéutica - Número 2 - Febrero 2021
Fecha:03-02-2021 Cita:IJ-I-VII-474
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En las últimas décadas, la humanización del derecho se ha convertido en una necesidad urgente. La Justicia Terapéutica nació con el propósito de evidenciar que las leyes, los procedimientos y las prácticas legales pueden causar detrimento en el bienestar emocional de las personas y comunidades. Para consolidar la implementación y expansión de la Justicia Terapéutica y convertirla en un agente dinámico y perpetuo de cambio, es necesario que se modifiquen las conductas de los actores legales, ya que para analizar e identificar si una ley, un procedimiento o una práctica legal, provoca efectos indeseados en el bienestar emocional de las personas, o bien, por el contrario, fomenta emociones positivas que encajan con los fines perseguidos por la norma, es necesario un cambio de mentalidad, pasar de un pensamiento jurídico formalista centrado en el texto de la norma, a lo que denomino, pensamiento jurídico terapéutico, que puede definirse como la actitud que adopta un operador jurídico frente a la norma, el procedimiento o la práctica. Los actores legales deben activamente evaluar las circunstancias que los rodean y advertir como las leyes, procedimientos y prácticas legales pueden afectar el bienestar emocional de los ciudadanos, no únicamente de los destinatarios del acto o procedimiento jurídico sino de todas las personas que directa o indirectamente están relacionadas, incluso a nivel comunidad. La escucha activa, la justicia procedimental o la interpretación pro persona son herramientas que pueden auxiliar al operador para lograr fines terapéuticos.


Palabras Claves:


Justicia terapéutica, pensamiento jurídico terapéutico, bienestar emocional, justicia procedimental, humanización del derecho.


In recent decades, the humanization of law has become an urgent necessity. Therapeutic Jurisprudence born with the purpose of showing that law, procedures and legal practices can cause detriment on the emotional well-being of individuals and communities. To consolidate the implementation and expansion of Therapeutic Jurisprudence and turn it into a dynamic and perpetual agent of change, it is necessary to modify the behaviors of the legal agents, on the basis that to analyze and identify whether a law, a procedure or a legal practice, causes unwanted effects on the emotional well-being of people, or, on the contrary, encourages positive emotions that fit the purposes pursued by the norm, a change of mentality is necessary, from a formalistic legal thinking focused on the text of the law, what I call, therapeutic legal thinking that can be defined as the attitude adopted by a legal operator towards the norm, the procedure or the practice. The legal agents must actively evaluate the circumstances that surround law, procedures and legal practices and warn how they can affect the emotional well-being of citizens, not only of the recipients of the act or legal procedure but of all the people who directly or indirectly are related. Active listening, procedural justice or pro-person interpretation are tools that can help the operator to achieve therapeutic purposes.


Keywords:


Therapeutic Jurisprudence, therapeutic legal thinking, emotional wellbeing, procedural justice, humanization of law.


El pensamiento jurídico terapéutico

  Luis Enrique Osuna Sánchez[1]

En las últimas décadas surgió una especie de crisis global en el derecho y en la justicia, particularmente en las instituciones que las representan y en los individuos que las integran. La desconfianza ciudadana hacia el gobierno y sus instituciones parece ir en aumento, situación que subjetivamente se ve aún más pronunciada por la globalización, las redes sociales y una ciudadanía más activa en la expresión de su opinión. Es común que la población desconozca a sus representantes, duden de ellos e, incluso, los rechacen. Lo anterior impacta en el voto ciudadano, en el cumplimiento voluntario de sus obligaciones, en la formación de ciudadanos con altos niveles éticos y, sobre todo, afecta al bienestar emocional comunitario.

La necesidad de un sistema jurídico más humano debe ser una prioridad hoy más que nunca; la justicia debe estar al servicio de las personas y ser una aliada de un convivio social saludable, mejorando el clima existente en la relación gobierno-ciudadano.

En este contexto de desilusión por el sistema nació hace casi tres décadas la Justicia Terapéutica con una clara misión: mostrar que la ley puede ser un agente terapéutico (Wexler y Winick, 1996); se declaraba que, junto con sus procedimientos y prácticas legales, se producen efectos psicológicos y emocionales en las personas, muchos de los cuales no son deseados y usualmente no se relacionan con la intención de la norma o procedimiento y, por ende, no deben estar permitidos, deben eliminarse o reducirse; por el contrario, otros efectos, que son potencialmente positivos, deberían ser considerados para restaurar el tránsito jurídico. Un sistema jurídico justo debe ocuparse de crear un clima terapéutico.

A finales de los años ochenta, preocupados por la funcionalidad del derecho en el campo de la salud mental, el Dr. David Wexler y el Dr. Bruce Winick reconocieron que la ley jugaba un papel trascedente en el bienestar de las personas y que podía actuar como generador de consecuencias terapéuticas (y anti-terapéuticas) (Wexler, 1990). Al publicar su libro “Essays in Therapeutic Jurisprudence” (Wexler y Winick, 1991), los autores reconocieron que ese potencial terapéutico no se limitaba a la ley sustantiva, sino que se extendía a los procedimientos legales y a las prácticas legales llevadas a cabo por todos los operadores del derecho. Asimismo, señalaron que la Justicia Terapéutica era aplicable no solo al campo de la salud mental y a la psiquiatría forense, sino que esta nueva perspectiva podría enriquecer a todo el ámbito legal.

Tradicionalmente, la Justicia Terapéutica se ha definido como “el uso de las ciencias sociales para estudiar en qué medida una norma o práctica legal promueve el bienestar psicológico o físico de las personas a las que afecta”. (Slobogin, 1995). Asimismo, se ha dicho que debe entenderse como el “Estudio de los efectos del derecho y los sistemas legales en el comportamiento, emociones y salud mental de las personas; un examen multidisciplinario de cómo el derecho y la salud mental interactúan” (Gamer, 2014).

Por mi parte, he propuesto la siguiente definición:

“Rama del Derecho que estudia las consecuencias positivas y negativas que el Derecho Positivo (Leyes, Reglamentos y demás ordenamientos legales), los procedimientos y las conductas desplegadas por los actores legales pueden causar en el bienestar emocional de las personas” (Osuna, 2008).

Del concepto anterior, es posible advertir que la Justicia Terapéutica distingue tres ámbitos de aplicación, esto es, el estudio del Derecho Positivo, el de los procedimientos legales y el de los roles y conductas de los actores legales (Winick, 2006).

Ciertamente, al investigar y evaluar los contextos sociales, profesionales y políticos en los que se elaboran y aplican las leyes encontramos que la Justicia Terapéutica busca conocer cómo nacen ciertos daños o efectos no deseados y procura la forma de corregirlos. También identifica las experiencias emocionales positivas y pretende maximizarlas en congruencia con los fines perseguidos por el sistema legal (Stobbs, 2020).

En esa tesitura, Wexler distingue entre lo que denomina Diseño Terapéutico de la Ley (TDL) (leyes y procedimientos) y la Aplicación Terapéutica de la Ley (TAL) -prácticas y técnicas utilizadas por los profesionales del derecho- (Wexler, 2015). La anterior diferenciación ayuda a analizar, de manera independiente y acorde a las propias necesidades, aquellas implementaciones que requieren una reforma a la ley (adjetiva o sustantiva) y prácticas terapéuticas que pueden aplicarse a través de la sensibilización y la capacitación, sin necesidad de una reforma.

Sabemos que la intención prioritaria de la Justicia Terapéutica es humanizar el derecho y la justicia; busca acabar con una especie de miopía que parece existir en el sistema legal, donde las consecuencias extralegales son frecuentemente ignoradas y no son consideradas en la toma de decisiones. La Justicia Terapéutica se ocupa de aspectos emocionales y psicológicos que rodean al derecho y a sus procedimientos, sin dejar de lado los principios del derecho como, entre otros, el debido proceso, la legalidad, el derecho de audiencia, la tipicidad y la seguridad jurídica.

Así, podemos decir que la Justicia Terapéutica es una agenda de investigación, una metodología y un movimiento social que se esfuerza por identificar las implicaciones positivas y negativas que tiene la ley, los procedimientos y las prácticas sobre el bienestar de las personas (Wexler, 2019). Sin embargo, su funcionalidad depende en términos casi absolutos de los operadores del derecho, jurisdiccionales o administrativos, de los peritos, de los trabajadores sociales, de los jueces, de los magistrados, de los ministerios públicos, etc.

 

Por ello, para lograr la implementación y expansión de la Justicia Terapéutica en la dimensión que merece y convertirla en un agente dinámico y perpetuo de cambio, considero fundamental transformar la forma y los términos en los que trabajan y razonan los operadores jurídicos, ya que para analizar e identificar si una ley, un procedimiento o una práctica legal, provoca efectos indeseados en el bienestar de las personas, o bien, por el contrario, fomenta emociones positivas que encajan con los fines perseguidos por la norma, es necesario un cambio de mentalidad: pasar de un pensamiento jurídico formalista centrado en el texto de la ley, a lo que denomino pensamiento jurídico terapéutico.

Si entendemos la Justicia Terapéutica como una especie de anteojos que permiten concebir el sistema legal entero desde una perspectiva más amplia e incluyente, reconociendo que la ley, los procedimientos y el actuar de los actores legales impacta en la vida de las personas (Winick, 2009), considero que el operador jurídico, esto es, quien va analizar las consecuencias extralegales de la ley, del procedimiento o de la práctica legal, debe necesariamente realizar un cambio en su actitud frente a las normas y procedimientos.

Así es, el razonamiento jurídico tradicional usualmente descansa en la excesiva importancia que los abogados le otorgan a las leyes y a las normas, vistas como generalizaciones prescriptivas que conectan consecuencias jurídicas a casos, situaciones e individuos descritos de una manera altamente selectiva.[2] Las limitaciones de este tipo de razonamiento resultan evidentes para los estudiosos de la Justicia Terapéutica, ya que el enfoque concentrado exclusivamente en las normas sustantivas y procesales produce una suerte de ceguera parcial, puesto que, frecuentemente, se desconoce todo el entorno provocado por la aplicación de las normas y procedimientos; es más, aun en el caso en que los intérpretes del derecho y sus operadores consideren no solo el texto sino, también, el contexto de su aplicación, usualmente se concentran únicamente en los aspectos ligados al derecho y los fines de la norma y pocas veces prestarán atención a eventos extralegales, ya que, de entrada, no siempre podrán identificarlos y, si los identifican, usualmente consideran que no tienen importancia y que no deben ser tenidos en cuenta para la toma de decisiones, puesto que no es tarea del derecho ocuparse de ellos.

A este respecto, es importante recordar que, desde su inicio, la Justicia Terapéutica no fue creada como una teoría sino como un área de investigación enfocada en el impacto que puede tener el derecho en el bienestar emocional (Wexler, 2011). La Justicia Terapéutica promueve la investigación multidisciplinaria y pretende que los operadores del derecho se acerquen al conocimiento existente en las ciencias sociales y del comportamiento; estas aproximaciones son precisamente las que ayudarán a sensibilizar al operador y lo capacitarán para sumergirse en una reflexión terapéutica permanente.

Un ejemplo de cómo el pensamiento jurídico terapéutico puede implementarse se relaciona con la interpretación de la ley o del procedimiento, la cual, de ser guiada bajo la visión de la Justicia Terapéutica, puede ofrecernos un panorama más óptimo para la toma de decisiones. El razonamiento terapéutico debe entenderse como una reflexión permanente del operador jurídico (en sentido amplio, es decir, incluidos aquellos que no son jueces o abogados, que trabajan dentro o fuera de un Tribunal, etc.). Está reflexión terapéutica constante permite agudizar los sentidos del operador de tal manera que procura estar atento a las consecuencias terapéuticas y antiterapéuticas que con su conducta o comportamiento puede provocar a su alrededor. El operador utilizará una comunicación clara, muy cuidada, respetuosa de la dignidad de las personas que lo rodean y en la que la escucha activa jugará un papel preponderante.

Por escucha activa, debemos entender la práctica de atender a la totalidad del mensaje que se recibe, es decir, prestar atención no sólo a lo que se dice (el contenido) sino también al “cómo se dice”, atendiendo, además, a los elementos no verbales y paraverbales: mirar a los ojos al interlocutor, dedicarle tiempo y, sobre todo, hacerle ver que sus opiniones serán tenidas en cuenta.[3]

La escucha activa, representa además un esfuerzo ético para conocer el sentir y el pensar del interlocutor; según Bodie, Janusik y Valikoski (2008) este tipo de escucha se manifiesta en su forma más pura y menos egocéntrica: se trata de comprender y evaluar a la otra persona.

En lo que se refiere a la interpretación, entendida como el proceso o actividad para descubrir o atribuir significado (alcance, sentido, contenido e implicación) a un precepto o texto legal, con el fin de que pueda ser aplicado a casos concretos, tenemos que existen diferentes métodos de interpretación jurídica (gramatical o literal, sistemática, histórica, teleológica, analógica, entre otros) cuyo propósito es el de desentrañar el verdadero sentido de la norma, de la ley, del reglamento o de las demás disposiciones jurídicas.

Ahora bien, como hemos dicho, si atendemos a la realidad operativa del derecho, nos guste o no, las leyes, procedimientos y prácticas legales ejecutadas por los diversos operadores del derecho producen consecuencias positivas y negativas en el bienestar emocional de diversas personas. Un método de interpretación optimo, al servicio de la Justicia Terapéutica, podría ser el denominado principio pro persona, que consistente en que toda interpretación jurídica debe buscar el mayor beneficio para el ser humano, es decir, que debe acudirse a la norma más amplia o a la interpretación extensiva cuando se trata de derechos protegidos y, por el contrario, a la norma o a la interpretación más restringida cuando se trata de establecer límites a su ejercicio.[4]

Sin embargo, tenemos que el principio pro persona se enfoca en los derechos humanos y su destino pareciera restringirse a los casos judicializados. Por ello, considero que es importante tener en cuenta la utilización de un nuevo método de interpretación, uno terapéutico, el cual debe enfocarse hacia la interpretación que resulte más terapéutica para las personas, es decir, debe asumirse que el legislador no tuvo la intención de causar consecuencias negativas en el bienestar de las personas, o al menos no aquellas que van más allá de los efectos naturales e inherentes a la aplicación estricta de la ley.

Así, el método de interpretación terapéutico podría definirse como un criterio hermenéutico que procura privilegiar, optar, seleccionar, favorecer, tutelar y aplicar la ley, el procedimiento o la práctica legal que cause menos consecuencias negativas (antiterapéuticas) y más positivas (terapéuticas) en el bienestar emocional de las personas. Igualmente, en caso de que una norma admita varias interpretaciones, el intérprete debe inclinarse por aquella que resulte más terapéutica.

Así, es posible empezar a entender la Justicia Terapéutica como una actitud frente a las normas, los procedimientos y las prácticas. Esa actitud o comportamiento terapéutico del operador es lo que representa de manera efectiva un agente transformador. Ciertamente, el sistema judicial, el sistema jurídico completo, debe configurarse como un instrumento para proteger y defender los derechos ciudadanos, pero ello debe abarcar, además, la protección del bienestar emocional de los ciudadanos. Las políticas públicas deben prestar atención a los resultados indeseados que la aplicación de las normas ocasiona frecuentemente; su deber es minimizar los daños y su compromiso debiera ser potencializar e instrumentar todo aquello que beneficie física y mentalmente al ciudadano.

Recordemos que lo que la Justicia Terapéutica busca estudiar no es exclusivamente aquello que sucede cuando hay intereses en conflicto. No se limita a la administración de la ley y su aplicación ciega, sino que presta atención a todo aquello que acontece en los alrededores de la aplicación de las leyes y sus procedimientos.

Una teoría que ha servido como herramienta frecuente en la implementación de la Justicia Terapéutica es la denominada Justicia Procedimental desarrollada por Tom Tyler (2003); esta señala que, cuando las autoridades emplean procedimientos justos, cuando el trato que se proporciona a las personas durante un procedimiento es sensible y adecuado, las personas cooperan con la justicia porque consideran que es lo correcto, esto es, muestran una mayor disposición para cumplir la ley y para aceptar las decisiones de la autoridad (Murphy, Sargeant y Cherney, 2015), generando, además, una mayor confianza en las instituciones (Jackson y Bradford, 2010).

Una correcta capacitación de los operadores jurídicos en materia de justicia procedimental, junto con entrenamiento empático, fomentaría el pensamiento jurídico terapéutico. El operador, en su reflexión y análisis constante de cada evento, ya sea interpretando la ley o aplicándola dentro de sus actuaciones procedimentales o bien en su actuar y comportamiento en general, tendría la oportunidad de compartir normas y valores morales explicando la intención de la ley, logrando con ello que los individuos tiendan a autorregularse en comunión con lo expuesto por la autoridad, mejorando, además, su experiencia para con las autoridades y las instituciones.

En conclusión, el pensamiento jurídico terapéutico tiene cabida en los “viñedos” de la Justicia Terapéutica. Utilizando la analogía de vinos y botellas del Dr. David Wexler, la reflexión terapéutica es el ingrediente más importante tanto del “vino” terapéutico (prácticas) como de las “botellas” (leyes) creadas con perspectiva de Justicia Terapéutica (Wexler, 2014).

Así, el trato que otorguen los servidores y operadores del sistema de justicia a las personas con las que interactúan puede hacer la diferencia, contrarrestando los efectos negativos que el contacto con el sistema judicial puede provocar, no solo en grupos vulnerables sino, también, en la totalidad de los gobernados, tanto en lo individual como en lo colectivo. Por ello, si consideramos que un sistema legal que se precie de justo, de eficaz y de humano debe ser tan terapéutico como sea posible, iniciar un proceso de formación de profesionales con un pensamiento jurídico terapéutico es una necesidad que debe ser recogida en principios y prácticas adecuadas como una de las brújulas que guíen las buenas prácticas y el buen derecho.

Referencias

Bodie, G. D., Janusik, L. A. y Valikoski, T. R. (2008) Priorities of listening research: Four interrelated initiatives. A white paper sponsored by the Research Committee of the International Listening Association. Recuperado de www.listen.org

Gamer, B. A. (2014) Black ?s Law Dictionary (10th. ed.). Nueva York (NY): Thomas Reuters Publication.

Jackson, J. y Bradford B. (2010). What is Trust and Confidence in the police? Policing 4(3), 241-248.

Murphy, K., Sargeant, E. y Cherney, A. (2015) The importance of procedural justice and police performance in shaping intentions to cooperate with the police: Does social identity matter? European Journal of Criminology 12(6), 719-738. https://doi.org/10.1177/1477370815587766

Osuna, L. E. (2008). La Justicia Terapéutica busca un Derecho más Humano. Revista Foro Jurídico. https://forojuridico.mx/la-justicia-terapeutica-busca-derecho-mas-humano/

Slobogin, C. (1995). Therapeutic jurisprudence: Five dilemmas to ponder. Psychology, Public Policy, and Law, 1(1), 193–219. https://doi.org/10.1037/1076-8971.1.1.193

Stobbs, N. (2020) Therapeutic jurisprudence in international and comparative perspective., 1-30. https://doi.org/10.1093/acrefore/9780190264079 Oxford Encyclopedia of Criminology and Criminal Justice.013.663

Tyler, T. R. (2003). Procedural Justice, Legitimacy, and the Effective Rule of Law. Crime and Justice, 30, 283-357. https://doi.org/10.1086/652233

Tyler, T. R. (2006). Why people obey the law. New Jersey, NJ: Princeton University Press.

Wexler, D. B. (1990). Therapeutic jurisprudence: The law as a therapeutic agent. Durham, NC: Carolina Academic Press.

Wexler, D. B., y Winick, B. J. (1991). Essays in therapeutic jurisprudence. Durham, NC: Carolina Academic Press.

Wexler, D. B., y Winick, B. J. (1996). Law in Therapeutic Key: Developments in Therapeutic Jurisprudence. Durham, NC: Carolina Academic Press.

Wexler, D. B. (2011). From Theory to Practice and Back Again in Therapeutic Jurisprudence: Now Comes the Hard Part. Monash University Law Review, 37(1),33-45.

Wexler, D. B. (2014). New wine in new bottles: the need to sketch therapeutic jurisprudence code of proposed criminal processes and practices. Arizona Summit Law Review, 7(3), 463-480.

Wexler, D. B. (2015). Moving forward on mainstreaming therapeutic jurisprudence: an ongoing process to facilitate the therapeutic design and application of the law. En W. Brookbanks (ed.), Therapeutic jurisprudence: New Zealand perspectives. Wellington: Nueva Zelanda: Thomson Reuters. Recuperado de SSRN: https://ssrn.com/abstract=2564613

Wexler, D. B. (2019). The DNA of therapeutic jurisprudence. En N. Stobbs, L. Bartels y M. Vols, (eds.), The methodology and practice of therapeutic jurisprudence (pp. 3-14). Durham, NC: Carolina Academic Press.

Winick, B. J. (2006). Therapeutic jurisprudence: enhancing the relationship between law and psychology. Law and Psychology: Current Legal Issues, 9, 30-48. https://doi.org/10.1093/acprof:oso/9780199211395.003.0003

Winick, B. J. (2009). Foreword: Therapeutic Jurisprudence Perspectives on Dealing with Victims of Crime. Nova Law Review, 33 (3), 535-543.

 

 

Notas

[1] Luis Enrique Osuna Sánchez es Magistrado del Tribunal Federal de Justicia Administrativa, México, y Vicepresidente de la Asociación Iberoamericana de Justicia y Terapéutica. osuna.phd@hotmail.com
[2] Ver: Schauer, F. (1988). Formalism. The Yale Law Journal, 97(4), 509-548; Schauer, F. (1991a). Playing by the Rules. Oxford: Oxford University Press; Schauer, F. (2004). Las reglas en juego: Un examen de la toma de decisiones basadas en reglas en el derecho y en la vida cotidiana. C. Orunesu y J. Rodríguez (trads.). Madrid-Barcelona: Marcial Pons; y Schauer, F. (2013). Pensar como un abogado: Una nueva introducción al razonamiento jurídico. T. Schleider (trad.). Madrid-Barcelona-Buenos Aires-Sao Paulo: Marcial Pons.
[3] Ver Rogers, C., & Farson, R. E. (1979). Active listening. Organizational Psychology, 168-180; y Roberston, K. (2005). Active listening: more than just paying attention. Australian family physician, 34 (12), 1053.
[4] Ver Seminario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Época, Tomo XX, octubre de 2004, página 2385, tesis I.4º.A.441 A, de rubro: “Principio Pro Homine. Su aplicación”; y arts. 29 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y 5 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.